Tamara Falcó: 'Nadie de mi familia daba un duro por mí en 'Masterchef Celebrity' excepto Fernando Verdasco'

La diseñadora relata su paso por el programa de cocina y las razones que la llevaron a participar

Tras unos días de relax en Marbella y Sotogrande, Tamara Falcó reapareció públicamente este martes 3 en el FesTVal de Vitoria para asistir a la presentación nueva edición de Masterchef Celebrity, donde compite con Ana García Obregón, Vicky Martín Berrocal, Elena Furiase, Marta Torné, Juan Avellaneda y Ana Milán, entre otros. Enfundada en un diseño de su propia firma, TFP, que combinó con joyas de Rabat y un clutch de Carolina Herrrera, Tamara no sólo adelantó cómo ha sido su experiencia en el programa –que terminó de grabarse a finales de junio y se estrena este miércoles 11 en La 1–, sino que reveló con qué compañeros ha hecho más migas. Además, Tamara Falcó reveló cómo han vivido su revolución culinaria en su casa

¿Cuál es el objetivo de tu participación en Masterchef Celebrity? ¿Te gustaba el programa, querías probarte a ti misma o vivir la experiencia?
Me parecía chulísimo vivir la experiencia. La verdad es que suponía un reto meterme ahí de lleno, pero nunca me imaginé lo exigente que iba a ser. Pensaba que era todo un poco trucado, que en algún momento venían, te ayudaban y te hacían el plato. Pero, en el primer programa, dije: “Oye, ¿dónde está la gente que ayuda?” –se ríe–.

¿Estás orgullosa de tu paso por el concurso?
Ya simplemente con participar y lanzarte, sí. Pero estoy súper contenta con el trabajo y el esfuerzo, que tanto yo como mis compañeros hemos realizado. Realmente todos los que han participado se merecen ganar, exceptuando a Los Chunguitos, que se lo tomaban todo bastante a guasa. Todos empezamos con muchísima ilusión y, al final, es una competición y todos tenemos un mal día, pero casi todo el mundo se merecía ganar. De verdad.

¿Te habías formado antes de entrar en Masterchef Celebrity?
Había estado donde Paco Roncero justo antes de entrar… Una semana antes –se ríe–. Me enseñaron allí cuatro cosas que me vinieron muy bien. Pero Almudena Cid –mujer del presentador Christian Gálvez, también concursante de la nueva edición– había estado yendo dos meses.

¿Cuál es tu punto fuerte en el concurso? 
Un poco la calma. Es un programa en el que pierdes los nervios muy fácilmente y, para estar en las cocinas y competir, tienes que estar calmado.

¿Has perdido los nervios en alguna ocasión?
Alguna que otra vez ha habido –se ríe–. Pero he intentado estar centrada.

¿Vamos a ver algún desastre culinario?
Varios, varios –se ríe–. Hay una promo preparando los espárragos y no tengo el agua hirviendo…

¿Te han metido mucha caña?
Bastante caña. Me han dicho de todo. Menos que sabía cocinar… –se ríe–.

¿Qué ha sido lo más duro?
Las cocinas son muy duras, pero yo creo que lo más duro era estar todo el tiempo compitiendo, con todas las cámaras y con unos jueces que saben tanto de cocina. No es lo mismo que cuando cocinas para tus amigos, que te dicen que está buenísimo todo. Aquí realmente te dicen la verdad

Jordi Cruz, Samantha Vallejo-Nágera o Pepe Rodríguez: ¿Qué chef ha sido más duro y el que más te ha costado más convencer?
Yo creo que los tres. No podría escoger ninguno.

¿Cuál de todos los concursantes es el rival más fuerte?
Ana Milán. Entró con un nivelazo… Además, es que sabe de cocina.

¿Y el plato con el que has sorprendido?
Para entrar, me pidieron un gazpacho cevichado y la verdad que fue bien. Pero, como en Masterchef tampoco sabes lo que te vas a encontrar debajo de la caja, tampoco puedes aprenderte recetas.

