Cuatro maneras de entender el lujo en la decoración de interiores

La belleza es cosa de, al menos, dos y aquí se alía con el buen gusto, demostrando cómo el ‘glamour’ puede instalarse en nuestros hogares y convertirse en una inspiración.

El lujo tiene diferentes caras, que muestran versiones distintas de sí mismo, que mantienen, eso sí, intacto su estilo. Como en un ‘remake’ de una película, asistimos a nuevas formas de entenderlo y de acercarnos a él, solo nos queda encontrar la que mejor se amolde a nosotros y a nuestra casa.

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A veces el lujo son los detalles, las proporciones, la distribución que hace que los espacios luzcan serenos, equilibrados, con armonía. Es el placer de la belleza, incluso de la belleza ‘operada’, que no puedes dejar de mirar y de pretender. Otras veces muestra su faceta más fastuosa y exagerada, esa que recrea atmósferas excesivas que, sin embargo, no causan rechazo sino admiración, donde el exceso de todo –desde mobiliario hasta colores u obras de arte– nos conquista y nos emociona.

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El lujo tranquilo

Casi siempre es ‘l’art de vivre’, el buen gusto y la capacidad para emocionarnos. Es más sosegado, más tranquilo, aquel que potencia el alma de la casa, que saca partido a las columnas, los pavimentos antiguos, la madera en el techo… No necesita mucho para alcanzar la gloria y la sofisticación, pero no es fácil de lograr. Se enriquece con piezas únicas y especiales, bien ubicadas. No son necesarias muchas, ya que huye de la ostentación, pero sí que sean realmente exclusivas. Su valor se encuentra en lograr que un espacio bello, pero sin ‘alma’ logre encontrar y atrapar en él la sofisticación y el buen gusto. Un complicado ejercicio de estilo decorativo.

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Puro exceso

Opulencia, derroche maximalismo… Todo se da cita en estos espacios, donde nada falta, pero tampoco nada sobra. Es exceso, son materiales magníficos –el mármol es un valor seguro–, donde no faltan los brillos dorados, las texturas y telas maravillosas que visten ventanas y tapizan sofás. Hablamos de terciopelos –un clásico ‘de luxe’–, sedas y ricos jacquards, pero también de estampados clásicos –adoramos la pata de gallo– o de modernas geometrías en cojines y mantas. Este nuevo lujo, más transgresor y audaz, muestra el lado más extravagante de la casa y es solo apto para 'valientes', que no tienen miedo de vivir al límite, en la fina barrera que separa el buen gusto del horror más absoluto. Para apostar por esta versión debes estar muy segura de lo que haces y de ti misma.

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Espíritu de coleccionista

Arte en movimiento. Y no nos referimos solo a la pintura, la fotografía y la escultura –casi siempre sinónimos de lujo– sino que abrimos este universo artístico para incluir a piezas de mobiliario, especiales y únicas. Butacas, lámparas, mesas… Pueden convertirse en protagonistas de los espacios, aportando el toque de sofisticación necesario.

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Eso sí, para que no pierdan su poder y su ‘glamour’ no deben sobreexponerse. La clave está en elegir qué pieza o piezas quieres mostrar y cuáles –por maravillosas que sean–vas a dejar ‘ocultas’ en un segundo o tercer plano.

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