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Matronatación: su primera aventura en el agua

Esta actividad acuática tiene múltiples beneficios para los bebés: desde desarrollar su musculatura hasta aumentar su seguridad

Aunque todos sabemos que la natación es uno de los deportes más completos que podemos practicar, es lógico que surjan dudas sobre la edad adecuada para que los niños comiencen su aventura en la piscina. En especial, si se trata de un bebé.

Tal y como nos detalla el doctor Fernando Baixauli, pediatra del Hospital Vithas Castellón, Vithas Valencia Consuelo y Vithas 9 de octubre, los pequeños pueden empezar mucho antes de lo que nos imaginamos. Entre los 4 y 6 meses, es posible que entren en contacto con el agua gracias a la matronatación. Una actividad acuática que supone un paso previo a la natación, y que los pequeños practican con sus padres y la inestimable ayuda de un monitor.

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Una actividad con múltiples beneficios físicos y emocionales

El objetivo de la matronatación no es que el bebé aprenda a nadar, sino que se acostumbre al medio acuático. Una relación que, lejos de lo que solemos pensar, es innata. Al fin y al cabo, durante los nueve meses de gestación, se han movido en un líquido similar, el líquido amniótico. Así que su relación con el agua “es muy buena” en general, apunta el doctor Baixauli.

Existen muchos motivos para practicar la matronatación, sobre todo, por los beneficios que aporta a los más pequeños:

  • Favorece su desarrollo psicomotriz.
  • Desarrollan la musculatura respiratoria y la caja torácica. “Es muy frecuente que los lactantes que han sufrido una bronquiolitis tengan después hiperreactividad bronquial, pitidos, sibilancias… Para ellos este ejercicio de fisioterapia respiratoria es fundamental”, en palabras del doctor Baixauli.
  • Realizan ejercicios de contrarresistencia pasiva. Cuando mueven el brazo, lo hacen contra la resistencia del agua, sin emplear una fuerza excesiva. Por lo tanto, están ejercitando su musculatura.
  • Adquieren una noción del espacio y aprenden a equilibrar las distancias.
  • Mejora su circulación sanguínea.
  • Les ayuda a relajarse y a dormir bien por la noche.
  • Favorece su sistema digestivo. Al hacer este ejercicio, desarrollan sus abdominales, mejorando así problemas como el estreñimiento o los gases.
  • Facilita que tosan y expulsen las secreciones del invierno.

Y a todo ello se suma el aspecto emocional, ya que gracias a esta actividad:

  • Aumenta su seguridad. Al aprender a flotar, se sienten seguros y pierden el miedo al agua, que se convierte en un medio conocido para ellos.
  • Incrementa la afectividad y el apego con sus padres. Refuerza el vínculo del pequeño con sus progenitores.
  • Estímulo social. En esta actividad, entran en contacto con otros niños de su misma edad (o un poco más mayores), con adultos… por lo que están continuamente interactuando.

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Poco a poco y en las piscinas adecuadas

Gracias a la matronatación, los niños se acostumbrarán al medio acuático poco a poco. Según el doctor Baixauli: “primero, podemos sentarnos con él en el bordillo e ir chapoteando, después jugar con ellos a salpicarnos…”, y así, de manera progresiva, irán haciendo cada vez más ejercicios: sumergirse, patalear en el agua… Con diez meses, incluso serán capaces de bucear unos metros, realizando pequeños trayectos. Por otro lado, la duración de las sesiones irá en aumento: de 20-25 minutos, al principio, a unos 35-40 minutos.

Tampoco debemos olvidarnos de escoger piscinas preparadas para la matronatación, puesto que estas instalaciones presentan las condiciones adecuadas para su práctica. “La concentración de cloro es más baja que en las piscinas normales. De hecho, hay muchas que no tienen cloro, y que realizan la desinfección del agua con sal, ozono… algún elemento que no es irritante”, afirma.

El médico también nos da las siguientes recomendaciones:

  • Elegir un buen horario, que no coincida con su hora de dormir o con la siesta.
  • Que el pequeño presente una condición física adecuada: que no esté resfriado, constipado…
  • No usar gafas, tapones… que su contacto sea lo más natural posible. Si no llevan ningún tipo de protección, podrán lavar sus fosas nasales, el oído, la mucosidad…
  • No preocuparnos en exceso. Es una actividad segura, y aunque los niños puedan tragar un poco de agua o sufrir algún tipo de irritación o malestar digestivo, se trata de un suceso puntual, poco importante.

De esta forma, contribuiremos a que nuestros hijos se inicien en el medio acuático, y más tarde, a los 4-5 años, comiencen a asistir a clases de natación. 

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