— Su voz cálida es tan famosa como su silueta. ¿Es una baza complementaria de su seducción?
—Al principio fue un hándicap. Los directores me doblaban por sistema. Consideraban mi voz inadecuada a mi físico. Fue Fellini, en «Ocho y medio »,quien la aceptó tal como era. A continuación pude doblar yo misma mis películas. Lo que es divertido con el tiempo es que puedo pasar inadvertida con mis pequeñas gafas oscuras, pero en cuanto abro la boca, adiós el anonimato: la gente me reconoce inmediatamente por mi timbre de voz tan característico...

—En otro orden de cosas, usted tuvo dos hijos...
—Sí, tuve a Patrick, que hoy tiene cuarenta y tres años, y luego a Claudia, que acaba de cumplir veinticuatro, con Pasquale Squitieri,mi compañero desde hace treinta años. Mis dos hijos se llevan veinte años de diferencia.

—Cuando nació su primer hijo,¿cómo concilió su vida pública con la privada?
—Al principio fue muy caótico. Yo era realmente demasiado joven cuando tuve a «Pit ».Trabajaba como una loca y vivía la mayor parte del tiempo en aviones. Surcaba el mundo y encadenaba un rodaje con otro. Fue difícil para mí, pues en esa época yo tenía muy poca base para apreciar la verdadera dimensión de las cosas en la vida real. Eso fue duro para él. Por contra, cuando tuve a Claudia, decidí tomarme mi tiempo y estar mucho más presente.

Los pies en la tierra
—Cuando usted decidió vivir con Pasquale, él ya tenía una familia y usted un hijo.¿Cómo transcurrió el acercamiento?
—De modo muy natural, y luego, mi hijo, Patrick, se marchó un poco después a vivir a Nueva York, donde lleva más de dieciocho años. De hecho, Pasquale estaba separado de su compañera y ya tenía tres hijos. En seguida tuve muy buenas relaciones con ellos.

—Igual que un gato, usted parece tener siete vidas. Siempre cae suavemente sobre sus patas...
—Porque tengo los pies en la tierra. Nunca se me han subido las cosas a la cabeza, y Dios sabe que en esta profesión es fácil que «se fundan los plomos ». Para realizar este oficio es necesario no ser frágil. Hay que ser fuerte y tener los ojos bien abiertos. Personalmente, puedo ser una gata con patas de terciopelo, pero también una pantera con las garras afiladas.

—Tras la estrella que usted es,¿cómo es la mujer, la madre y la abuela?
—Alguien muy normal. Fui abuela con cuarenta años. Vivo ese estado desde hace veinticuatro años, ya que Lucille, mi nieta, nació al mismo tiempo que mi hija, Claudia. Tuve derecho a la doble felicidad de ser madre por segunda vez y e inmediatamente abuela.

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