Deshidratación felina, cuando el rechazo al agua incluso les impide beberla

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Deshidratación felina, cuando el rechazo al agua incluso les impide beberla

Los gatos no beben por placer, solo por sed, pues el agua les produce un rechazo natural. Sin embargo, algunos gatos se niegan a beber, o lo hacen con bastante poca asiduidad, ¿cómo podemos reconocer si nuestra mascota está deshidratada?

by hola.com

Por regla general, los gatos rehúsan tener cualquier contacto con el agua. Aunque esta no represente ningún peligro para para su salud, este líquido les produce aversión y su rechazo les es tan habitual que ni se plantean darse un baño o usarla siquiera para jugar. No es extraño, por tanto, que no sientan demasiado interés en beber de su cuenco, por lo que solo lo harán empujados por una sed incontestable. 

Sin embargo, como ocurre con casi cualquier otro mamífero, si un gato sufre deshidratación esto puede convertirse en un problema de salud crítico que puede conducirle a la muerte y que, por tanto, hay que abordar con la mayor velocidad y eficacia. No en vano, como los humanos, los gatos tienen entre un 60% y un 85% de su peso corporal en agua, cantidad que es mayor cuando el gato es joven, y menor cuando es más anciano.

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La naturaleza es la clave de todo

El ser humano es tal vez el único animal capaz de tirar piedras sobre su propio tejado, rechazando las opcione saludables y optando por las que le hacen más mal que bien. ¿Cómo es posible que los gatos rechacen el agua si tan necesaria es para su vida? La naturaleza tiene su explicación.

Si un gato doméstico no quiere ni ver el agua, los gatos callejeros o silvestres mucho menos. Es muy difícil imaginar que uno que se hubiera criado en libertad en un entorno de naturaleza fuera a acercarse a un arroyo para intentar beber un poco; esta imagen podría darse en perros, pero jamás en gatos. ¿Los gatos no sienten que el agua sea necesaria para su vida? No exactamente, lo que ocurre es que las pequeñas presas que cazan los gatos de forma natural les aportan el agua suficiente.

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Antes hemos dicho que un cachorro de gato puede llegar a ser agua hasta un 85% de su peso corporal, y esto ocurre también con las presas jóvenes, pequeños roedores en su mayoría. Por ese motivo, si un gato silvestre caza ratones pequeños, estará aportando a su dieta el agua necesaria, y no necesitará acercarse a un caño de agua, un arroyo o robar del cuenco de otro animal.

Los gatos domésticos desarrollan su instinto de supervivencia desde muy pequeños: comprenden que el agua es necesaria para su vida y perciben que es una sensación positiva la de beber del cuenco cuando tienen sed, pero mantienen intactos sus instintos cazadores y hidrofóbicos.

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Síntomas más comunes de deshidratación felina

La forma con la que los veterinarios pueden evaluar de forma muy fácil si un gato sufre de deshidratación es recurriendo a su pliegue cutáneo. Le pellizcan la piel y logran apreciar su nivel de hidratación, que puede ser determinado en tres tipos: una hidratación leve, moderada o severa. Para que sea esta última solo debe haber perdido un 10% de su peso en agua, suficiente para poner en riesgo su vida. Probablemente un gato con una deshidratación del 10% o más esté ya en un estado casi total inmovilidad, sufriendo un sueño constante y sin fuerza para llevar su vida habitual.

Los síntomas de deshidratación están relacionados con sus tejidos (músculos y piel). La piel ya no tiene elasticidad, está áspera y sus músculos parecen más duros. Los tejidos se entumecen y se resecan. Las encías ya no están bañadas en la saliva necesaria y se las ve secas y más pegajosas de lo normal. Además, los ojos de los gatos deshidratados se perciben más hundidos, los músculos que sujetan la cara se entumecen también y eso cambia ligeramente la configuración de sus rasgos, en concreto los de los ojos.

Dado que un gato adulto es un 70% agua, cuando un gato está en estado de deshidratación podemos saberlo por su peso, pues empieza a perderlo. Además, orinará menos, y dado que el agua mantiene su calor corporal, el gato deshidratado está frío, sobre todo en las extremidades, que no gozan del calor del tronco.

Como cualquier mamífero, ante la deshidratación hay que actuar con velocidad y contundencia. Se pueden administrar líquidos por vía oral e intravenosa, pero si es tu caso, no dudes en consultar a tu veterinario y dejar a tu gato en sus manos,  porque nadie mejor que un profesional para solucionar estos graves problemas de salud de tu mascota.

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