—Mónica,¿se puede decir que aquí nadie dejó a nadie?
—Nadie ha dejado a nadie.
—Pero ha tenido que haber diferencias: una cosa, antes de romperse, se resquebraja.
—Evidentemente, cuando uno toma una decisión de este tipo es porque algo pasa. Las cosas no son gratuitas. Existió ese distanciamiento y su consecuencia es lo que hay hoy: la ruptura definitiva.
—No vivíais bajo el mismo techo. Por tanto, nadie se fue de la casa del otro, nadie tuvo que recoger sus bártulos y marcharse.
—Nunca hemos vivido establemente bajo el mismo techo. Hemos conservado los dos nuestras respectivas casas. Y lo hicimos así porque, desde el principio, tuvimos muy claro que queríamos conservar nuestra independencia. Por eso, cada uno vivió en su hogar. En ese sentido, nuestra relación fue siempre nítida.
—¿Mantener esa independencia en cuanto al techo incluía también que cada uno tuviera su independencia sentimental en lo que se refiere, por ejemplo, a la fidelidad?
—En absoluto. Lo que está claro es que, independientemente de que cada uno tuviera su casa, eso no quería decir, ni implicaba, que cada uno hiciera lo que le pareciera. Ni era sí, ni se trataba de eso ni por eso. Nosotros, durante los dos años y medio que duró nuestra relación, hemos sido absolutamente respetuosos el uno con el otro. Y en cierto sentido, lo seguimos siendo.
—Pero, a partir de ahora, cada uno puede o podrá tener la relación sentimental que quiera o que pueda surgirle, ¿no?
—Efectivamente. De hecho, quizá uno de los motivos de esta entrevista sea aclarar que, a partir de ahora, cada uno es libre para tener su vida.
Otro de los motivos es que odio los cotilleos y los dimes y diretes generalizados de quienes opinan sobre tu vida sin haber hablado contigo. Nunca me he prestado a hacer una entrevista. Esta es la primera que concedo respecto a este asunto. Y creo que será la última. Y lo único que pretendo con esto es aclarar que, entre nosotros, la única diferencia con el pasado es que ya no somos pareja: nuestra relación se terminó. Pero nuestra amistad sigue intacta porque, repito, ha habido mucho amor y mucho respeto por ambas partes. Y eso sigue estando ahí.
—Lo que sucede es que, aunque no hayáis sido pareja «con papeles», a partir de ahora tal vez tendréis que tener algún acuerdo, algún papel, con respecto a vuestra hija. Ya sabes: régimen de visitas, alimentos... Fallos en ese sentido puede haberlos en las mejores familias y en las mejores parejas también.
—Eso no va a fallar nunca. Y lo otro —un papel, un acuerdo firmado y legalizado— entre nosotros no existe ni va a existir porque no hace falta. Estamos por encima de todas esas cosas. Nada más lejos de nosotros que un acuerdo de ese tipo. Nosotros sabemos muy bien lo que hay entre los dos. Y lo repito una vez más: hay mucho cariño y no hacen falta papeles ni nada.

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