Los niños también pueden ser víctimas de la depresión

Cerca del 5% de los niños que viven en países desarrollados sufren de depresión. Los síntomas no siempre coinciden con los de los adultos y es fundamental actuar a tiempo para prevenir riesgos mayores.

Las causas que pueden desarrollar depresión en los pequeños se dividen en 4. La rama biologicista se ha cuestionado durante los últimos años aunque es importante conocerla para que el profesional pueda tenerla en cuenta en su diagnósticos.

Depresión causada por el entorno

Cuando la depresión en los más pequeños se debe al estrés al que están sometidos o a las circunstancias que atraviesan se las relaciona con el entorno. Cuando viven bajo tensión o presiones externas el desarrollo cognitivo del menor se verá afectada. Ante la menor duda, lo mejor es acudir a un profesional para que pueda hacer un estudio correcto y certero de la situación y comience, cuanto antes, el tratamiento adecuado. 

Causas biológicas

Las causas biológicas o hereditarias fueron en una época las más aprobadas por psicólogos y psiquiatras. En la actualidad los expertos hacen hincapié en las demás circunstancias y esta podría ser una más que altere la conducta. Que en la familia haya casos de depresión no significa que esta se herede genéticamente. Deben darse, además, otros factores que permitan su desarrollo. Dentro de esta causa también se encuentran los motivos hormonales, bioquímicos y neuronales.

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Causa estacional

Se la conoce también como un trastorno afectivo de estación. Está asociada a la cantidad de luz solar a la que el niño se expone. Ocurre con más frecuencia en países con inviernos gélidos y pocas horas de luz. Los cambios de estaciones también pueden generar en los adultos esta sensación de tristeza aguda. 

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Causas psicológicas

Entre los motivos psicológicos podemos encontrar situaciones cotidianas como divorcios o separaciones, mudanzas o pérdidas de seres queridos. Es importante detectar esta sensación de tristeza permanente para poder ayudarlo a sobreponerse cuanto antes. La atención profesional es fundamental, porque el dolor de un duelo, mal resuelto o sin resolver, puede producir consecuencias peores.

Los síntomas de la depresión en niños

En muchas ocasiones, los primeros síntomas de la depresión infantil suelen confundirse con otros trastornos como el de la conducta, la ansiedad, la atención o la hiperactividad. También pueden desarrollarse en paralelo, por lo que los gabinetes de psicología escolar son una herramienta eficaz y sencilla de consultar. 

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Para que un profesional diagnostique depresión infantil deben coincidir al menos 4 de los síntomas más frecuentes. Si se presentan de manera aislada u ocasional no significa que el pequeño esté atravesando por una depresión, aunque los únicos que pueden diagnosticarla son los psicólogos y los psiquiatras.

Algunos de los síntomas más frecuentes son:

  • Estado de ánimo irritable o depresivo
  • Aislamiento social, problemas de conducta y de disciplina
  • Autoestima baja, sentimientos de que no vale nada
  • Sentimientos de desesperación, dificultad para concentrarse
  • Llanto frecuente, quejas de dolor físico o malestar, cambios en el peso, crecimiento y peso no apropiados para su edad, cambio en el apetito
  • Trastornos en el sueño, cansancio físico y mental.
  • Conducta dirigida a lastimarse a sí mismo, comentarios sobre la muerte y el suicidio.

Por ser uno de los entornos más frecuentes de los niños, la escuela es uno de los primeros lugares donde se puede detectar. Un bajón en su rendimiento escolar, la falta de motivación o excusas para no asistir a clase puede estar indicando que algo lo está afectando. Cuando un pequeño tiene dificultades para desenvolverse socialmente y esto le produce un aislamiento también podría deberse a un síntoma depresivo o que, si persiste en el tiempo, lleve a una patología más grave. 

Como pasa con los adultos una buena gestión y reconocimiento de las emociones ayuda a prevenir y a detectar depresiones o trastornos en la conducta. Cuanto más amor y comprensión reciba un niño más lejos quedará para él la culpa, la baja autoestima, y los miedos.

Los comportamientos agresivos por parte de los adultos, ya sea entre ellos o hacia el pequeño, sitúan al niño en una situación de vulnerabilidad y rabia tal que erosionan su confianza, respeto y tranquilidad. Procura que los niños no estén en presencia de situaciones violentas.

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