Cómo trabajar la confianza con tus hijos adolescentes

La adolescencia es una etapa complicada, tanto para los padres como para los hijos, en la que pueden surgir problemas de comunicación que está en nuestra mano resolver.

A medida que nuestros hijos crecen y se acercan a la adolescencia, las conversaciones distendidas y en confianza que habíamos mantenido con ellos pueden empezar a parecer una cosa del pasado. Las dificultades que presentan los hijos adolescentes para comunicarse dentro del entorno familiar, y en especial con los padres, es una de las principales motivos de preocupación durante esta etapa para los progenitores.

La adolescencia es una etapa crucial en el desarrollo de nuestros hijos, en la que todo ocurre a gran velocidad: los cambios en su cuerpo, la posibilidad de vivir experiencias cada vez más emocionantes se unen a la necesidad de poner a prueba de manera constante los límites en el entorno de la familia, cuestionando constantemente la autoridad de los padres.

Como progenitores, se nos complica intervenir en las nuevas decisiones que han de tomar en su vida y que son de gran importancia para su desarrollo como personas. Temas como los estudios, los amigos, y muy especialmente la sexualidad y el abuso de sustancias, son los que van a tener que afrontar en un momento en el que su carácter y sus emociones se muestran frágiles y vulnerables frente al estímulo. Y, obviamente, nuestro deseo es permanecer cerca para acompañarles en el camino todo lo que sea posible. Pero, ¿cómo hablar con ellos cuando parece que se ha levantado un muro que nos impide la comunicación?

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No desesperes, es natural que se comporten así

Es cierto que no todos los casos son iguales, y es posible que observes con envidia cómo algunos de tus amigos hablan sin aparentes problemas de comunicación con sus hijos adolescente. Pero lo cierto es que esto no es lo más habitual, y esta etapa se caracteriza, entre otras cosas, porque los jóvenes dan más valor a cualquier conversación mantenida con un igual que con sus progenitores. 

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Aún así, esto no es más que una apariencia, porque, aunque no lo demuestren, contar con el apoyo y el amor de sus padres sigue siendo el pilar de cualquier hijo, sea o no adolescente. Y nuestra función en este momento crucial es hacerles saber que estamos ahí para lo que necesiten, y que cuentan con nuestro amor incondicional en todo momento. Incluso cuando se equivoquen (que será unas cuantas veces).

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Hay formas de derribar el muro

O, al menos, de reducir su altura. En lugar de recalcar la falta de comunicación y reprocharle que ya no habla contigo como antes, pasa a la acción en positivo y pregúntale con sinceridad por cómo le ha ido el día, o proponle con entusiasmo algún plan en común que creas que le puede interesar. Es posible que a cambio recibas contestaciones escurridizas y alguna que otra negativa, y habrás de respetarlo. 

Pero por cada vez que muestres interés por lo que hace, lo que piensa y lo que siente, estarás quitando un ladrillo al muro que os separa. Eso sí, ha de ser un interés sincero, porque si solo lo haces por cumplir expediente lo detectará a toda velocidad y esos ladrillos seguirán ahí.

Cuando consigas establecer una comunicación con él, déjale claro que cuenta con tu confianza, porque la necesita para sentirse seguro a la hora de tomar sus propias decisiones (que en esta etapa son muchas).  Valida sus sentimientos, no abandones los límites (son más necesarios que nunca), refuerza su autoestima y encuentra tiempo para que hagáis cosas juntos, incluyendo las horas de las comidas. La familia y el hogar son sus máximos referentes y, aunque no lo parezca, no lo ha olvidado por completo.

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