Haz que tus hijos duerman felices con estos cuentos cortos

Para que tengan un sueño reparador, hay que establecer una buena rutina, como irse a dormir a la misma hora y tener un período de tranquilidad unas horas antes, evitando la televisión y los vídeojuegos, lo que les ayudará a conciliar mejor el sueño

Dormir bien es indisponible para el buen desarrollo de los niños. De hecho, la hormona del crecimiento se libera en mayores cantidades durante las primeras horas del sueño. Un sueño reparador es necesario para que asimilen lo aprendido durante su jornada, para que recuperen la energía y para el desarrollo  físico y mental.

La hora de ir dormir de los niños es unos de los momentos más críticos del día, pues suelen resistirse. Para que tengan un sueño reparador, hay que establecer una buena rutina, como irse a dormir a la misma hora y tener un período de tranquilidad unas horas antes, evitando la televisión y los vídeojuegos, lo que les ayudará a conciliar mejor el sueño.

Los cuentos son una herramienta muy útil para conseguir que tu hijo se duerma más fácilmente, por ello te proponemos 2 cuentos cortos perfectos para que tus se duerman más felices.

Cuento “El concurso que no había forma de perder” del autor Pedro Pablo Sacristán

En un antiguo reino debían elegir nuevos reyes siguiendo la tradición. Cada pareja de jóvenes cultivaría durante un año el mayor jardín de amor a partir de una única semilla mágica. No se trataba solo de un concurso, pues de aquel jardín surgirían toda la magia y la fortuna de su reinado.

Hacer brotar una única flor ya era algo muy difícil; los jóvenes debían estar verdaderamente enamorados y poner mucho tiempo y dedicación. Las flores de amor crecían rápido, pero también podían perderse en un descuido. Sin embargo, en aquella ocasión, desde el primer momento una pareja destacó por lo rápido que crecía su jardín, y el aroma de sus mágicas flores inundó todo el valle.

Milo y Nika, a pesar de ser unos sencillos granjeros, eran el orgullo de todos. Guapos, alegres, trabajadores y muy enamorados, nadie dudaba de que serían unos reyes excelentes. Tanto, que comenzaron a tratarlos como si ya lo fueran.

Entonces Milo descubrió en los ojos de Nika que ese trato tan majestuoso no le gustaba nada. Sabía que la joven no le pediría que renunciara a ser rey, pero él prefería la felicidad de Nika, y resolvió salir cada noche en secreto para cortar algunas flores. Así reduciría el tamaño del jardín y terminarían perdiendo el concurso. Lo hizo varias noches pero, como apenas se notaba, cada noche tenía que comenzar más temprano y cortar más rápido.

La noche antes de cumplirse el plazo Milo salió temprano, decidido a cortar todas las flores. Pero no pudo hacerlo. Cuando llevaba poco más de la mitad descubrió que alguien más estaba cortando sus flores. Al acercarse descubrió que era Nika, quien llevaba días haciendo lo mismo, sabiendo que Milo sería más feliz con una vida más sencilla. Se abrazaron largamente, y juntos terminaron de cortar las flores restantes, renunciando a ser reyes para siempre. Con la última flor, Milo adornó el pelo de Nika. Casi amanecía cuando, agotados pero felices, se quedaron dormidos, abrazados en medio de su deshecho jardín.

Despertaron entre los gritos y aplausos de la gente, rodeados del jardín más grande que habían visto jamás, surgido cuando aquella última flor rozó el suelo, porque nada hacía florecer con más fuerza aquellas flores mágicas que el amor generoso y sacrificado. Y, aunque no consiguieron renunciar al trono, sí pudieron llevar una vida sencilla y tranquila, pues la abundancia de flores mágicas hizo del suyo el reinado más próspero y feliz.

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Cuento “La felicidad”

Luis acudió donde su padre para que le ayudase a resolver algo que no comprendía.

-Papá, ¿Qué es la felicidad?

-¿Por qué lo quieres saber, Luis?

-Hoy en clase la profe nos lo ha preguntado y nadie lo sabía.

-Pues, si te digo la verdad, poca gente sabe lo que es.

-Entonces, ¿qué le voy a contestar?

-Es un concepto complicado, pero intentaré explicártelo brevemente. Imagínate que los Reyes Magos te regalan un coche de juguete que te encanta.

-Eso estaría bien.

-Sí, desde luego. Para los niños, eso es la felicidad. Tener las cosas que quieres. Pero cuando te haces mayor, entiendes que la felicidad no es sólo eso. Es mucho más. Y es verdad, si te regalan un coche serás feliz, pero hay otro tipo de felicidad.

-¿Hay dos tipos o qué?

-No, no es así. Para mí la felicidad es verte contento cada día y ver cómo creces. A mí me vale con eso. Han pasado años y años, y el hombre aún no ha encontrado una buena definición para la felicidad, ni siquiera en un diccionario.

-¿Tú te sabes una buena definición?

-No. Cada uno interpreta la felicidad a su manera. Yo quiero que tú la vivas.

-Ojalá.

-Sí, pero para llegar a ella, primero tendrás que pasar por cuestas duras.

-¿Qué tipo de cuestas?

-Cuestas difíciles, peligrosas. Por momentos notarás que no puede más, pero seguro que lo consigues, Luis.

-Entonces, ¿qué le digo a la profe sobre la felicidad?

-Puedes decirle que la felicidad no se puede describir, sólo se entiende al vivirla.

-¿Crees que le valdrá?

-Eso depende de tu voz, Luis.

-Los que son felices tienen lo que quieren.

-Algunos igual sí, pero seguro que muchos han tenido que trabajar duro para lograr ser feliz.

-Gracias, papá.

-De nada, y recuerda, la felicidad no se define, se vive.

El pequeño Luis sonrió, por fin entendía lo que era la felicidad, y estaba seguro de querer probarla. A pesar de ello, no se dio cuenta de que en ese momento ya la estaba viviendo al haberla descubierto.

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