Aprende a componer canciones infantiles junto a tus hijos

La música entra a formar parte de nuestra vida desde bien pequeños. Incluso, en ocasiones, desde el vientre de la madre, los bebés ya se escuchan diferentes melodías. Si estás interesado en este tema, te animamos a que estimules la creatividad de tus hijos creando canciones con ellos.

Los beneficios de la música en los niños son ya indiscutibles. Es una forma de expresión que no solo garantiza un buen rato, sino que, además, contribuye a estimular diversas habilidades como la memoria, la concentración, el lenguaje e, incluso, la sociabilidad. Quizá por ello, las canciones infantiles permanecen en nuestra cabeza durante toda nuestra vida.

De abuelos a padres y de padres a hijos, canciones tradicionales y populares se han propagado de generación en generación. Pero, una vez los chiquillos han alcanzado cierta edad, podemos dar un paso más allá y atrevernos a crear junto a ellos nuevas composiciones. A primera vista parece algo muy complicado pero no tiene por qué.

Consejos para componer canciones infantiles

Lo primero, no hay que agobiarse. Nuestro objetivo no es emular a Bob Dylan. Las canciones infantiles se caracterizan, sobre todo, por un factor ineludible: la sencillez. Tanto en la melodía como en la letra, las composiciones son simples y breves, nada complejas. Algunas no exceden los cuatro versos.

Igual que un aspirante a escritor ha de leer mucho antes de ponerse a escribir, es necesario escuchar música infantil antes de jugar a crearla. Normalmente, ya conoceremos de sobra los temas infantiles tradicionales, de cuyo análisis podemos sacar pautas que nos ayuden en nuestra composición.

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El primer paso a la hora de componer debería ser elegir el tema de la canción. Existen para ello numerosas fuentes de inspiración: las historias que contamos a nuestro hijo, los personajes de libros, películas o series, la mascota del hogar o los juegos que le regalamos, entre otros.

Si el asunto escogido es un personaje de ficción, la letra de la canción podría versar sobre las características de este personaje: cómo va vestido, cómo es (gruñón, divertido, perezoso…), qué hace… Con estos datos, se escribe la canción de forma simple pero que, a la vez, anime al niño a enriquecer su vocabulario con nuevos nombres, verbos y adjetivos.

Cuando la canción vaya a ser larga y tenga tanto estrofas como estribillo, es mejor empezar primero a escribir éste último. A lo mejor, funciona perfectamente por sí mismo y no hay que empeñarse en seguir. Llegaría luego el momento más difícil, la melodía.

Encontrando la música perfecta para nuestra letra

A la hora de componer, si no se posee un conocimiento musical medio que nos permita entender las armonías y cómo combinarlas, es preferible inspirarse en las melodías que ya existen. Podemos tomar el sonido de canciones como “Duérmete niño” o “Susanita tiene un ratón” y cambiar la letra a nuestro antojo.

También podemos echar mano de la tecnología. Existen hoy en día aplicaciones para los dispositivos móviles que nos ayudan a crear nuevos sonidos. Es el caso de “Loopy Tunes”, una aplicación totalmente pensada para los niños con la que, a partir de ciertas melodías predeterminadas, podemos combinar o superponer sonidos.

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