Está comprobado, los efectos de la música en bebés favorece su desarrollo, estimula su lenguaje y, les ayuda en sus capacidades cognitivas. Además, cuando se acerca la hora de dormir, una melodía relajante puede ser la mejor manera de preparar al bebé para una noche de descanso sin interrupciones. No esperes a que cumpla un año, casi desde su nacimiento, cuando veas que es capaz de abrir bien los ojos, prueba a cantarle de forma suave alguna canción infantil. Verás cómo mantiene la atención, sobre todo si acompañas las notas con algún gesto de mímica. De esta forma estarás ejerciendo una influencia positiva en varias regiones de su cerebro que más adelante facilitarán al bebé expresar sus sentimientos, sensaciones, estados de ánimo e incluso temores. Conforme vaya creciendo, las canciones también sufrirán variaciones. Notarás cómo tu bebé demanda otra clase de ritmo (más animado) e incluso que subas el volumen. Las palmadas, los ruidos estridentes, las notas cambiantes… ¡Le encantará! Lo ideal es que tenga cerca instrumentos musicales que él mimo pueda tocar para crear su propia melodía.

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La música, el mejor estímuloVER GALERÍA

Jugar con música

Según varios estudios, jugar mientras suena una canción o música infantil, estimula la concentración y la atención del niño y ayuda a crear nuevas conexiones neuronales, aumentando así su capacidad de aprendizaje. No tienen por qué ser siempre los mismos ritmos, puedes improvisar y ponerle a tu cantante o grupo favorito, ¡incluso si es de rock! Lo importante es que el niño participe, de palmas y forme parte del juego, aunque pierda el compás. Síguele e imítale, no solo para divertirse sino para crecer y desarrollarse.

El "Efecto Mozart"

En 1993, un grupo de estudiantes de la Universidad de California, logró aumentar sus puntuaciones en las pruebas de habilidades visuales-espaciales y cognitivas en general además de un incremento transitorio del cociente intelectual. Lo consiguieron escuchando durante 10 minutos una sonata de Mozart, como parte de un estudio al que fueron sometidos. A través de este experimento surgió el “Efecto Mozart” que aseguraba que la actividad musical activaba varias áreas cerebrales. Y es que la melodía de este compositor con respecto a la de otros posee unas propiedades distintivas: sonidos puros, precisos, altamente armónicos, además de la métrica, el tono, el timbre y las frecuencias de su música que parece que estimulan el cerebro humano, activando las neuronas. Pero no toda la música de Mozart produce estos efectos: según los investigadores, la que consigue mayor incidencia a nivel cognitivo es la que posee frecuencia alta, como la Sonata para Dos Pianos en Re Mayor o los Conciertos para Violín 3 y 4. A lo largo de los años, varios científicos repitieron el estudio y comprobaron que los efectos eran reales, aunque durante un tiempo determinado. También se probó con niños y, sorprendentemente, los beneficios eran más duraderos. Así que no hay mejor manera para incentivar su inteligencia que poner a Mozart, el beneficio será para toda la familia.

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