El hotel Llucasaldent Gran

Escapadas sostenibles y en clave 'slow', el mejor plan para desconectar el fin de semana

Lugares como Llucasaldent Gran son el lugar perfecto para lograrlo. Un refugio rural menorquín, rodeado de naturaleza y situado en un enclave único, que invita a la calma y conexión con el medio ambiente

by hola.com

Este será un verano que nunca olvidaremos. No sólo por su carácter extraordinario, sino porque millones de viajeros han cambiado por completo su concepto de vacaciones. Este año, nos hemos propuesto descubrir lo que se esconde dentro de nuestras fronteras, y muchos han optado por hacerlo de una forma respetuosa con el entorno. Los viajes y planes de fin de semana que abogan por la sostenibilidad gana cada vez más adeptos, y en España contamos con ventaja: la organización 'Green Destinations' ha incluido en su lista de los destinos más sostenibles del mundo varios españoles. Como Menorca, popularmente conocida como la isla más tranquila de Baleares.

Sus calas y playas vírgenes, bañadas por el mar Mediterráneo, lo convierten en un paraíso que invita a la desconexión. Por ello, allí se erigen espacios tan excepcionales como Llucasaldent Gran. Una masía y finca rural con espectaculares vistas a toda la isla. Todo un refugio donde sus huéspedes pueden estar en calma y conectar con la naturaleza.

Germán Muñoz y su esposa, Cristina Fernández, son los encargados de gestionar este lugar, labor que llevan a cabo con mucho mimo, cuidado, y de la manera menos contaminante posible. "Entendemos que el mundo cada vez gira más rápido, por lo que queremos que la gente disfrute y frene", en palabras de Germán.

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Una de las habitacionesVER GALERÍA

Un entorno único

Llucasaldent Gran está rodeado de naturaleza. Su finca, propiedad de una familia de la isla que vivió allí más de dos décadas, consta de unas 100 hectáreas que se han conservado con gusto, y son el fiel reflejo de la tradición menorquina. Tanto es así, que aún hoy se conservan los antiguos aperos del campo con los que se trabajaban las tierras, y hasta las grandes eras en las que se trillaban los cereales.

Viñedos y senderos de olivos conforman este entorno único, poblado también por pinos, encinas o acebuche, por lo que puede resultar sencillo perderse entre sus mágicas rutas y caminos, que esconden algún que otro tesoro natural. De hecho, algunos de ellos pueden recorrerse a lomos de caballos menorquines.

Parte de este encanto se debe a su privilegiada localización. La finca se alza a una considerable altura, un balcón con espectaculares vistas a Menorca. Desde allí, se divisan el Monte Toro (la montaña más alta de la isla), el pueblo de Alaior, un enclave histórico, que fue fundado por el rey Jaume II de Mallorca en el siglo XIV. La brisa mediterránea inunda este espacio, que ofrece rincones llenos de magia. Uno de ellos es su terraza, con una asombrosa pérgola cubierta de moreras, o la piscina, que bebe de bebederos tradicionales que han sido restaurados.

¿Qué la hace tan especial? Germán lo tiene claro: "su posición, su altura, su versatilidad... La diferencia mucho de todas las demás". Y la torna en un refugio de paz y tranquilidad. Lo que buscan es que los clientes "se sientan libres, como en casa, pero atendidos", en sus rincones que propician el bienestar mental y físico.

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Entorno de Llucasaldent GranVER GALERÍA

Desde placas solares a un vehículo eléctrico, gestos a favor del medio ambiente

El compromiso de Llucasaldent Gran con el medio ambiente es claro. Se demuestra en su forma de gestionar los recursos. Tal y como nos comenta Germán, "todo el hotel se mueve con un sistema de placas solares" para aprovechar la luz del sol menorquín, abogando, de este modo, por las energías renovables.

Son conscientes de que el agua es un bien escaso. Así que, aunque la finca tiene un pozo propio, han desarrollado un sistema de depuración con el que reutilizan tanto las aguas fecales como residuales para regar las tierras.

Por otro lado, la piscina es de cloración salina, lo que permite desinfectar sus aguas sin tener que recurrir a productos químicos, ya que transforma las concentraciones del sal del agua en cloro. Este método ahorra hasta un 5% de agua, es de bajo consumo (como el de una bombilla eléctrica de bajo voltaje), y, además, beneficioso para la salud, puesto que no irrita los ojos ni la piel.

El reciclaje es otra realidad del espacio, que cuenta con un vehículo eléctrico para realizar trayectos por los alrededores. "Y ahora vamos a incorporar unas motos eléctricas", nos adelanta Germán. Un pequeño pero a la vez gran gesto contra la contaminación acústica y la polución.

Terraza de LlucasaldentVER GALERÍA

Apuesta por lo natural, lo propio y lo local

El espíritu ecosostenible de Llucasaldent Gran radica en su contribución a conservar (y sacar partido) de la manera más natural posible a sus espacios naturales. Porque gran parte de lo que allí se consume procede de su huerto, que no se trabaja con químicos. Nos detalla Germán que este año les dio tiempo a sembrar melones, sandías, uvas, higos, berenjenas, calabacines, cebollas, pimientos, patatas... "Hay una diferencia de sabor entre la fruta y la verdura del huerto con respecto a la del supermercado", señala. "Muchas personas no conocen las verduras que están comiendo. Lo que queríamos es que cogiesen la fruta del propio árbol". En definitiva, que tuviesen una experiencia real con la naturaleza.

Del huerto a la mesa... Y también desde el corral, ya que tienen gallinas, cuyos huevos utilizan para elaborar sus platos. "Los yogures son de elaboración propia", y el resto de productos, cuando no son de la casa, son de origen local. "Tenemos una pequeña tienda, y todo lo que vendemos allí son productos de Menorca. Desde una joya hasta los jabones, 100% naturales, o los aceites esenciales", apunta.

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Algunas de las rutas de Llucasaldent GranVER GALERÍA

La facinante historia humana detrás de la finca

Detrás de este paraíso se esconde, además, una historia que merece ser contada. La de una pareja que dejó todo atrás para unirse a esta aventura. "Era un cambio de vida. Mi esposa dejó su trabajo como guía, y yo el mío en el restaurante familiar, cambiamos a nuestros niños de colegio... y pasamos a vivir en la finca", afirma Germán.

"Lo que más disfruto es ver a la gente feliz, a los clientes contentos, disfrutando de la experiencia. Porque no sólo vendemos un alojamiento, casi es lo que menos vendemos, lo que queremos es que esto sea una experiencia". De bienestar mental, desconexión y paz.

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