Raniero de Mónaco murió, a los 81 años, con el corazón quebrado y la respiración rota. En el Centro Cardiotorácico de Montecarlo ya no pudieron hacer nada por salvar la vida del monarca reinante más longevo de Europa (56 años, como Príncipe de los monegascos).
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La desaparición de Grace Kelly dejó huérfana de su princesa la foto de familia de los monegascos. Raniero procuró, desde entonces, reunir entorno así a sus tres hijos siempre que pudo.



6 ABRIL 2005
Raniero de Mónaco murió, a los 81 años, con el corazón quebrado y la respiración rota. En el Centro Cardiotorácico de Montecarlo ya no pudieron hacer nada por salvar la vida del monarca reinante más longevo de Europa (56 años, como Príncipe de los monegascos).

El soberano falleció a las 06.35 horas, víctima de los problemas broncopulmonar, cardíaco y renal que habían motivado su hospitalización, según un escueto comunicado hecho público en el Principado. Rainiero III de Mónaco se encontraba acompañado por su hijo y regente, el príncipe Alberto, según informó Palacio. Los médicos llamaron a Alberto hacia las seis de la mañana cuando comprobaron que el soberano se encontraba en una fase crítica de su enfermedad y sin posibilidad de superarla. Los funerales por Raniero tardarán en celebrarse "al menos una semana", según fuentes de Palacio.

Mónaco guardó silencio por la muerte del hombre que convirtió este pequeño principado, situado en el corazón de Europa, en el reino donde todos los sueños son posibles. Y lo logró por amor, no sólo a la tierra de los Grimaldi, también por su matrimonio con Grace Kelly, la estrella de Hollywood que desplegó todo su glamour en Mónaco. El palacio de los Grimaldi se iluminó. Y Mónaco se convirtió en paraíso, no sólo fiscal, sino también en aquel donde el ocio y la elegancia hallaron su hábitat natural.

La soledad de Raniero
Mientras Mónaco triunfaba en el mundo entero -y su Casino, su Festival Internacional del Circo, y sus playas se convertían en lugar predilecto de la alta sociedad-, Raniero III sufrió la mayor de las pérdidas que un hombre puede tener: el trágico accidente de automóvil, ocurrido el 13 de septiembre de 1982, en el que murió su esposa.
Raniero envejeció de golpe, las ilusiones se esfumaron y sólo gracias al apoyo incondicional de sus hijos (Carolina de 25 años; Alberto, 24; y Estefanía, 17) logró salir adelante para seguir trabajando en lo que siempre había hecho: hacer de Mónaco un Principado próspero. En 1994, seis días después del 45 aniversario de su coronación, Raniero de Mónaco sufrió su primer ataque al corazón.

A partir de ahí su salud se fue deteriorando de tal manera que, en los últimos quince meses, fue ingresado en cinco ocasiones. En diciembre, siempre vigilado por la mirada atenta de su hija Estefanía, no quiso dejar de acudir a su querido Festival Internacional de Circo. Dos meses más tarde, acudió al estadio de fútbol a ver jugar al AS Mónaco. Parecía que sabía que su fin estaba cerca. Y se quería despedir como lo que siempre fue: un caballero que valora y agradece.

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