¿Por qué los libros infantiles hablan de monstruos, fantasmas y brujas?

Los nuevos cuentos para niños ya no hablan de princesas y castillos encantados, pero algunos aún conservan esa antigua manera de enseñar a través de seres diferentes.

Durante mucho tiempo, que los textos de niños estuvieran protagonizados por brujas, fantasmas y personajes aterradores no llamaba la atención de nadie. Parecía una forma amena y divertida de enseñarle a los más pequeños el mundo de los adultos.

Existen varias razones por las que estos fueron los personajes más utilizados durante décadas en la literatura infantil, sin embargo, las editoriales ahora apuntan a recursos más pedagógicos y menos agresivos.

Los monstruos representan los miedos infantiles

Una de las excusas por las que estas figuras inundaron la literatura para niños durante años se debe a la manera sencilla con la se las puede asociar con los temores infantiles. El miedo a la oscuridad, a lo desconocido, resultaba más gráfico si se lo identificaba con algo que el niño pudiera vencer. 

El miedo a la oscuridad suele comenzar sobre los 2 años y se extiende hasta los 9. Es justamente el momento de mayor desarrollo imaginativo de los niños, el hecho de no ver, desata sus pensamientos más maravillosos por falta de seguridad. Es algo frecuente que suele desaparecer con el paso de los años. Si los síntomas se agudizan es conveniente consultar con un profesional. 

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Los cuentos infantiles en que los monstruos son vencidos por niños o grupos de amigos, simbolizan el triunfo del bien contra el mal. Es algo que puede ayudar a los pequeños a vencer ciertos temores propios de la edad y a sentir que están capacitados para enfrentarse a ellos, porque siempre se rinden o desvanecen.

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Los seres aterradores enseñan como comportarse

Antiguamente, los cuentos infantiles eran un compendio de las normas y las buenas conductas. La diferencia entre los libros para niños y los de niñas era notable. A nosotras se nos enseñaban referentes femeninos que poco o nada tenían de rebeldes, inteligentes, comprometidas y exitosas. Por el contrario, los personajes femeninos solían estar en casa, cocinar, limpiar y buscar un príncipe con el que casarse. El peligro estaba representado a través de los personajes masculinos: el lobo, el cazador, o el hombre del saco. Solo había lugar para dos personajes femeninos negativos, la bruja y la madrastra. En ambos casos representaban a mujeres que se habían equivocado y no seguían el legado preestablecido. Las niñas de los cuentos aleccionaban a las niñas que los leían: no hables con extraños, no te acerques a desconocidos, que por lo general, siempre eran hombres. Para nosotras los cuentos fueron una manera de enseñarnos a comportarnos. 

Los cuentos para niños, sin embargo, los preparaban para todo lo que podían llegar a ser. Los personajes masculinos de los libros luchaban y ganaban, defendían a las princesas o las buscaban entre aventuras divertidas y heroicas. Montaban a caballo, competían y hasta evolucionaban. El concepto de mujer se asociaba a la indefensión y a la belleza. Las brujas, que solían ser malas, eran también muy, pero muy feas. 

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Los monstruos enseñan en la diversidad y la aceptación

Los monstruos de los cuentos actuales son simpáticos, vulnerables, tienen miedos y desconocen muchas cosas. La maldad no es una de sus características y tampoco la violencia los represente. Los cuentos infantiles se llenan nuevamente de monstruos para explicar y enseñar en la diversidad, la tolerancia y el respeto. Son seres diferentes que buscan su espacio y que resultan tan queribles que no representan ningún temor. 

Los niños se identifican con ellos porque se sienten vulnerables y con la necesidad de ser aceptados y comprendidos. Algunos ayudan a detectar las emociones, algunos reflejan comportamientos equivocados y otros aprovechan su forma y su colorido para divertir con ocurrencias originales que arrancan las sonrisas de los más pequeños. 

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