Cómo controlar los cambios de humor durante el embarazo

La 'revolución' hormonal que vive nuestro cuerpo durante esta etapa afecta también a los neurotransmisores, y esto desencadena un cambio de humor con altibajos en forma de pico, es decir, que nos sacuden sin avisar y con toda la intensidad.

El embarazo y los cambios de humor parece que van cogidos de la mano en esa etapa tan especial de tu vida en la que se supone que deberías sentirte emocionada y feliz. Pero los cambios hormonales por los que se atraviesa durante el embarazo afectan a los neurotransmisores, y esto desencadena un cambio de humor con altibajos en forma de pico, es decir, que nos sacuden sin avisar y con toda la intensidad. Algunos de estos cambios son una bajada de ánimo total, y en otras ocasiones se basan en un humor muy irascible, que puede desencadenar en fuertes discusiones cuando no es canalizado adecuadamente.

Esta fase suele darse entre la semana 6 y la 10 del embarazo, y a partir del segundo trimestre comienza a remitir, y lo hará de forma gradual hasta ir desapareciendo completamente a medida que se acerque el alumbramiento.

Si ya de por sí el embarazo es un periodo en el que reinan las inseguridades, los temores, los momentos de alegría plena que se mezclan con sensación de ansiedad y estrés, si además nuestras hormonas nos juegan una mala pasada y alteran nuestras emociones puede que vivamos situaciones de incomunicación, tristeza y frustración añadida que no te ayuden a afrontar un momento de gran responsabilidad y esfuerzo.

Haz de tu pareja el principal apoyo

Aprovecha este impulso para comunicarte más y mejor con tu pareja, no permitas que la incomunicación os juegue una mala pasada, pues cuanto menos comprendida y apoyada te sientas más duro será afrontar estos cambios de humor. Si estáis sincronizados y comprendéis cómo funciona esta etapa, estaréis dotados de la empatía suficiente para salir de los momentos de crisis que generan unos estados de humor que resultan arbitrarios y que no atienden a cuestiones externas, sino a los cambios hormonales de tu organismo

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Encontrar esa complicidad en tu pareja ayudará a evitar la percepción de que tu pareja se desentiende de tus cambios de humor, o que no es cuidadoso con estas situaciones. Dado que estos cambios no atienden a razones que podamos entender y controlar, constituyen un sabotaje continuo a vuestra comunicación. Por eso, entendiendo que pueden producirse y adelantándoos a esta situación, fortalecer la comunicación y los vínculos afectivos de la pareja es vital.

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Busca refuerzos positivos

Si en tu vida habitual a veces te das una alegría con pequeñas cosas que te hacen sentir bien, como ir de compras o regalarte un masaje, ¿cómo no vas a hacerlo ahora que estás embarazada? Piensa en cosas que te puedan subir el ánimo y guarda esas ideas como un antídoto contra los momentos de bajón.

Cuando se presentan los cambios de humor, lo hacen con un pico, por sorpresa y de forma contundente. Teniendo a mano estos cheques en blanco del buen humor, es tan fácil como poner en marcha el plan de ataque. Puedes tener a mano un abanico de cuestiones que te hagan reiniciar tu estado de ánimo, y no todas tienen porqué tener una raíz consumista. Queda con una buena amiga que te haga ilusión volver a ver pero a la que nunca tienes tiempo de ver, hazte un maratón de series que hace mucho tiempo que pretendes ver, o da un paseo por una zona de la ciudad que te evoque buenos recuerdos y a la que no sueles ir porque el trajín diario no te lo permite.

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Expresa tus sentimientos

Hablar es poner nombre a aquello que pensamos. Cuando nos guardamos nuestros sentimientos estos se agolpan en nuestra cabeza y en momentos de mal humor son un caldo de cultivo para entrar en bucle. Por eso, apoyándonos en ese concepto del yoga que dice que la mente es un camino de un solo carril, debemos primero centrar nuestra atención en qué sentimos y después expresarlo. Al hablar le ponemos nombre y construimos una argumento que sirve para desquitarnos, entendernos y neutralizar aquello que nos preocupa o nos hiere.

Hablando de lo que sentimos, desmontamos la posibilidad de que crezca únicamente en la cabeza, y una vez fuera, puede que relativicemos de forma más fácil aquello que nos preocupa o nos hiere. Al hablar nos deshagamos, y puede fluir el humor y entrar en acción la relatividad de que hay cosas que nos molestan, pero que tal vez no son ni tan importantes ni tan consistentes.

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