El correcto almacenamiento de los alimentos, una magnífica manera de cuidar la salud… ¡y el bolsillo!

Una buena planificación y gestión de los productos que compramos resulta fundamental para evitar el despilfarro de comida

Según las estadísticas, cada estado europeo desperdicia 180 Kilos de alimentos al año, de los cuales, los hogares son responsables en un 42%. Unas cifras alarmantes que podrían verse reducidas con gestos muy simples. Uno de ellos consiste en el correcto almacenamiento en casa de los productos que compramos en el mercado. Algo en apariencia trivial, pero que puede ayudarnos a evitar, por ejemplo, contaminaciones cruzadas entre alimentos; el desperdicio de comida; o gastar más dinero de la cuenta (puesto que nos vemos en la necesidad de comprar productos que se han echado a perder antes de tiempo).

 

 

Estos son los consejos que, para evitar este tipo de situaciones, nos proponen desde el 'Instituto Silestone' (plataforma dedicada al estudio y divulgación de conocimiento en lo relativo al mundo de la cocina como entorno social y de trabajo):

  • El lugar destinado a almacenar alimentos debe cumplir unos requisitos indispensables:

    -En primer lugar, tener capacidad suficiente, dependiendo del uso que se le vaya a dar, y que permita tener los productos ordenados y a la vista.

    -En segundo lugar, ser un lugar fresco, seco y con una ventilación adecuada o tener la capacidad de mantener temperaturas de refrigeración (0-5ºC) o congelación (menor a -18ºC) según sea el caso.

    -Debe ser de fácil limpieza y desinfección para garantizar la menor contaminación de los productos.
  • En el caso de la despensa se deben almacenar aquellos alimentos que puedan mantenerse a temperatura ambiente como legumbres, cereales y derivados: harina, pastas, galletas…También azúcar, sal, café, cacao, especias, aceite, etc, o aquéllos que hayan sido sometidos a tratamientos higienizantes que no requieran frío para su conservación como leche esterilizada o conservas, todos ellos alimentos estables a temperatura ambiente.
  • La mayoría de frutas y verduras pueden conservarse a temperatura ambiente en un ambiente seco, fresco y muy bien ventilado. Ya que se trata de alimentos de rápido deterioro, es imprescindible realizar una cuidadosa inspección diaria de su estado.
  • Los alimentos, aunque estén envasados, no deben entrar nunca en contacto con el suelo. Además si la despensa se sitúa en un armario, éste deberá disponer de puertas que protejan los alimentos del exterior.
  • No se debe caer en la tentación de guardar en la despensa junto con los alimentos productos de limpieza o de otra naturaleza que puedan contaminarlos: los lugares de almacenamiento de alimentos sólo deben ser destinados a este fin.
  • Las semiconservas como las anchoas y algunos envasados al vacío (fiambres, salmón ahumado...) necesitan temperaturas de refrigeración para su conservación. Los productos pasterizados tienen una vida útil muy corta y necesitan refrigeración. Por el contrario los alimentos esterilizados pueden conservarse a temperatura ambiente, pero una vez abierto el envase deben refrigerarse. Algunos alimentos como los huevos mejoran significativamente su conservación alargando su vida útil bajo condiciones de refrigeración, evitando en gran medida el posible desarrollo de microorganismos no deseables.
  • Para realizar una correcta rotación de los productos, colocar siempre delante para su uso más inmediato los productos más antiguos, revisando periódicamente tanto su estado como las fechas de caducidad o consumo preferente, según sea el caso.

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