Los Kennedy canadienses vuelven a escena: Justin Trudeau, el joven primer ministro del que todo el mundo habla

La familia Trudeau es en Canadá lo que los Kennedy son en Estados Unidos: una dinastía de políticos, carismáticos hasta la adoración, protagonista de una vida de leyenda y de tragedia, y que ahora ha vuelto a escena ocupando la primera plana política como años ha. Y es que el actual líder del clan, Justin, que se presentó a las recientes elecciones generales del 19 de octubre liderando al Partido Liberal canadiense -el mismo en el que su padre, Pierre Trudeau, considerado el refundador del Canadá moderno, hizo carrera política y se convirtió en el Primer Ministro del país durante 15 años-, ha repetido proeza. Se ha proclamado nuevo Primer Ministro derrotando al conservador Stephen Harper, y su predecesor en el cargo, con una victoria más amplia de la que incluso los sondeos más alagüeños apuntaban.

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Su triunfo tiene ironía. Justin nunca tuvo aspiraciones políticas, pese a que estaba predeterminado genéticamente para lo contrario: tanto su padre como su abuelo materno, James Sinclair, que llegó a ser Ministro de Pesca de Canadá, se dedicaron a las cosas del gobierno y negocios del Estado. Él se desvió tanto como pudo del camino marcado y se entregó durante años a la enseñanza viviendo de manera discreta desde que su padre dejó el poder. No se veía obligado a seguir sus mismos pasos porque, como revela en su autobiografía Common Ground, aparecida en octubre de 2014, su familia ya había hecho "más que suficiente".

Un giro... hacia el gobierno
Marcó el cambio de su trayectoria el discurso que pronunció en el funeral de su padre en la basílica de Notre-Dame de Montreal en octubre de 2000, cuando tenía 28 años. Emocionó a personalidades y a amigos con una glosa a su figura a través de anécdotas de la infancia. Sus palabras, en inglés y francés, su dicción y sus impecables maneras convencieron a muchos de la posibilidad de una dinastía Trudeau. Y lo que no habían conseguido los genes, lo hizo con el tiempo la confianza de tantos que ponían sus esperanzas en él en aquellos momentos en los que el partido de su padre se encontraba con las constantes vitales muy, muy débiles. Corrigió su destino y emprendió rumbo de vuelta al redil político en el que, como ya se sabe, ha saboreado un éxito tras otro desde 2007, cuando consiguió ganar el escaño de Papineau en las elecciones federales.

Su parecido con los Kennedy no se queda en su apasionante historia de poder y liderazgo. También comparte con John Fitzgerald y John John Kennedy la buena fachada. Los fuertes del canadiense son unos ojos azules cristalinos y un cuerpo bien esculpido como demostró a golpe de gancho en un combate benéfico de boxeo contra Patrick Brazeau, del partido conservador, al que venció por K.O., así como también -y esta vez para las delicias de las féminas- en un strip tease. Por supuesto, benéfico.

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Primera Dama con causa
Tampoco a Justin le falta su Jackie. Desconocemos si había luna llena, una cena a la luz de las velas o sonaba su canción cuando se declaró a su mujer pero, si no era así, ni falta que hacía con semejante directo al corazón: "En la primera cita me miró a los ojos y me dijo: ‘He estado esperándote 31 años. Vas a casarte conmigo. Vamos a formar una familia”, reveló Sophie Grégoire, hoy Primera Dama de Canadá, en una entrevista a Women on the Fence.

Se conocieron siendo niños, ya que ella había sido compañera de clase del hermano de Justin, Michel Trudeau, que falleció años después en una avalancha de nieve. Perdieron el contacto hasta que en 2003 el destino volvió a reunirlos en un baile benéfico. Tras haberse echado tanto de menos durante varios años, no quisieron separarse nunca más ni esperar a casarse, ni a formar una familia, así que en 2004 se comprometieron; en 2005 sellaron su amor en una ceremonia católica en la iglesia Sainte Madeleine d'Outremont de Montreal, y en 2007 llegaba al mundo el primero de sus tres hijos: Xavier James Trudeau, de ocho años; Ella-Grace Margaret Trudeau, de seis, y Hadrien Trudeau, de 20 meses.

Sophie Grégoire ha trabajado como reportera de televisión en varios canales; ha sido personal shopper y también instructora de yoga, disciplina física y mental que le sirvió de gran ayuda para superar su propio drama. Porque, aunque tuvo una infancia feliz, era buena estudiante, se relacionaba bien con sus compañeros y era deportista, ni Princesas -vienen a nuestra memoria Diana de Gales o Victoria de Suecia- ni Primeras Damas ni jóvenes preciosas con todo el futuro por delante están libres de caer en las redes de la bulimia nerviosa. Y ella cayó. Sus problemas comenzaron a los 17 y se prolongaron hasta que a los veinte se reveló la enfermedad a sus padres y entonces comenzó su recuperación: dos años de terapia, el apoyo de sus seres queridos y, como decíamos, mucho yoga. Ahora como toda mujer de Presidente o Primer Ministro de pro es una Primera Dama con causa, comprometida con la suya y con un sinfín más.

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Las espinas de Justin Trudeau
Maestro, actor, liberal, agitador de masas… Son algunas de las mil caras de la fortuna de Justin. Pero el nuevo Primer Ministro no arrastra tras de sí un camino de rosas solamente –o de hojas de arce-, también de espinas. Muy afiladas y muy profundas. Una de esas fue la separación de sus padres, el primer ministro Pierre Trudeau y la escritora, actriz, fotógrafa, expresentadora de televisión y defensora de las víctimas de trastorno bipolar Margaret Joan Sinclair, treinta años más joven que él.

Se conocieron en unas vacaciones en Tahití cuando Pierre Trudeau era por aquel entonces ministro de Justicia y Margaret Sinclair tenía 18 otoños. Ella no lo reconoció y apenas le dejó huella su encuentro, pero sí hubo flechazo para Trudeau, que no dejó escapar a su despreocupada “niña en flor” y comenzó a cortejarla. Su boda elevó algunas cejas por la diferencia de edad (Trudeau tenía 52 años y Sinclair 22), pero se consideró relativamente normal, dadas las ideas progresistas que siempre había defendido el Primer Ministro.

El matrimonio pronto comenzó a desmoronarse y acabó finalmente en divorcio en 1977. Por las constantes ausencias relacionadas con el trabajo de él, por los altibajos emocionales de ella a causa de un trastorno bipolar. A los momentos álgidos y de desenfreno, en los que Margaret protagonizaba apariciones con poca ropa en el Studio 54 y romances con el senador Ted Kennedy o con los Rolling Stones, entre ellos Ronnie Wood y, según cuenta Keith Richards, Mick Jagger, le seguían los consecutivos periodos de encierro por depresión, que agravó la muerte de su hijo pequeño, Michel, la gran tragedia familiar. Hoy Margaret Sinclair, que vive volcada a quitar el estigma social de esta enfermedad y ayudar a los que la sufren, se erige orgullosa como la mujer detrás de tres grandes hombres, como hija de ministro, esposa de Primer Ministro y ahora también madre de Primer Ministro. La dinastía política de Canadá.

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