by Laura Alesanco

Al igual que sucede en Italia, los japoneses presumen de un estilo de vida slow, por el que han sabido combinar a la perfección sus tradiciones y rituales más antiguos con el deseo de ser lo más eficientes posible gracias a la ayuda de las nuevas tecnologías. Una forma de pensar que les ha llevado a ser los creadores de algunas de las tendencias en decoración más imitadas internacionalmente, el wabi-sabi y el japandi, que han llegado directos desde Japón para enseñarte a crear un hogar cálido, acogedor y libre de estrés. Pero eso no es todo lo que tiene que ofrecer la cultura nipona. Siguiendo el hilo de la corriente sostenible y ecológica que defiende el movimiento living, nace el Mottainai, la última tendencia japonesa a la que vas a querer apuntarte desde ya.

La traducción literal de esta palabra sería algo así como "¡Menudo desperdicio!" y se utiliza para expresar la pena o el arrepentimiento ante el gasto innecesario de un recurso. En concreto, el objetivo de este movimiento es tratar de reducir al máximo los desperdicios. Muchos afirman incluso que se trata de una corriente ligada a la creencia sintoísta, que afirma que los objetos tienen alma y por ello deberían ser tratados con respeto. Pero más allá de todo pensamiento espiritual, el mottainai conlleva una serie de aplicaciones prácticas con el objetivo último de reducir el gasto, respetar los recursos de la naturaleza y adoptar un estilo de vida sostenible. 

Una buena forma de empezar a aplicar esta filosofía en tu día a día es plantearte seriamente el origen y el coste de producción de cada uno de los productos que consumes. En lugar de ignorar su procedencia, es crucial que seas consciente de los recursos naturales, la mano de obra y los esfuerzos que se inviriteron para crear cada objeto y alimento que consumes. De esta forma llegarás al segundo nivel del mottainai: tratar de extender lo máximo posible la vida útil de cada objeto.

Por ejemplo, a la hora de comprarte una camiseta, compra (solo si realmente la necesitas) una prenda de calidad fabricada de forma ética y respetuosa con el medio ambiente. Póntela todas las veces que puedas y, si ves que no le estás dando demasiado uso, dónala o dásela a alguien que pueda seguir aprovechándola, póntela para estar en casa, úsala de pijama y, cuando esté tan estropeada que parezca que no aguanta más usos, conviértela en un trapo para el polvo. 

Además de este ejemplo, otros consejos prácticos que puedes aplicar para unirte, poco a poco, a esta filosofía y convertirte en una verdadera mujer eco es reducir al mínimo el desperdicio de alimentos aprovechando cada parte de la carne y los vegetales. No tires las cortezas de los alimentos, úsalas para hacer compost o como abono para las plantas. Arregla las cosas en lugar de reemplazarlas y , si no hay forma de repararlas, recíclalas. En caso de que necesites comprar, trata de hacerte con productos que no generen desperdicios y, si compras comida en recipientes de plástico, reutiliza éstos para guardar tus alimentos. Compra piezas de segunda mano, productos recargables de belleza y hogar, tales como jabones o ambientadores, y apoya a las marcas que siguen procesos de producción en armonía con el medio ambiente y que reciclan materiales. 

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