Charlize Theron nació y se crió en Bernoni, una localidad eminentemente agrícola situada a las afueras de Johannesburgo, en Sudáfrica, donde sus padres, Charles, un inmigrante francés dueño de una compañía de construcción, y Gerda, alemana, tenían una granja. Afirma que recuerda una infancia más o menos feliz pero muy solitaria en la que su mejor amiga era una cabra llamada Bok. Sus juguetes fueron los animales y el amor que sentía hacia ellos le dejó tal huella que hoy, no sólo vive rodeada de mascotas (actualmente dos perros y un gato), sino que es una activista comprometida en la lucha por los derechos de éstos.

Su vida, sin embargo está marcada por un oscuro acontecimiento del que prefiere no hablar, la muerte de su padre en 1990, cuando ella tenía quince años. Durante mucho tiempo la versión oficial apuntó a que este había fallecido en un accidente de tráfico, pero no hace mucho se supo que Charlize fue testigo de cómo su madre le disparó en defensa propia después de que este llegara una noche a casa empuñando un arma, hecho por el que fue absuelta. Años después su hermano, fruto del segundo matrimonio de su madre, desapareció trágicamente en un accidente de circulación.

De Sudáfrica a Hollywood
Sus estudios de danza, que tuvo que dejar más tarde por una lesión, le ayudaron durante años a sobreponerse al ambiente que se respiraba en su casa, pero la incertidumbre dominaba su futuro. Eran también años de enfrentamientos raciales en Sudáfrica, de cambios sociales y políticos que culminarían con la llegada al poder de Nelson Mandela, a quien por cierto la actriz admira por encima de todo. Por ello Charlize, que siempre contó con el apoyo de su familia para marcharse del país, encontró su vía de escape en un concurso de belleza local. El premio consistía en un viaje a Milán y un curso de modelo. Tenía dieciséis años, y ganó.

Se dedicó entonces a los desfiles, a las pasarelas, a la publicidad -fue el momento también en el que rodó el arriba citado anuncio de Martini en el que un hilo enganchado iba deshilachando su falda, pero ya entonces su principal objetivo era la interpretación. Durante un viaje profesional a Nueva York decidió quedarse, estudió e incluso pudo dar rienda suelta a su afición por la danza en el ballet Joffrey, pero una lesión en la rodilla le obligó a abandonar definitivamente. Como ella misma reconoce, nunca le gustó el trabajo como modelo, un mundo del que ha llegado a renegar y que Woody Allen le dio la posibilidad de parodiar en "Celebrity": "Trabajar como modelo fue para mí como para otras actrices trabajar como camarera. Cada vez que necesitaba dinero, hacía un trabajo como modelo. Lo que fuera para pagar el alquiler. Había sido una bailarina clásica durante doce años. Eso es lo que me hubiera encantado hacer, pero me lastimé tuve que dejarlo." De la Gran Manzana su espíritu inquieto la llevó a Los Ángeles con pocos dólares en el bolsillo y muchas ilusiones puestas en su futuro. Fue una época dura en la que luchó por abrirse paso en el mundo del cine, se presentó a decenas de pruebas y vivió con lo justo, hasta que conoció a un agente artístico por pura casualidad.

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