—Pero, ¿nunca llegásteis a decir, por ejemplo,«nos casamos»?
—Nunca. Nosotros somos pájaros libres. Personalmente, lo del matrimonio no va conmigo.
—En eso sí que parece que coincides con él: todo hace indicar que a José Coronado tampoco le va la idea de casarse.
—Yo lo que digo es que conmigo esa idea no va.
—Pero habiendo una hija de por medio...
—Creo que hacer las cosas porque te obligue un papel es bastante triste.
—Estás hablando, en el fondo, de un mundo ideal, tú, que nos acabas de decir que no existen hombres ideales. Si éstos —tampoco hay mujeres ideales— no existen y el mundo está formado por ellos, ¿cómo va a haber un mundo ideal?
—De acuerdo. Pero una no puede evitar soñar. La vida es así.
—Entonces es que eres una soñadora.
—Me gusta soñar, pero la verdad es que, aunque parezca un contrasentido, soy bastante realista.
—En otro orden de cosas, vosotros no tenéis la disculpa de decir «es que la convivencia, el vivir bajo el mismo techo,es duro».
—Ya lo sé. Pero a lo mejor también puede influir eso —el no haber vivido bajo el mismo techo— en que las cosas se acaben. De pronto, una pue- de necesitar algo más y el otro no está dispuesto a ofrecértelo porque él no lo considera necesario o porque cree que es suficiente seguir como está. Entonces, si tú necesitas más y la otra persona no te lo puede ofrecer, pues las cosas se acaban rompiendo. Lo que no quiero con todo esto es que parezca que entre nosotros dos ha habido algo turbio. No es así. No fue así. A veces las cosas en la vida son sencillas, no torcidas. Tan sencillas...como que se acaban sin poder explicártelo. Y es que, por otra parte, muchas veces tampoco te explicas muy bien cómo y porqué han comenzado. Para ser más clara: creo que esta relación solamente la entendemos él y yo. Y por otra parte, es difícil de explicar.
—¿No ha habido ninguna mujer (en el caso de él) ni ningún hombre (en tu caso) de por medio?
—No ha habido nada de eso. Ni lo ha habido en los dos años y medio que duró nuestra relación (por más que durante algún tiempo hayan surgido habladurías en ese sentido). Es más, nosotros no hemos tenido ni un momento de crisis en nuestra relación.
—Mónica, ¿sabes que a partir de ahora algunos empezarán a decir que has sido una más de la lista?
—Me da exactamente igual lo que piense la gente. Yo sé que amé y he sido amada, y que los dos tenemos lo más bonito del mundo: nuestra hija, Candela.
—Pero la lista existe.
Mónica se echa a reír. Después, con mucho humor,comenta:
—Espero no ser una más de esa lista.
—Tú no ignoras que José Coronado tiene fama de conquistador.
—Evidentemente, es un hombre muy guapo, y así,es fácil gustar a las mujeres y que éstas se acerquen a él. Es normal.

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