Exactamente a 15 minutos del aeropuerto, se haya "el último cinco estrellas nacido en África del Norte", frente al mar y junto a una inmensa playa de arena fina de las costas Cartago. Una magnífica nave abovedada, como una basílica bizantina, da la bienvenida con su inmenso ventanal que ya permite observar las fuentes, el anfiteatro de agua, el lago azul de la piscina, los jardines y el mar, augurando unos futuros días plenos de tranquilidad y encanto.

La preocupación extrema por el refinamiento de la decoración se traduce en la elección de los materiales: mármoles coloreados, terracota, piedra pulida y maderas preciosas cubren los suelos; para las paredes, mosaicos, estucos, colores transparentes y ocres, baldosas y rejas de hierro forjado.

El hotel cuenta con 170 habitaciones, repartidas en las cuatro plantas. Todas ellas cuentan con accesorios que aseguran la comodidad total. Y cuando llega el momento de visitar las termas, basta con salir del cuarto vestido con el albornoz, ya que se puede acceder a ellas por la entreplanta situada encima de las arcadas del gran hall.

Su arquitectura recrea la atmósfera hechizante del combinado de los baños romanos y turcos de la Antigüedad. Columnatas, balaustradas, cúpulas, pasillos con arcadas, patios, fuentes y estanques forman un espacio que reconforta los espíritus más inquietos. Alrededor de los patios Amilcar y Salambo, previstos para la espera y el descanso, se encuentran 30 cabinas íntimas y espaciosas para los tratamientos. Y además, se puede disfrutar de una hermosa piscina, con aguas turquesas en un juego de luces y sombras.

Son muchas las curas que allí ofrecen al visitante: adelgazantes, las que potencian la recuperación de la forma, las curas para dejar de fumar, las de educación postural para la espalda y el especial belleza, consistente en una revitalización del organismo para conseguir un efecto regenerante y tonificante que protege contra el envejecimiento prematuro. El centro aprovecha además las virtudes del Mediterráneo, caracterizado por un agua muy rica en cloruro sódico y en magnesio. La extrae a mil metros de la costa para los cuidados de talasoterapia. En cada cabina un colgador térmico tiene siempre un cálido albornoz preparado para envolver al cliente al final de su sesión.

Pero aún hay más, ya que su tratamiento estrella es el masaje manual de 45 minutos, para relajarse desde los dedos de los pies a la cabeza, sin olvidar un extraordinario masaje facial. ¡Todo un sueño, que convierte la despedida en el nostálgico pensamiento de regresar lo antes posible!

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