Embarazo

Estos son los miedos más comunes de las mamás primerizas

Cuando afrontamos un primer embarazo se está abriendo en nuestra vida un capítulo inédito e insólito lleno de emociones, temores y deseos.

Los hijos se acaban convirtiendo en la motivación principal y más importante de nuestra vida, pero también en el motivo de preocupación más profundo, y lo hacen desde el mismo momento en el que descubrimos el embarazo y arranca el periodo de gestación.

De forma general, los miedos son comunes a todas las madres. Sin embargo, las madres primerizas sufren de forma habitual un tipo de temores más relacionados con la propia incertidumbre de todo el proceso, y las que ya han pasado por esta experiencia disfrutan por tanto de una gestación algo más afianzada bajo su experiencia anterior.

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Que todo salga bien

En resumen, todos los miedos que sufre una mujer embarazada durante todo este proceso se podrían meter en un gran conjunto con el nombre “que todo salga bien”. Por esta razón, toda fase que denote un posible punto de crisis, dificultad o riesgo, significa para la mujer embarazada una preocupación de alto alcance. En concreto, durante el primer trimestre del embarazo, este temor está basado, entre otras cosas, en la posibilidad de aborto, en que la salud del embrión peligre, o en que pueda tener algún tipo de malformación grave.

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La parte positiva es que una vez que un miedo se ha superado, desaparece, y nuestra mente es capaz de pasar página. Bien sea porque se ha comprobado que el temor en concreto no está fundado, o porque ya se ha vivido esta experiencia en un embarazo anterior. Una vez que se siente positivamente que lo normal en la mayoría de embarazos es no experimentar graves problemas, los mecanismos de nuestras emociones pasan página.

Por esta razón es muy importante rodearnos de relatos positivos, no haciendo especial hincapié en aquellas experiencias negativas que nos han contado, a veces de terceras o cuartas personas.

Las emociones a flor de piel

Los cambios de humor que sufren la embarazada por los cambios hormonales, especialmente durante el primer trimestre, son también los causantes de un mayor influjo de los miedos, que se magnifican y sobredimensionan.

De alguna forma, es un mecanismo que masifica la atención y pone énfasis en que todo salga bien. Sin embargo, puede hacernos pasar momento de un estrés injustificado y generar disensiones e incomodidades con la pareja.

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Un ciclo en continuo conocimiento

El viaje del embarazo tiene un puerto nuevo a cada semana. Durante los nueve meses se afrontar etapas y situaciones que van pegadas a pruebas médicas y evoluciones importantes del feto. Por este motivo, cada semana se generan nuevos hitos relacionados con el desarrollo del embrión, y que pueden desencadenar en temores por parte de la embarazada.

Durante el primer trimestre, en la semana 12, se realiza la ecografía del pliegue nucal, que es una de las pruebas más relevantes para identificar la posibilidad de sufrir un aborto espontáneo. Según se acerca esta prueba se acrecientan los miedos. Sin embargo, cuando se pasa esta fase podemos disfrutar de cierta relajación temporal ante los temores más habituales.

Una vez dejado atrás el primer trimestre, aflora en la embarazada durante el segundo trimestre la sensación de control. La embarazada comienza a acostumbrarse a esta sensación de cambio contínuo y se atraviesan con mayor soltura las nuevas fases y etapas. Sin embargo, la ecografía de la semana 20 es una de las fronteras a superar más relevantes: en ella se dispondrá de información muy importante, entre la que destaca el sexo del bebé y su estado de salud general. Pasada esta prueba los miedos a malformaciones comienzan a superarse, pues la mayoría de los órganos ya están formados.

Finalmente, los miedos de tercer trimestre están más relacionados con el momento del parto, que significa una frontera física, logística y emocional. Dar a luz es un trance en sí mismo, y todas las cuestiones médicas comienzan a cobrar un valor muy intenso según se acerca el momento: las decisiones a tomar, las posibles complicaciones y los temores más primarios a no se capaces de afrontarlo. Sin embargo, el momento de tener al bebé en los brazos, piel con piel, acaba por hacer de todos estos temores un suspiro del pasado.

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