¿Cree que tu paso por Masterchef Celebrity va a cambiar la imagen que la gente tiene de ti?
No lo sé, ya se verá. Lo he intentado hacer lo mejor posible y, con tantas horas de grabación, yo creo que la gente me conocerá un poco más. 

Antes de entrar, ¿le pediste consejo a tu madre?
Como eran dos meses y medio de grabación, le dije a mi madre que me iba a saltar parte de las vacaciones. Ella me contestó: “Pero, Tamara, si te van a echar”. –se ríe–. Mi madre no daba un duro por mí. Nadie en mi casa excepto mi cuñado Fernando [Verdasco], que me dijo: “Vamos, Tamara, tú puedes”. Mi hermana Ana, que le encanta Masterchef, me decía: “Cómo te has metido”. No se lo creía.

¿Lo que has aprendido lo has enseñado en casa?
Sí. Ramona, la cocinera de casa, era la que tenía más interés –se ríe–. El resto, como mucho, me servía de conejillo de Indias. Poco más.

¿Has preparado algún banquete para sorprender a tu madre?
Un día, para practicar, invité a unos amigos. Entonces, de repente, llegó Mario y dijo que quería probarlo. Ese día, mi madre había salido y, cuando llegó, me comentó que Mario le había dicho que mi plato estaba buenísimo. Me pidió que le sirviera uno, pero ye contesté: “La cocina estaba cerrada. Tenías que haber llegado antes” –se ríe–. Esa fue mi dulce venganza. 

¿Cuál era el plato?
Era una quinoa con remolacha y, encima, un desmenuzado de pollo al curry. También tenía una especificación de salsiki, que es un yogur griego.

Entonces, a Mario le has conquistado.
No se enteró mucho de lo que estaba comiendo, pero Mario es muy glotón también. Rara vez le hace ascos a algo. Si es sano no le gusta por definición. ¿Una ensalada? Dice que para las vacas –se ríe–. Cualquier cosa medio sana no le gusta. 

¿Qué compañero te ha sorprendido en lo personal?
Con los que más migas he hecho son Vicky Martín Berrocal y Juan Avellaneda. Con Vicky, compartí camerino. No la conocía mucho y me ha caído genial, nos hemos muerto de la risa. Cuando llegaban los momentos de tensión y yo pensaba que me iban a echar, ella me decía: “Tú no te vas”. Ahí me decía yo: “No me voy” –se ríe–. Es una mujer con muchísima fuerza y he aprendido mucho de ella. Con Juan también me moría de la risa. Nos íbamos a practicar juntos y nos hemos hecho íntimos.

Los Chunguitos dicen que se han hecho muy amigos tuyos…
Los Chunguitos también. No eran precisamente con los que más podía practicar cocina, pero son gente súper educada. Siempre tienen una palabra amable, siempre están de buen rollo… Es una gozada colaborar con ellos.

¿Has tenido algún conflicto con algún compañero, como el año pasado entre Antonia Dell’Atte y Carmen Lomana?
Es que ellas son muy explosivas. Siguen una línea un poco distinta a la mía. La verdad que he intentado no tener conflictos.

¿No te saca nada de quicio?
Me saca de quicio la mala educación, las injusticias o cuando alguien se pasa y tú estás intentado hacer un esfuerzo… Eso me saca de quicio. Aun así, intento aguantar.

¿Te ha servido tu espiritualidad en el programa?
Claro. Sin parar. Todas las lecciones que he aprendido en el Evangelio me han servido en el programa. Por ejemplo, cuando hacían críticas los jueces, yo me decía por dentro: “Mansa y humilde, mansa y humilde” –se ríe–. También cuando quedaba la última. “Los últimos serán los primeros” –se ríe–. Ha habido muchas cosas que yo adaptaba a mi forma.

Después de las grabaciones, ¿has seguido entre fogones o has terminado saturada?
Ya me he vuelto a apuntar a clases de cocina. Me encanta la cocina.

¿Cuál será tu próxima aventura televisiva? ¿Te han llamado para otros realities?
Para Supervivientes, pero no me veía. Es que Masterchef no es un reality, es un talent

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