Su marido, asegura: «Intento asegurarme de cogerla despierta por la noche, así que a veces la despierto cuando vuelvo de trabajar», confiesa el guionista de «Spin City», cuya nueva serie de la ABC, «I’m With Her», basada en su experiencia como marido de una famosa, se estrena este mes de septiembre en la televisión estadounidense.

«Se respira un ambiente de familia, cercanía, amor y una verdadera sensación de felicidad. Es maravilloso llegar a casa y verlas a las dos así», añade, señalando a su esposa e hija en el sofá, con «Darla» dormitando su lado.

Nació mediante cesarea
Rowan Francis Henchy —este es el nombre completo de la pequeña— nació por cesárea el 15 de mayo en el New York University Medical Centre, tras largas y agotadoras horas de parto. «Pasaron veinticuatro horas y no ocurría nada», se lamenta Brooke, quien creció en la costa Este, estudió Literatura Francesa en Princeton, Nueva Jersey, y aún vive parte del año en Manhattan. «Rompí aguas, fuimos al hospital y me indujeron el parto. Pero sólo dilataba tres centímetros, por lo que resultaba bastante surrealista. Daba la impresión de que no iba a parecerse nada a lo que yo había previsto: que el bebé salía, que lo colocaban sobre mi pecho y yo miraba a mi marido y a mi hijita. No podría haber sido más distinto».

Para Brooke, tener un hijo era algo que siempre supo que quería, pero nada podía haberla preparado para los problemas o la preocupación que ella y Chris tuvieron que pasar al embarcarse en el agotador tratamiento de fertilización «in vitro» en su apuesta por ser padres.

—Fueron momentos difíciles...
—Tuve problemas para quedarme embarazada por alguna razón estructural, aunque los médicos lo denominan incompetencia—dice Brooke, sin impresionarse lo más mínimo y poniendo caras—. En nuestro hogar no nos gusta la palabra «incompetente»; es una palabra horrible. Se publicó que tenía un cáncer y que me estaban dando quimioterapia, pero no es lo que ocurrió, sino que fue precanceroso. Probablemente no habría hablado públicamente de ello si una enfermera de la clínica (de fertilización «in vitro») no lo hubiera dicho. Se da por hecho que todo el mundo sabe todo de mi vida, e igual que (de pequeña) me grababan las visitas al dentista, ¿por qué no iban a hacer ahora que mi salud formara también parte del espectáculo? —añade, con una sonrisa de oreja a oreja.

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