No existe forma más rápida de elevar el nivel de glamour de un rostro que maquillar los labios de un color intenso, preferiblemente rojo. Este gesto tan sencillo da un aspecto sofisticado a la expresión, si bien tiene sus propias reglas.

Una boca roja requiere un mantenimiento impecable. Es absolutamente intolerable lucirla en un carmín encendido si están mal delineados, el color se escapa por las arruguitas o no está aplicado de forma uniforme.

Lleve siempre consigo un espejito (para comprobaciones regulares); pincel de labios y el color para retoques. Ocasionalmente, la línea exterior se desdibuja tanto que hay que volver a maquillar la boca desde el principio. En ese caso, retire todo resto de labial y aplique un poco de maquillaje sobre la boca para crear un lienzo en blanco que le permita volver a pintarse los labios sin que el color se superponga al anterior.

El delineador es imprescindible para evitar que el color se desplace, ¡en la medida de lo posible! Puede usarlo antes de extender el labial, como marco de referencia, o bien después de aplicarlo, como muro de contención.

Recuerde que las fórmulas más mates son más duraderas que las cremosas, pero pueden resultar algo ásperas y restar luz a la expresión. Puede combinar una barra de labios mate con un toque de gloss en el centro de labio inferior, que le dará un aspecto más jugoso a la boca.

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