sarampion

¿Quién tiene que vacunarse de sarampión en España?

La recomendación de Sanidad es que se vacunen las personas nacidas a partir de 1970 que no hayan pasado el sarampión o estén inmunizados con la vacuna. Consultamos a varios expertos que nos explican por qué debemos vacunarnos y cuál es el riesgo de no llevar a cabo estas medidas de prevención en nuestros hijos

by Nuria Safont

El Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social ha recordado que todos los nacidos a partir del año 1970, que no se hayan vacunado o no hayan sufrido el sarampión, deben acudir a su centro de salud para ser vacunados. No necesitan la vacuna aquellos que ya contrajeron la enfermedad en algún momento, pues ya están inmunizados. 

Para hablar del riesgo de no estar vacunado del sarampión, así como de esta y de otras vacunas, hablamos con los doctores Antonio José Conejo Fernández, pediatra de Vithas Xanit Internacional (Benalmádena) y Javier Miranda, jefe de pediatría de los hospitales Vithas Rey Don Jaime, Vithas Virgen del Consuelo y Vithas 9 de Octubre (Valencia). 

¿Por qué nos recomiendan vacunar de sarampión?

En noviembre de 2018 el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud aprobó un calendario vacunal común a lo largo de toda la vida. En él se recomienda la vacunación frente al sarampión de todas las personas nacidas en España a partir de 1970, que no tengan certeza de haber recibido dos dosis de la vacuna triple vírica o de haber pasado la enfermedad, salvo que se esté embarazada o en inmunodeprimidos. En las personas nacidas antes de 1970 se asume que ya lo han padecido.

¿Qué riesgo tiene el sarampión en niños y adultos?

El sarampión es generalmente una enfermedad benigna en la infancia, que causa fiebre, cuadro catarral con conjuntivitis y un exantema característico en piel y mucosas. Este proceso benigno se puede complicar apareciendo otitis media, laringotraqueobronquitis, o bronconeumonía. En casos raros, uno de cada mil, puede aparecer una encefalitis aguda, que a menudo produce daño cerebral permanente. Y más raramente puede aparecer, entre 7 y 10 años de la enfermedad aguda, un cuadro degenerativo del sistema nervioso, con deterioro intelectual y convulsiones. En niños pequeños y en adultos inmunodeprimidos el riesgo de complicaciones es mayor.

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 ¿Y en embarazadas?

Las embarazadas tienen mayor riesgo de mortalidad por el sarampión. Además, la vacuna está contraindicada durante la gestación, por lo que en caso de no estar correctamente vacunadas o haber pasado la enfermedad, toda mujer en edad fértil (15 a 49 años) debería recibir dos dosis de vacuna, evitando el embarazo en las cuatro semanas siguientes a la vacunación.

¿Por qué es tan importante la vacunación? 

La vacunación es, junto a la potabilización del agua, la medida preventiva más importante y que más impacto han tenido en la mejora de la salud en la historia de la humanidad. Es la única medida que permite hoy en día erradicar enfermedades por completo, como ocurrió con la viruela y estamos cerca de conseguir con la polio. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que las vacunas salvan entre 2 y 3 millones de vidas al año. Esta cifra sería mucho más alta si todo el mundo tuviese acceso a ellas, algo que, por desgracia, estamos lejos de conseguir. El beneficio de la vacunación se extiende más allá de la población vacunada por la llamada “protección de rebaño”. Además, recientemente se están estudiando otros beneficios indirectos e inesperados, como la disminución general de mortalidad por todas las causas con relación al uso de algunas vacunas.

¿Cómo actúa una vacuna?

De forma muy resumida, las vacunas exponen de forma controlada al sistema inmune a determinadas moléculas presentes en los microorganismos llamadas antígenos, que son las responsables de generar inmunidad frente a esa infección en concreto. De esta manera, producimos anticuerpos (defensas) frente a dicho microorganismo de forma similar a lo que sucede cuando padecemos la infección natural, pero evitando los riesgos derivados de la misma. Por tanto, en futuros contactos con el microorganismo en la vida real, los anticuerpos generados por la vacuna podrán eliminarlo sin que se llegue a producir la infección.

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¿Y cómo funciona la inmunidad de grupo?

La inmunidad de grupo se produce porque al vacunar a una gran parte de la población se proporciona, de forma indirecta, protección a los individuos no vacunados. En las enfermedades infecciosas, en las que la transmisión es persona a persona, es más difícil que se produzca una cadena de infección cuando hay un alto porcentaje de la población vacunado.

¿Tienen riesgos?

