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Ayuno seco: una moda con un gran riesgo para la salud

Existen diferentes tipos de ayuno y el seco parece que se está poniendo de moda. Consiste en restringir cualquier alimento y líquido lo que supone un gran riesgo para la salud

by Nuria Safont

Cada cierto tiempo, surgen nuevas modas o corrientes en alimentación, así como dietas para perder peso. Algunas de ellas, y si se hacen bien, contribuyen a mejorar la salud de los consumidores y del planeta. Es el caso de la dieta vegetariana o vegana. Sin embargo, hay otras que le hacen un flaco favor a nuestro organismo. En esta ocasión hablamos del ayuno seco, una forma de poner nuestro cuerpo en una situación que puede acabar provocando trastornos graves. Pero antes de abordarlo, vamos a ver en qué consiste el ayuno, una técnica ancestral cuyos beneficios están muy debatidos. Aunque un estudio reciente de la Universidad de California, dirigida por el conocido doctor Valter Longo, ha visto que podría ser útil para cuidar de nuestra salud y evitar algunas enfermedades. 

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¿Qué ocurre en el cuerpo cuando ayunas?

Se trata de la abstinencia voluntaria y completa de alimento. Sin embargo, sí se puede beber agua. No es lo mismo que inanición, porque esto significaría que el organismo ha acabado con todas las reservas nutritivas, una situación que podría poner en peligro la vida. Existen diversas fases:

Fase 1 de ayuno. En esta fase se produce glucosa como energía.

A las pocas horas sin consumir hidratos de carbono bajan los niveles de glucosa en sangre. El glucógeno (glucosa almacenada como polímero -macromoléculas formadas por la unión de moléculas más pequeñas denominadas monómeros- en el hígado) se degrada en forma de glucosa y se secreta al torrente sanguíneo para nutrir las células del cuerpo y sobre todo las neuronas del cerebro.

Fase 2 de ayuno. En esta fase se consumen las reservas de grasa.

Tras 8 o 10 horas sin comer o sin tomar hidratos de carbono, ya no quedan reservas de glucógeno en el hígado y los músculos. En ese momento, nuestro organismo busca una vía para obtener el combustible que necesita para funcionar, en especial, el cerebro, centro de operaciones de todo nuestro cuerpo. Se comienzan a degradar los lipidos -o grasas- de reserva (triglicéridos) para obtener ácidos grasos y oxidarlos generando energía. Este metabolismo es menos rentable que la degradación de los hidratos de carbono para obtener glucosa pero mantiene los recursos energéticos.

En esta fase entran en juego los cuerpos cetónicos. Estos, también llamados cetonas, se producen por el desecho de las grasas, es decir, cuando el organismo utiliza los lípidos o grasas, en vez de los glúcidos o azúcares, para producir energía. El organismo de una persona que padece diabetes, por ejemplo, producirá cuerpos cetónicos cuando no hay suficiente insulina que es la encargada de inyectar glucosa dentro de las células.

Los cuerpos cetónicos se generan en el hígado a partir de los triglicéridos acumulados y movilizados de las reservas de grasa y sirven para que las células del cuerpo, incluidas las neuronas del cerebro, puedan obtener energía para sus funciones.

Esta fase puede durar más o menos tiempo según las reservas de grasa de cada individuo. Hay que recordar que la acumulación de grasa -sin pasarse- es un mecanismo de supervivencia del cuerpo para que, en situaciones de carencia de alimentos, pueda obtener energía para sobrevivir. Por eso se dice que un hombre podría aguantar días sin comer -pero no sin ingerir líquidos, también imprescindible para la vida-.

Fase 3. Degradación de las proteínas para obtener energía

En un ayuno de larga duración o mínima ingesta de hidratos de carbono y lípidos durante mucho tiempo, el cuerpo recurre desesperadamente a cualquier nutriente para obtener energía. En este caso, las proteínas.

Cuando el organismo se encuentra sin reservas de grasa no le queda otro recurso que degradar proteínas para obtener algo de energía, el rendimiento es todavía menor que el de los lípidos - mucho menos que el de los hidratos de carbono-. Al no tratarse de una fuente idónea de energía se genera como subproducto de este metabolismo una sustancia muy tóxica para las células denominadas ‘amonio’. Esta debe ser eliminada rápidamente por el organismo ya que puede ser nociva para el hígado y los riñones si sus niveles son elevados de forma crónica.

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¿Es peligroso ayunar?

Los expertos en nutrición recomiendan realizar cinco ingestas diarias. Sin embargo, el ayuno, ya sea intermitente o prolongado, es una técnica ancestral, utilizada por muchas civilizaciones para dar un descanso fisiológico al cuerpo, así como por motivos religiosos.

El experto Ata Pauramini nos habla, autor del libro 'Tú eres tu medicina', nos habla, por ejemplo, del método ART (Alimentación Restringida Temporalmente), cuyo patrón a seguir es ingerir todos los nutrientes en menos de doce horas, sin alterar nuestra dieta. Es decir, comemos por el día, restringimos la alimentación por la noche, permitiéndonos así periodos de ayuno saludable de hasta doce horas. “No es descabellado si pensamos en algunos horarios europeos, el inglés, por ejemplo, donde se cena entre las seis y las siete de la tarde”, indica el experto. Si además, al horario restringido "le sumamos las propiedades de una buena dieta mediterránea, mejor que mejor", añade el especialista.

Pero no todo el mundo puede realizar ayunos. Está contraindicado en mujeres embarazadas, personas muy obesas, o aquellas que tienen los riñones muy debilitados, niños en periodo de crecimiento, ancianos, personas con alguna anomalía importante del corazón, diabéticos o con algún otro tipo de enfermedad crónica, así como personas con trastornos de la alimentación.    

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El riesgo del ayuno seco

Ahora que conocemos en qué consiste el ayuno, podemos abordar el ‘seco’, esta modalidad que puede ocasionar daños muy serios, ya que consiste en excluir, además, la ingesta de líquidos. Según indica el doctor Jason Fung, autor de La guía completa del ayuno (Ed. Edaf), “desde un punto de vista médico no se recomienda por motivos de salud. La deshidratación que conlleva no proporciona beneficios y además existen riesgos de producir complicaciones médicas”.

Y es que podemos aguantar unas semanas sin comida (hasta tres, a partir de ahí nuestro organismo empieza a experimentar fallos, por ejemplo, de corazón); pero, en general, la supervivencia sin tomar agua es entre tres y cinco días. 

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