Cuentos infantiles

Celia y Mafalda, las niñas rebeldes de la literatura infantil

Forman parte de los textos infantiles imprescindibles del siglo XX , las leemos como si no hubieran pasado los años y nos provocan las mismas sonrisas que a los niños.

Ambas son divertidas, ingeniosas y captan la atención de niños y adultos. Pasaron épocas de esplendor donde no había una casa en la que no hubiese un cuento de Celia y una viñeta de Mafalda. 

Personajes inquietos, por momentos irreverentes, que encariñan al lector, sea cual sea su edad, con un humor que combina la inteligencia y la inocencia a partes iguales.

Celia la niña que rompe con el modelo educativo de la época

Elena Fortún, autora de Celia, comenzó a escribir las aventuras de esta pequeña en 1928. Una niña especial, que a su manera, cuestiona la moral y educación de la época. Lo hace  acorde a su edad, algo que le permite jugar con las interpretaciones y las palabras mal comprendidas. 

Fortún no dudó en hacer evolucionar a su personaje más conocido. Celia seguía siendo una niña, pero la época en la que vivía no podía permanecer ajena a sus percepciones. No dejó nunca de ser esa pequeña inquieta y curiosa que se revelaba contra los modelos educativos previos a la Guerra Civil.  

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Una de las características de Celia que más atraen es la búsqueda, por parte del personaje, de nuevos modelos de referencia. La educación es la manera de romper aquellos estereotipos sociales que empezaban a decaer, especialmente los femeninos. 

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Mafalda la pequeña cuestionadora

El humorista gráfico Quino comenzó a escribir las historias de Mafalda en 1964, al igual que Fortún, los primeras viñetas fueron publicadas en revistas de tirada nacional. Mafalda, como Celia, es inteligente y cuestionadora. Se interesa por la política mundial y los derechos humanos de una manera adulta pero con la frescura de la niñez. 

Mafalda es tan autónoma como Celia, sin embargo, es difícil hablar de ella sin mencionar a sus amigos. Cada uno de ellos era el fiel reflejo de un modelo estereotipado de personalidad. Susanita, Miguelito, Manolito y Guille son solo algunos de los personajes que, aunque lejos de la espontaneidad de la protagonista, ayudaban a construir un mundo literario en que la realidad podía ser modificada en apenas segundos. 

Términos como Organización de las Naciones Unidas (ONU) o Fondo Monetario Internacional (FMI) se colaban en conversaciones inocentes cargadas de un trasfondo de denuncia social.

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El humor en los cuentos infantiles

Es una herramienta muy utilizada porque produce un acercamiento entre los niños y la historia. Es un recurso que nos permite, recrear situaciones inimaginables, produce sorpresa y estimula la imaginación. Como lectores debemos recurrir a nuestra inventiva para recrear esa realidad de la que se habla y nos produce tanta gracia.

El humor ha sido siempre un factor importante en los libros infantiles, especialmente en los que están dirigidos a niños entre 9 y 11 años. Celia y Mafalda fueron las precursoras en recrear historias divertidas para los más pequeños que cobran valor con la interpretación adulta. La ironía es muy difícil de comprender hasta cierta edad. Comienza a estar presente en algunos libros para adolescentes porque requiere de una interpretación más avanzada y de cierta información general. 

¿Por qué siguen vigentes Celia y Mafalda?

Celia y Mafalda se llevaban casi 20 años de diferencia, viven en continentes distintos y sus familias no se asemejan mucho, sin embargo, ambas atraviesan golpes de Estado y momentos decisivos en la historia mundial.

Las niñas aman leer y aprender, valores que perdurarán en el tiempo. Las dos denunciaban, de manera infantil, las injusticias sociales y el abuso de poder. Eran dueñas de una transgresión prácticamente innata que lejos de producir rechazo en el lector lo mantenía entretenido.

Celia y Mafalda  identifican a los niños con sus travesuras y a los adultos con sus cuestionamientos a la realidad. Sus autores dieron con la clave para contar historias eludiendo la censura y apelando al humor como recurso para afrontar la realidad.

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