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¿Sabes cómo interpretar tu análisis de sangre?

Te explicamos cuáles son los valores que se piden en una analítica, como interpretar los resultados y de qué problemas de salud pueden alertar.

by Nuria Safont

Un análisis de sangre es un prueba rutinaria que se realiza para ver el estado de salud del individuo. Por sí solo, en general, no ofrece un diagnóstico definitivo, ya que tiene que apoyarse en otras pruebas. Pero sí arroja pistas sobre posibles enfermedades. Por ejemplo, de sobra es sabido que si en la analítica los valores de colesterol o de triglicéridos están muy elevados, el médico nos recomendará un estilo de vida determinado para bajar el colesterol y reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Unos niveles muy altos de glucosa en sangre, por su parte, pueden hacernos sospechar del desarrollo de una diabetes. Asimismo, si los valores del hígado o del riñón están alterados, es probable que el especialista recomiende más pruebas para encontrar la razón de esta alteración.  

El análisis de sangre es una de las primeras pruebas que se realiza en un chequeo médico, de empresa, si una persona dice no encontrarse bien así como en los pacientes crónicos. Aún así, no hay que abusar de ellos y realizarlos solo cuando el médico lo considera necesario y lo indica. "El interés de realizar un análisis de sangre depende de muchos factores, desde la edad y sexo, hasta la posible existencia de enfermedades conocidas. Siempre debe prescribirlo un médico, tanto las pruebas como la periodicidad", recuerda la doctora Blanca Usoz, médico de familia de Doctoralia. 

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Cómo prepararse

En ayunas. Cuando tenemos que hacernos un análisis de sangre, es probable que nos indiquen que debemos estar en ayunas, de ocho a doce horas, debido a que los valores de referencia han sido tomados en esta situación. "Si ingerimos alimentos, pueden modificar los nuestros y dar una lectura errónea de los resultados", señala la especialista. Respecto al agua, se puede beber, pero poca cantidad. 

Medicamentos y plantas. La mayoría de medicamentos pueden alterar los resultados, incluso los más comunes como el paracetamol o el ibuprofeno. Ocurre lo mismo con algunos preparados farmacológicos a base de plantas. Todos ellos, debido a que suelen metabolizarse por el hígado, pueden dar lecturas erróneas. Por ello, debes recordar al médico si estás tomando algún fármaco o suplemento y, sobre todo, no automedicarte. En algunas situaciones, puede ser necesario interrumpir el tratamiento. 

Relajados. Aunque dé miedo, es importante intentar relajarse para la extracción y dejar al sanitario que realice su trabajo sin presión. Y es que la forma de extraer la sangre también puede afectar a los resultados. Por ejemplo, si estamos muy tensos, nuestras venas pueden contraerse. Si se necesita realizar mucha presión del torniquete durante la extracción, los resultados pueden verse alterados. Asimismo, la velocidad con la que se extrae la sangre puede afectar al conteo. Por ejemplo, las células sanguíneas, son muy susceptibles a romperse (hemólisis), pueden hacerlo con más facilidad si se extrae demasiado rápido. 

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¿Para qué sirve un análisis de sangre?

En una extracción normal, se suelen obtener entre 10-15 ml de sangre que se distribuyen en distintos tubos con tapones de distinto color. El azul es para realizar análisis de coagulación; el lila para el hemograma, y el rojo o amarillo para la bioquímica, marcadores tumorales, hormonas o determinados anticuerpos. Los dos primeros deben contener anticoagulante específico para no alterar la sangre. 

Si se trata de una analítica rutinaria, se realizará un hemograma básico, en el que se analizan las células sanguíneas, y una bioquímica, para ver el estado de órganos como el hígado, el riñón, los valores de colesterol y triglicéridos y la glucosa, entre otros. 

Hemograma 

Para qué: se analizan los valores relativos a los componentes celulares de la sangre. Las células de defensa o glóbulos blancos (leucocitos), las que transportan el oxígeno (glóbulos rojos, hematíes o eritrocitos) y las encargadas de la coagulación (plaquetas). Los resultados pueden alertar de una posible infección, anemia, mala coagulación de la sangre o algunos tipos de cáncer. 

