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Lo que dice tu microbiota sobre tu salud

Conocer la composición de nuestra flora intestinal es clave para detectar un desequilibrio intestinal que puede estar causándonos desde dermatitis, alergias o intolerancias alimentarias a enfermedades crónicas como el lupus

by JULIA GIRÓN

En nuestro intestino conviven decenas de millones de microbios de más de 400 tipos distintos y de los que, por raro que parezca, depende en gran medida nuestra buena o mala salud. Y es que estas bacterias que habitan en nosotros, siempre y cuando lo hagan en armónico equilibrio, son las encargadas, entre otros tareas, de fermentar alimentos que no podríamos digerir por nosotros mismos, producir ácidos grasos, vitaminas tan importantes como las D y K, favorecer la absorción de calcio, hierro y magnesio, o facilitar el buen funcionamiento del sistema inmunitario -ya que impiden la proliferación de los patógenos que ingerimos con los alimentos-. Pero, ¿qué pasa cuando las bacterias y hongos de nuestro tracto intestinal dejan de estar en perfecto equilibrio?

“Aquí entra en juego el concepto de permeabilidad intestinal; ya que, además de un desequilibrio en las bacterias que componen la flora intestinal, también puede verse afectada la estructura del epitelio intestinal, una capa mucosa que actúa de barrera impidiendo el paso de sustancias o moléculas que pueden producir alteraciones inflamatorias en el enterocito (la célula el epitelio intestinal). De alguna manera, es como pensar en el jardín de casa: la flora intestinal sería como un trozo de césped en el que comienzan a amarillear algunas zonas y, además, la tierra (el epitelio) que hay debajo está seca”, explica la doctora Camino Diaz, especialista en salud digestiva de Healthing, un centro médico pionero que cuenta con las tecnologías de última generación más avanzadas para un tratamiento integral de la salud. Entre ellos, los test de disbiosis intestinal para detectar posibles trastornos digestivos.

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¿Qué es la disbiosis intestinal?

Cualquier desequilibrio en la composición habitual de la microbiota o flora intestinal es lo que se denomina disbiosis intestinal, y puede desencadenar una serie de patologías que no siempre se localizan necesariamente en los intestinos.

“Por un lado, puede detectarse un aumento de determinadas cepas bacterianas que van a generar síntomas asociados como digestiones complicadas, diarreas y estreñimiento, hinchazón abdominal, intolerancias a determinados alimentos… Pero también, si además existe permeabilidad intestinal, la mayoría de síntomas estarán relacionados con una alteración del sistema inmune; ya que la barrera protectora del epitelio no está cumpliendo su función y deja pasar a nuestro interior moléculas más grandes de lo habitual que deberían estar siendo eliminadas por nuestro sistema digestivo. Como efecto dominó, esto provoca una serie de mecanismos de defensa propios del organismo para eliminar microbios y gérmenes hacia fuera como los mocos, las toses… Por ejemplo, los niños que suelen tener otitis o bronquiolitis de repetición, en muchos casos, se deben a un problema intestinal de fondo. Pero, además, la permeabilidad intestinal tiene mucho que ver con las enfermedades autoinmunes como las tiroiditis de Hashimoto, enfermedades reumatológicas, el lupus, etcétera. Todas ellas tienen un componente inflamatorio, que es la base de las enfermedades crónicas asociadas a problemas intestinales”, apunta la experta.

Así, la disbiosis o alteración en la microbiota está relacionada también tanto con la obesidad como con la diabetes o las enfermedades inflamatorias intestinales, y otros síntomas secundarios asociados a la mala absorción de micronutrientes esenciales. Por tanto, la alarma de una disbiosis intestinal, como explicaba la doctora, no siempre salta con los síntomas habituales (digestiones complicadas, diarreas y estreñimiento…), puede también manifestarse en forma de dermatitis, alergias, problemas tiroideos, alergias alimentarias e, incluso, cansancio injustificable, dificultades a la hora de concentrarnos y un bajo ánimo.

Cómo tratar una disbiosis intestinal y regenerar la flora intestinal dañada

El primer gran paso, según la doctora, es disminuir la inflamación mediante cambios de hábitos de salud como son, principalmente, la alimentación y el ejercicio físico.

  • Llevar una alimentación antiinflamatoria, clave. “Una dieta adecuada es la técnica de mayor impacto si queremos reequilibrar la microbiota. Tenemos que tener en cuenta que la dieta que llevamos suele ser bastante inflamatoria; por tanto, cambiar nuestros hábitos de alimentación es fundamental", apunta Camino Díaz. Así, debemos seguir una dieta equilibrada donde no pueden faltar algunos grupos de alimentos esenciales como las frutas, verduras y hortalizas, las legumbres, el pescado (mejor cuanto más pequeño es el tamaño del pescado y los pescados blancos, ya que son los que menos contaminantes acumulan; aunque lo ideal es variar el consumo de todo tipo de pescado), frutos secos, optar por los cereales integrales, reducir el azúcar y el consumo de alimentos preparados y envasados; etcétera.

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  • Suplementos para la flora intestinal, un paso más allá de los probióticos. “Cuando tenemos un problema intestinal con permeabilidad o disbiosis, tenemos que imaginarnos que estamos haciendo la reforma de la casa. Los probióticos en este sentido son como la capa de pintura que le damos a una pared, pero, si tenemos agujeros en los ladrillos, antes de la pintura debemos reconstruir la pared. En este sentido, la suplementación a través de aminoácidos como la glutamina y otras sustancias que disminuyen la inflamación intestinal es clave antes de hacer una implantación de probióticos; ya que, de esta manera, mejoramos la permeabilidad intestinal y favorecemos la recuperación intestinal de forma evidente. Si bien es cierto que es un proceso complejo, que se realiza en fases, es muy efectivo ya que, gracias a los test de disbiosis, podemos saber exactamente qué cepas son las que están alteradas y tratarlas con el probiótico adecuado”.

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  • Ejercicio físico y gestión del estrés con técnicas mente-cuerpo como yoga, pilates, meditación… De hecho, algunos estudios recientes valoran el impacto del ejercicio sobre la microbiota intestinal, sobre su diversidad, distribución y metabolitos observando una estrecha relación entre la actividad física y el buen funcionamiento intestinal. Por tanto, "en la vida diaria podemos mejorar la microbiota realizando ejercicio cardiovascular 3-4 días por semana, de 20-50 minutos, a intensidades cómodas y mejor antes de comer copiosamente, ya que el sistema digestivo no responderá de forma adecuada en el ejercicio si está en proceso de digestión. Debemos saber también que el ejercicio extenuante aumenta la permeabilidad intestinal inducida por la isquemia intestinal, observándose molestias digestivas y abdominales como diarrea en las competiciones, gases, o dolor". Entre los beneficios del deporte para nuestra salud intestinal, cabe destacar que la microbiota de las personas deportistas es diferente a la de personas sedentarias. "En concreto, se visualizan más microorganismos del género Firmicutes frente a los Bacteroidetes. La mejora de la composición de la microbiota modula el estrés oxidativo, mejora la sensibilidad visceral, regula la barrera y la motilidad de los intestinos. Además, previene y mejora las enfermedades inflamatorias crónicas teniendo un efecto sobre la función inmune intestinal y las características del microbioma. De cualquier modo, el ejercicio debe ser individualizado y especialmente si existen alteraciones del microbioma como pueden ser las disbiosis intestinales".

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