Reglas para un cuerpo terso

Para que la piel se encuentre en el mejor estado posible, hace falta comenzar a cuidarla cuanto antes, sin esperar al último momento.

El sedentarismo, enemigo número uno
El cuerpo humano es una máquina que necesita ponerse en marcha de forma regular y constante para estar en plena forma. La inactividad le resulta devastadora: basta observar las nefastas consecuencias que sobre cualquiera tiene un periodo de reposo prolongado. Debilidad, pérdida de masa muscular, fatiga… Repartir el día tan sólo entre silla, coche y sofá es un error. ¡Demasiado bienestar es contraproducente! Hay que hacer trabajar al organismo. Vamos, que hay que darle un poquito de marcha… Por eso es tan importante hacer un hueco para el ejercicio. Y con ello no nos referimos tan sólo al gimnasio o a deportes de alta competición. Andar veinte minutos seguidos al día; renunciar al ascensor; sacar a pasear a los perros; apuntarse a clases de baile; olvidarse del coche para hacer la compra … Todo vale con tal de inyectar energía en estado puro en el día a día: es la receta más eficaz para cargarse de vitalidad y, con ello, de fuerza muscular.

Más fuerza, por favor
A menudo, cuando se habla de la importancia de hacer ejercicio, parece como si mencionáramos tan solo la actividad aeróbica o cardiovascular. Por ejemplo, correr; hacer bicicleta; aeróbic, nadar, etc. Es decir, el ejercicio que hace trabajar corazón y pulmones y ayuda a quemar calorías. Pero no basta sólo con eso: es importante tomar en consideración los estiramientos (para aumento y mejora de la flexibilidad), así como el trabajo de tonificación, basado en el fortalecimiento de la musculatura. Esto se consigue ayudándose del propio peso del cuerpo (por ej., a través de ejercicios como las flexiones o las sentadillas) o con mancuernas, pesas o máquinas.

Sin miedo a las pesas
Muchas mujeres temen los ejercicios de tonificación pensando que acabarán pareciendo una versión femenina de Schwarzenegger. Nada más lejos de la realidad. Por razones hormonales y de constitución, a las mujeres les cuesta mucho más hacer músculo que a los hombres. La silueta de las culturistas no es fruto de la casualidad: para conseguirla, necesitan seguir un programa de entrenamiento extremo; tener un índice de grasa corporal bajísimo y, además, recurrir a peligrosísimos y dañinos preparados anabolizantes. Para el resto de las mortales, hacer ejercicios de tonificación resulta en una silueta más firme, una mayor sensación de energía e incluso una disminución del riesgo de osteoporosis. Cuanto mayor es la mujer, más importante se hace este tipo de entrenamiento, ya que es una de las mejores formas para mantenerse fuerte hasta la vejez.

ZONAS DE ALTO RIESGO
Las áreas más traicioneras a la hora de delatar los primeros signos de flacidez son las que requieren un menor esfuerzo muscular. Es el caso de la cara interna de los brazos, que, generalmente, no soporta la "prueba del salero" a partir de los treinta y pocos. Es decir, que si se agitan a la altura de la muñeca, se mueven como un flan. La razón estriba en que los bíceps (los músculos de "hacer bola", esos que van de hombros a codo, por la cara externa), son los que se hacen cargo de la mayor parte del trabajo, dejando a un lado a los tríceps, los del lado contrario. Algo similar sucede con la cara interna de los muslos, donde abductores y adductores ceden el protagonismo a los cuádriceps, los poderosísimos músculos de la cara anterior de las piernas, lo que se traduce en una flacidez prematura en el área contraria. La mejor forma de ponerle freno es hacer ejercicios de tonificación específicos de forma regular y constante, al menos tres veces por semana.

Rayos UV, enemigos de la tersura
Dos son las sustancias encargadas de mantener la fuerza de la piel: el colágeno y la elastina. El primero se organiza con estructuras similares a las de una red, mientras que la segunda lo hace con formas parecidas a muelles. Entre ambas, preservan la firmeza y la capacidad de recuperación de nuestra epidermis. ¿Qué pasa si empiezan a fallar? La piel pierde resistencia. Cae, se hace más débil.
Dado que la radiación ultravioleta es uno de los grandes enemigos de estas fibras de sostén, nada como evitar su incidencia sobre la piel para mantenerlas a salvo. Es decir: cuanto menos sol, mejor. Éste desorganiza por completo tanto el colágeno como la elastina, sembrando el caos en lo que debería ser una estructura rígida y organizada. ¡Lo mismo se aplica para el bronceado artificial! Las cabinas de rayos UVA, si bien no producen eritema o quemadura solar, son capaces (y más que de sobra…) de causar una importante y notable flacidez muy difícil de corregir. A no ser, claro está, que no se recurra a medidas drásticas como la cirugía, lo que ya son palabras mayores.

El poder del frío
Desde tiempos inmemoriales, el uso de agua helada ha sido un remedio clásico para contrarrestar la flacidez. Y no sin razón. Aunque no sea un gesto especialmente placentero, acabar la ducha con un buen chorro de agua fría es un excelente sistema para mejorar la circulación y tonificar el cuerpo, siempre con movimientos que vayan en dirección al corazón. Es decir, empezando en los pies y subiendo hacia el ombligo, para después ir hacia las muñecas y dirigir el chorro hacia el torso. Es conveniente convertir este gesto en un hábito consustancial a la ducha diaria, especialmente en las mujeres con problemas de circulación.

LA AYUDA COSMÉTICA
No hay crema capaz de hacer milagros, pero eso no quiere decir que unos cosméticos bien elegidos no puedan resultar de gran ayuda. Es el caso de los productos reafirmantes, que contribuyen a devolver la tersura a la piel. La clave radica en usarlos de forma frecuente, y no sólo justo antes de la primera semana de playa. Son ricos en activos tensores como la centella asiática; regenerantes, como el gingko biloba; y además incluyen agentes capaces de poner freno a los enemigos naturales de las fibras de sostén (como por ej. a la elastasa, sustancia que degrada la elastina), preservando las defensas naturales del organismo.

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