Glóbulos rojos

  • Hematíes: son células de la sangre que transportan el oxígeno desde los pulmones a otros tejidos del organismo. Ayudan a eliminar el dióxido de carbono. Los valores habituales son 4.5-5.9 millones/mm3 en varones y 4-5.2 millones/mm3 en mujeres. Si están alterados podrían indicar un problema respiratorio o tabaquismo.
  • Hemoglobina (HGB): es una proteína que se encuentra en los glóbulos rojos y es la responsable de darle color. Contiene el hierro capaz de unirse al oxígeno. Sus valores de referencia son 13,5-17,5 g/dl en hombres y 12-16 g/dl en mujeres. Si está muy baja podría indicar que hay anemia. 
  • Hematocrito (HTO): mide el espacio de los glóbulos rojos respecto al total de la sangre. Los valores medios son 41-53% en hombres y 36-46% en mujeres. 
  • VCM (volumen corpuscular medio): mide el tamaño de los glóbulos rojos. Los valores normales deben encontrarse entre los 80-100 fl. Si son demasiado grandes puede indicar que hay un problema hepático, un déficit de vitamina B o de ácido fólico. Si son más pequeños de lo normal podría señalar que hay un déficit de hierro y anemia. 
  • HCM (hemoglobina corpuscular media): mide la concentración de hemoglobina presente en un glóbulo rojo. Ha de ser de 27-33 pc.

Glóbulos blancos

  • Neutrófilos: son el tipo más común de glóbulos blancos en la sangre. Los valores de referencia son 2.000-7.500/mL. Su misión consiste en atacar a agentes que pueden causarnos una infección o un daño. Si están altos, es que puede haber una infección.
  • Eosinófilos: son glóbulos blancos encargados de luchar contra distintos tipos de infecciones que pueden ser víricas, bacterianas o parasitarias. Sus parámetros normales son 50-500/mL. Si los niveles son altos, puede indicar que sufrimos una infección parasitaria, alergia o asma, o inflamación de la piel. Si están muy bajos, podrían alertar sobre una posible infección bacteriana como una meningitis o una neumonía.  
  • Linfocitos: son un tipo de glóbulo blanco que nos defienden contra las infecciones produciendo productos químicos para destruirlas. Su media es de 1.300-4.000/mL. Unos niveles superiores de linfocitos podría indicar que hay una infección. Unos valores alterados también pueden asociarse a la posible presencia de un tumor o leucemia. 
  • Monocitos: los valores de referencia se encuentran entre los 45 y 950/l. Si los niveles están altos, puede deberse a una infección o que el organismo se esté recuperando de ella. También se puede asociar a infecciones crónicas o colitis. Si están muy bajos, es que el sistema inmune está muy debilitado. 
  • VSG (velocidad de sedimentación): detecta la inflamación asociada a infecciones y otras enfermedades. Sus valores son de 0-10 mm/h en los hombres y 0-20 mm/h en las mujeres.
  • Plaquetas: tienen la misión de coagular la sangre si hay una herida. Los valores naturales se encuentran entre 150.000-400.000/mm3. Unos niveles altos podrían indicar que ha habido una hemorragia, una reacción alérgica, u otros problemas de la sangre. Si están muy bajos, señalan que ha podido haber una infección, que el bazo está trabajando mucho o que hay un problema hepático. 

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Bioquímica

Para qué: analiza las sustancias que aparecen en la sangre y otros fluidos y que son el resultado de los procesos metabólicos que tienen lugar en el organismo. Puede dar pistas sobre el funcionamiento de diversos órganos del cuerpo.

