Técnicas de cocina saludables: gana salud y sabor en todos tus platos

Comer sano no solo consiste en saber elegir los alimentos adecuados, sino también en la manera en que los preparemos

La cocina saludable se ha implantado de manera definitiva en nuestras vidas. Cada vez son más las personas que optan por cuidarse y transformar sus hábitos alimenticios decantándose por alimentos frescos y naturales en detrimento de los ultraprocesados (ricos en grasas saturadas y azúcares refinados), tan perjudiciales para la salud. Pero además del origen y de la calidad nutricional de los productos, también es de vital importancia la técnica que elijamos para prepararlos, ya que de ello dependerá que les saquemos todo el partido y que, de paso, los consumamos de la manera más sana posible para nuestro organismo. Si tan solo estas pensando en un triste hervido o en recetas a la plancha estás muy equivocado. Existen numerosos procedimientos culinarios con las que obtendremos deliciosos platos ricos en sabor y bajos en calorías con los que cuidar nuestra línea y nuestra salud. ¿Quieres saber cuáles son?

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Al vapor

Es uno de los métodos más saludables y permite cocinar todo tipo de alimentos economizando tiempo y esfuerzo. Las vaporeras tradicionales permiten cocinar a varios niveles aprovechando el vapor procedente de otras cocciones, de modo que si estas haciendo un guiso puedes aprovechar el vapor que emana de la olla para preparar unas deliciosas y saludables verduras en muy poco tiempo. Quedarán en su punto y conservarán intactos su color (haciéndolas más atractivas a la vista) y todas sus propiedades nutricionales. Pero además de estos aparatosos instrumentos -muy usados en la cocina asiática- puedes hacerte con una practica vaporera de silicona perfecta para cocinar en el microondas; simplemente hay que introducir los vegetales deseados en su interior y cerrar bien para que no se escape la humedad. Esta técnica es ideal no solo para vegetales, sino también para pescados y mariscos que quedarán mucho más tiernos y jugosos.

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Al horno

Es una técnica tradicional muy implantada en nuestras vidas. No obstante, aún hay quien no se decide a sacar todo el partido a este electrodoméstico tan útil en la cocina. En él podemos asar verduras, carnes y pescados utilizando una mínima cantidad de aceite y conservando toda la jugosidad y el sabor de estos alimentos. Pero, además, puedes darle un uso alternativo para hornear empanadillas o croquetas y convertirlas en un plato más saludable al no absorber la gran cantidad de grasa de los fritos. Quedan doradas y muy apetecibles, aunque puede que no tan crujientes que cuando pasan por la freidora; aún así, merece la pena.

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En papillote

Esta sencilla técnica de origen francés es ideal para cocinar pescados y verduras sin peligro de que se sequen y conservando todos sus jugos. Consiste en envolver los ingredientes deseados en papel sulfurizado (también vale el de aluminio) para crear una atmosfera hermética que retenga el calor y la humedad. El resultado son platos jugosos en lo que no tendrás que emplear ni una gota de grasa o aceite.

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Escaldado

Cocer los alimentos durante largos periodos de tiempo en agua hirviendo tan solo hará que sean menos atractivos a la vista y también al gusto. Sin embargo, si los escaldamos aplicando una cocción más corta, de muy pocos minutos (o incluso segundos), a una alta temperatura hará que conserven mejor todas sus propiedades respetando su color y textura originales. Una vez fuera del fuego, es importante refrescarlos en agua helada para cortar la cocción. Esta técnica ofrece muy buenos resultados tanto en verduras como en mariscos.

Al vacío

Es algo más complicada que las anteriores, pero hará que tus preparaciones parezcan de alta cocina. Consiste en envasar alimentos al vacío en ausencia total de aire para después cocerlos a baja temperatura durante un periodo de tiempo prolongado, respetando así todas las propiedades y sabor del producto. Para ello existen sofisticados artilugios destinados a un uso profesional, pero puedes facilitar el proceso en tu propia casa empleando bolsas de zip para congelar. Tan solo tienes que introducir en ellas los ingredientes que quieras y sacar minuciosamente todo el aire antes de cerrarlas. A continuación, mételas en agua caliente controlando en todo momento la temperatura (entre 70 y 80 grados) con ayuda de un termómetro de cocina. El esfuerzo merecerá la pena.

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