Buscaba a su mamá biológica y la encontró gracias a un restaurante que se llama como él

Reencontrarse fue el mejor regalo de cumpleaños que ella pudo haber tenido

El Coronel de las Fuerzas Armadas Bruce Hollywood tenía dos grandes pendientes en su vida que, de no haber sido por un ataque al corazón, no habría tenido la determinación de cumplir. De un momento a otro, camino a su trabajo, se encontró muy enfermo en el piso. Fue entonces cuando pensó que todo había terminado y que su vida había llegado al final. No fue así. Bruce se recuperó, pero en su camino en ambulancia al hospital, se dio cuenta de que esa oportunidad de vida era para poder ayudar a su hijo con sus solicitudes a la universidad y encontrar a su madre biológica, una mujer japonesa que lo dio en adopción en 1960.

Madre e hijo se reencontraron por un restauranteVER GALERÍA

Bruce siempre supo que era adoptado. Los rasgos asiáticos eran muy distintos a los de sus padres, Edward, un hombre irlandés, y Eleanor, de origen noruego. La familia Hollywood le dio un excelente hogar en Estados Unidos a Bruce, que siempre estuvo lleno de amor. Eleanor, quien había fallecido años atrás, lo motivaba para que conociera a su verdadera madre, incluso le ofrecían un boleto para Japón con el que podría encontrar sus raíces. Pero Bruce jamás lo aceptó.

Tras recuperarse de su ataque al corazón, Bruce inició su búsqueda. Al principio planeaba enviarle a su madre una carta secreta en caso de que jamás hubiera revelado que tuvo un hijo. En ella le contaría la maravillosa vida que ha tenido y además de sus logros. Lo único que sabía de ella era su nombre y le dio a la embajada japonesa la poca información que sus padres le habían contado. Pero no tuvo suerte. Bruce incluso contrató un detective privado pero tampoco logró dar con la mujer. Desilusionado, se rindió pensando en que al menos lo había intentado.

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Meses más tarde, en un aeropuerto, se encontró con otro soldado, cuya madre también era japonesa, con quien se puso a platicar y le contó su historia. Su amigo le aseguró que él podría ayudarle y, con muchas dudas sobre sus palabras, le otorgó los datos de su madre.   

Poco más de una semana después, Bruce recibió una llamada en su oficina en el Pentágono. Del otro lado de la línea le informaban que habían encontrado a su madre y que le llamaría a ese mismo número en 10 minutos, pero que ella no hablaba inglés. Emocionado, el oficial consiguió una intérprete que lo ayudó a tener la primera plática con su madre en casi 60 años.

Su madre, Nobue, le contó a la intérprete y su hijo que al día siguiente sería su cumpleaños número 65 y que su único deseo era reencontrarse con él. Días más tarde, Bruce estaba en Japón con ella, en un restaurante que había llamado igual que él con la esperanza de que fuera una guía de regreso a sus brazos. Y justo así fue. La madre de su amigo conocía el restaurante y fue así como lograron ponerse en contacto con ella. Durante el tiempo que Bruce estuvo en Japón, su madre no quiso separarse de él en ningún momento. Ni siquiera por las mañanas cuando él salía a correr, pues iba detrás de su hijo en bicicleta, mostrándole el lugar en el que vivía.

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La historia de amor de su mamá

Nobue le contó a su hijo que estuvo muy enamorada de su padre, un hombre de las fuerzas armadas que antes de casarse con ella, fue enviado lejos de casa con la promesa de llamarla. Como no cumplió con su promesa en tiempo, meses más tarde, cuando quiso ponerse en contacto con ella, Nobue no recibió la llamada pensando que no era un hombre de palabra. Ella jamás le contó que estaba embarazada.

A sabiendas que un niño de raza mixta sería difícil de criar en Japón, dio en adopción a su hijo. Fue entonces cuando se encontró con los padres adoptivos de Bruce, que en ese tiempo se encontraban con las fuerzas de Estados Unidos en Japón. Así, madre e hijo se reencontraron después de casi 6 décadas, probando que el lazo maternal es más fuerte que el tiempo y la distancia.

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