  • Glucosa: es el motor principal de nuestro cuerpo. Se trata de un carbohidrato o glúcido (azúcar) relacionado con la cantidad de azúcar que el organismo es capaz de absorber de los alimentos y transformarlo en energía y que así nuestro cuerpo pueda funcionar. Los niveles de glucosa deben ser superiores a 60-70 mg/dl pero inferiores a 100-140 mg/dl. 
  • Colesterol: se trata de un lípido, es decir, una grasa, que se encuentra en todo el organismo, se produce de forma natural y es necesario para la formación de las células. Se distinguen dos tipos, el LDL o colesterol 'malo' y el HDL conocido como colesterol 'bueno'. El LDL o colesterol malo lleva las grasas a las distintas partes del organismo y, en su viaje, puede dejar depósitos que se acumulan en las paredes de las arterias, que pueden acabar obstruyendo el flujo normal de la circulación sanguínea y aumentar el riesgo de problemas cardiovasculares. Lo adecuado es que sus niveles no sobrepasen los 130 mg/dl. El HDL, por su parte, transporta las grasas hasta el hígado para su desecho. Además, 'barre' los depositivos de grasa que deja el colesterol malo. Cuanto más alto sea el nivel de HDL más protegido se está. Los valores óptimos deberían encontrarse entre 40-90 mg/dl. Por último, el colesterol total debe estar entre los 120-200 mg/dl.
  • Triglicéridos: son otro tipo de grasa que se encuentra en la sangre. Sus valores deben estar por debajo de 150 mg/dl. 
  • Urea: es el desecho de las proteínas tras haber sido filtradas por el hígado. Esta urea se filtra también por los riñones y se elimina a través de la orina. Su cantidad en la sangre permite saber si los riñones funcionan de forma adecuada. Los valores están entre 0,6-1.5 mg/dl. 
  • Creatinina: se trata de otro indicador de la salud del riñón. Surge tras la degradación de la creatina, un producto de desecho de la metabolización de los músculos y que se filtra por los riñones que la excretan a través de la orina. Sus valores estándar son de 70-110 ml/min.
  • Ácido úrico: se forma tras la degradación de las purinas, sustancias que se encuentran en el cuerpo y en algunos alimentos. Una vez más, son los riñones los que filtran estos productos de desecho y los excretan a través de la orina. Los valores normales deben estar entre 2-7 mg/dl. 
  • Transaminasas: son enzimas que se encuentran en el interior de las células de órganos como el hígado, el corazón, los riñones o los músculos. Se estudian, generalmente, para ver el estado del hígado. Las que suelen analizarse son: la alaninoamino transferasa (ALT o GPT),  la aspartato aminotransferasa (AST o GOT) y la gamma glutamil transferasa (GGT), y que analiza el estado de salud hepática. Los valores de referencia son: 7-40 unidades/litro (GOT), 5-43 unidades/litro (GPT) y 12-55 unidades/litro (GGT).
  • Fosfatasa alcalina: es una proteína que se encuentra en los tejidos, pero sobre todo, en los huesos, hígado y vías biliares. Sus valores pueden oscilar entre las 89 y las 280 unidades/litro. Unos niveles altos se pueden relacionar con problemas óseos, fracturas, reacción a algún medicamento o problemas hepáticos. 
  • Bilirrubina: ese trata de un pigmento de color amarillo que se encuentra en la sangre y las heces y que se produce cuando las células de la sangre envecejecen. Un nivel elevado puede señalar un problema hepático o de la vesícula biliar. Es la responsable, además, del tono amarillento (ictericia) que pueden adquirir el blanco de los ojos y la piel cuando hay un problema hepático Su nivel elevado provoca ictericia y la piel y/o el blanco de los ojos adquieren un tono amarillento. Su nivel debe estar entre 0.2-1 mg/dl.
  • Sodio: es un mineral esencial para el correcto funcionamiento de los músculos y los nervios. Los niveles normales son de 136 a 145 mEq/L. 
  • Potasio: se trata de un mineral esencial para regular el líquido que se encuentra dentro y alrededor de las células. Trabaja conjuntamente con el sodio. Sus niveles de referencia han de estar entre 3.5-5.3 mEq/L. 
  • Hierro: es un mineral esencial para el transporte del oxígeno. Su carencia provoca anemia ferropénica. Los valores normales se encuentran entre 40 y 150 ug/dL (en las mujeres) y entre 50 y 160 ug/dL (en los hombres).
  • Calcio: es un mineral básico para los huesos y los dientes. Sus valores han de ser de 8.5-10.5 mg/dl. Unos niveles altos de calcio en la sangre puede deberse a diversas causas: uso prologado de algunos medicamentos como diuréticos, así como otros problemas como el cáncer. 

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Marcadores tumorales 

Son sustancias que las células cancerosas o las células normales producen en respuesta al cáncer. "Pueden elevarse en muchas situaciones y no siempre responden a una enfermedad, recuerda la doctora Blanca Usoz. Normalmente, se solicitan para el control de pacientes que han sufrido un cáncer o para el seguimiento de pacientes de alto riesgo. 

Cómo interpretar el análisis de sangre 

Hay que tener en cuenta que los valores de rango pueden variar de un laboratorio a otro. Por eso, no debes asustarte si los resultados no son exactamente los anteriores. Por otro lado, y tal como recuerda la doctora Usón, la única persona que puede interpretar un análisis de sangre es el médico. 

Asimismo, los asteriscos sirven para llamar la atención sobre un valor que se encuentra fuera del rango más habitual pero, de nuevo, no te alarmes. Puede haber muchas causas que lo provoque y solo el médico puede valorarlo. 

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