Mujeres de bajos recursos alquilan sus vientres, cuentan su experiencia: ‘Me sacaron el bebé y nunca lo vi’

‘Siempre me he preguntado si es como cualquiera de mis otros hijos. Lo echo de menos y daría cualquier cosa por verlo una vez’, comentó una madre suplente

La ciudad de Chennai, que se encuentra en el sur de India, se ha convertido en uno de los principales destinos para las personas que buscan madres sustitutas para sus bebés. Miles de parejas infértiles de todo el mundo viajan a esa ciudad con el fin de encontrar una madre suplente, y es que existen hospitales que se especializan no sólo a realizar el procedimiento, sino a conseguir los vientres de alquiler.

Según reportó la BBC, generalmente las mujeres que se prestan para el servicio disponen de pocos recursos, y ganar alrededor de $3000 dólares por alquilar su vientre es una inmensa ayuda para ellas y sus familias. Pero aunque se supone que todo el procedimiento es no es más que una transacción de negocios, muchas de estas madres se hunden en depresión después de parir, pues es inevitable que no formen lazos emocionales con los bebés.

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“Hace siete años estábamos pasando por dificultades económicas. Habíamos pedido un préstamo de 100.000 rupias (US$1.500) para pagar la educación de nuestros niños y necesitábamos devolver el dinero”, narró Sumathi, una mujer de 38 años que ya pasó por la experiencia. “Un día me encontré con un hombre que trabajaba como agente para una clínica de maternidad subrogada. Me dijo que podría ganar 200.000 rupias ($3.000 dólares) como madre de alquiler. Yo sabía que otras dos mujeres de mi barrio lo habían hecho, así que accedí”.

Aparte de ganar el dinero que tanto le hacía falta, Sumathi también decidió prestar su vientre porque para ella era una manera de ayudar a una pareja: “Pensé: ‘Tengo cuatro hijos y ahora puedo ayudar a gente que no puede tener ninguno’. Me puse a pensar lo horrible que sería si mi hija no pudiera tener hijos. Todo el mundo debería tener hijos, así que quería ayudar”.

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Como es de esperarse, en este tipo de servicios existen protocolos muy serios, y la privacidad del cliente es muy importante: “Nunca he conocido a los verdaderos padres y no tengo idea quiénes son. Todavía estaba sedada cuando me sacaron al bebé. Nunca lo vi. No tengo idea si es blanco o negro, indio o extranjero, ni siquiera supe si era niño o niña. Cuando desperté, mis primeras palabras a mi marido fueron: ‘¿Viste al bebé? ¿Es hombre o mujer?’. Dijo que no lo había visto. Le pregunté a mi médico, pero no respondió: ‘Usted es una madre de alquiler, no debe hacer estas preguntas’”.

Para Sumathi, quien cargó el bebé en su vientre durante seis meses, fue muy difícil olvidarse de aquella criatura: “Quiero saber sobre el bebé. Quiero saber dónde está, qué está estudiando. Durante tres meses después del parto no pude dormir. Me daba dolor de cabeza pensar en el bebé y tuve que tomar medicamentos para calmarme”.

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Aunque nunca ha vuelto a ver el bebé, para Sumathi fue como perder su propio hijo: “Cada año, el 4 de noviembre, que es el día que nació, nuestra familia celebra su cumpleaños. Hago todos los rituales que hago para mis otros hijos. Ayuno por la mañana, cocino payasam (arroz con leche) y lo comparto con mi familia y vecinos. También visito el templo para pedir por el bienestar del bebé y que tenga una larga vida. Siempre me he preguntado si es como cualquiera de mis otros hijos. Lo echo de menos y daría cualquier cosa por verlo una vez”.

Existen muchas otras mujeres que, al igual que Sumathi, alquilan su vientre por necesidad económica, y luego forman lazos fuertes con los bebés: “Yo entiendo que, después de todo, no es mi bebé, pero sé que si lo hubiese visto, no lo habría entregado”. Desafortunadamente es un vacío que no se llena fácil: “Con mi familia hablamos del bebé, pensamos que tal vez sería más feliz con nosotros. Pero entonces recordamos que somos una familia pobre, y en los momentos difíciles pensamos que está mejor en una familia rica”.

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