Las vacunas, como todos los medicamentos y productos biológicos, pueden tener algunos efectos adversos. Los más frecuentes son las reacciones locales leves como dolor o induración en el sitio de punción. Estas reacciones son poco importantes y desaparecen solas en pocos días. Entre las reacciones llamadas sistémicas o generales, las más frecuentes son la irritabilidad y la fiebre, que a veces puede preocupar a algunas familias. Hay que resaltar, sin embargo, que siguen siendo efectos adversos leves, predecibles, que se resuelven solos, de evolución conocida y fácil tratamiento. Los efectos adversos graves son extraordinariamente infrecuentes y siempre muchísimo más raros que los que se dan con la infección natural.

Es de capital importancia dejar claro que el beneficio que ofrece la vacunación excede sin ningún género de dudas los posibles efectos indeseables de la misma.

Entonces ¿a qué se debe este miedo a la vacunación?

Al desconocimiento y a la mala selección de las fuentes de información. El miedo a la vacunación existe desde el origen mismo de las vacunas, aunque tuvo un gran desarrollo a partir de un artículo publicado en una prestigiosa revista científica en 1988 por el exdoctor inglés Andrew Wakefield en el que relacionaba la administración de la vacuna triple vírica con la aparición de autismo. Posteriormente se descubrió que falsificó los datos de su investigación, que carecía de la autorización obligatoria de los comités de ética correspondientes, que algunos de los pacientes ya estaban diagnosticados de autismo antes de la administración de la vacuna y que el estudio había sido manipulado de forma consciente y programada con la intención de denunciar a las compañías farmacéuticas y obtener un beneficio económico. Tras demostrase el engaño, la propia revista retiró el artículo tras retractarse del mismo públicamente y, algunos años después, el Colegio de Médicos de Reino Unido le retiró la licencia para ejercer la medicina alegando fraude y conducta deshonesta.

Pese a que el fraude y la falsificación de los datos son absolutamente incuestionables, su hipótesis sobre los efectos nocivos de las vacunas tuvo cierta aceptación y propagación entre algunos sectores de la población general, se hizo extensiva a todas las vacunas. Las razones de esta aceptación son difíciles de comprender, aunque el atractivo de las teorías conspiranoicas y su enorme tendencia a la viralización, que observamos hoy en día en las redes sociales en plena época de la posverdad, nos pueden hacer entender mejor cómo una idea equivocada y perniciosa puede llegar a transformarse en dogma, irracional, cuando se carece de la formación y de la información necesaria para diferenciar la realidad de la superchería.

Para una información fiable, contrastada y accesible sobre vacunación, disponemos de varias páginas webs de acceso libre donde se pueden aclarar toda clase de dudas al respecto, como la web del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (www.vacunasaep.org) o la de la Asociación Española de Vacunología (www.vacunas.org).

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¿Cuál es el riesgo de no vacunar a los hijos?

Los niños no vacunados son susceptibles a enfermedades que pueden ser potencialmente graves e incluso mortales, mientras que la inmensa mayoría de los pacientes vacunados no lo serán. En caso de contacto con alguno de estos gérmenes, es altamente probable que los niños no vacunados contraigan la enfermedad mientras que los niños vacunados queden protegidos frente a la misma. Existen multitud de ejemplos al respecto, como el tristemente famoso caso de difteria con desenlace fatal que vivimos en España hace unos años, en el que ninguno de los contactos vacunados del paciente desarrolló ningún síntoma pese a que sí se aisló la bacteria en algunos de ellos.

¿Qué enfermedades están resurgiendo por culpa de no vacunar a los niños?

La principal preocupación en Europa actualmente es el sarampión, que está experimentando un repunte importante a nivel global desde 2017. La OMS estima que en dicho año se produjeron 6,7 millones de casos en todo el mundo, con un total de más de 110.000 muertes (más de 300 al día), la gran mayoría niños.

Los últimos datos publicados por la OMS muestran que en el primer semestre de 2019 ya se han notificado en Europa casi 90.0000 casos, más que en todo 2018 junto, y la cifra más alta de casos desde hace 10 años. En España, aunque se mantienen cifras bajas gracias a la elevada cobertura vacunal, se han registrado 233 casos entre enero y julio de 2019, cuando en todo 2018 se notificaron 220 casos.

El número de casos de cada país se relaciona de forma directa con las coberturas vacunales. A mayor porcentaje de población vacunada, menos casos de sarampión, y viceversa.

Hablar de fallecidos en Europa por una infección que puede prevenirse mediante una vacunación accesible y gratuita es un auténtico drama difícil de comprender.

¿Qué vacunas son necesarias durante la infancia?

El Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP) actualiza anualmente sus recomendaciones para el calendario vacunal infantil. En 2019 este incluye inmunización contra 18 microorganismos: hepatitis B, difteria, tétanos, tosferina, poliomielitis, hemóphilus, neumococo, paperas, rubeola, sarampión, varicela, virus del papiloma humano, rotavirus y diferentes tipos de meningococos. Todas ellas están recomendadas en la infancia, estén o no financiadas por los diferentes servicios de salud.

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