—Los dos somos personas sensatas —dice Liza— a quienes les preocupa que el otro esté bien. Nos tenemos mucho cariño, pero en estos momentos, quizá (exhala con exageración —«¡puff!»—), necesitábamos poder respirar.
Aunque es difícil que Liza pierda esa energía que la hace seguir adelante, lo cierto es que en los últimos años, su salud ha pasado por una mala etapa. Estuvo a punto de morir por culpa de una encefalitis y le han sido reemplazadas las dos caderas. La inmovilidad la hizo engordar, y fue su marido, David Gest, quien la ayudó y animó a perder cuarenta y cinco kilos y lograr la agradable figura que luce actualmente.
—Cuando uno ya no tiene a su padre ni a su madre, los míos eran fabulosos —recuerda la actriz —, sólo le quedan los amigos. Los amigos entonces se convierten en tu familia. Ha sido gracias a «mi familia» y al apoyo de mi fantástica hermana, Lorna, los que me han hecho luchar para seguir adelante y disfrutar de cada minuto de mi vida actual. Además..., ¿sabes una cosa?, cuanto más difícil se pone todo, más interesante resulta. ¡Ja,ja!
Es gracias a este espíritu luchador y a lo que representa dentro del mundo del arte, que la compañía de cosméticos MAC ha contratado a Liza para que sea su nueva imagen.

Liza afirma que heredó de su madre el sentido del humor y de su padre la capacidad de soñar. Apenas era una niña cuando su padre la llevaba a esas tiendas-supermercados en las que venden de todo en Berverly Hills y preguntaba: «¿Qué quieres ser hoy?».«Una bailarina española», contestaba la niña. Y compraban papel de colores y cajas de imperdibles. Al llegar a casa, su padre, que había sido diseñador de vestuario antes que director de cine, le construía un vestido de gitana y hacía sonar flamenco en los tocadiscos. Así, Liza aprendió a soñar. También aprendió que, si Dios nos da un talento, hemos de compartirlo con los demás.
—Compartirlo y mejorarlo. Creo que nunca se está demasiado preparado. La suerte, cuando llega, ha de encontrarte, si no pasa de largo. Así que he vuelto a las clases de baile, a comer adecuadamente y toda esa serie de cosas, porque me rompí la rodilla en mayo. Había un escalón, todo el mundo tropezó, y por culpa de mis caderas, me caí.
Liza se refiere al concierto en el que iba a participar con Pavarotti en Bolonia, Italia, donde pensaba cantar su famoso «New York, New York». Al final, sólo pudo saludar desde el hospital.

—Algunas veces me preguntan cómo es posible que todo lo que me pasa acabe siempre en la prensa, y lo cierto es que estoy acostumbrada. Nací, mi dieron un azote, lloré y al día siguiente apareció escrito en el periódico. Ha sido así toda mi vida. Por eso, en cada momento de crisis escucho las opiniones de la gente en la que confío y luego tomo mis propias decisiones. He pasado por tantos momentos tan «excitantes», que me creo capaz de superar casi todo. Sobre todo, porque mi fe en Dios me hace creer que va a seguir cuidando de mí como siempre lo ha hecho y me va a ayudar a seguir adelante. No, no tengo miedo.

Porque,como ella dice, «si tienes miedo del futuro y el pasado está lleno de remordimientos, no vives el presente. Y el presente es lo único que tenemos».

Más sobre