Hay muchos azúcares y no siempre sabemos identificarlos. El refinado (y al que solemos llamar, generalizando, azúcar), además de no tener aporte nutritivo alguno, es una de las sustancias más dañinas para la salud. Su consumo elevado se vincula con diversas enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo II, determinados tipos de cáncer, problemas neurológicos y, por supuesto, obesidad.

Entonces, ¿qué pasa cuando sustituimos este tipo de azúcar por los llamados naturales, esos que no están refinados, como son el azúcar moreno, la panela o el azúcar de caña, además de los siropes, jarabes y ese gran número de mieles que podemos encontrar en el mercado? Pues bien, aunque sí que es cierto que aportan algún nutriente interesante, su porcentaje es tan mínimo que tampoco justifica su consumo habitual, pues sigue siendo azúcar: se comportan de la misma forma que el de tipo refinado en nuestro organismo, con sus mismos efectos perjudiciales.

Además, la industria nos ofrece una gran cantidad de endulzantes y edulcorantes artificiales que aportan pocas o ninguna calorías y que, al paladar, suelen agradarle y resultar buenos sustitutos. Pero, ¿son realmente saludables? La respuesta vuelve a ser no. Además de inducir a los mismos comportamientos funcionales que los anteriores, aunque no supongan un aumento de glucosa en sangre muy grande, puede ocasionar disfunciones en la flora intestinal, manteniendo la adicción que los neurocientíficos destacan sobre el consumo de azúcar.

LOS MEJORES SUSTITUTOS: ESTEVIA Y SUCRALOSA

Pero si todo es malo, ¿cuál sería la opción más saludable para endulzar? La solución con la que podremos ver resultados a corto plazo, como esas pérdidas de peso que al final buscamos con su reducción, es la de no añadir azúcar ni edulcorantes a nuestros alimentos, ya que, por sí mismos, nos deberían aportar los nutrientes necesarios. Para llegar hasta objetivo de ‘azúcar cero’, lo mejor es ir disminuyendo paulatinamente su consumo. Para ello, el mejor sustituto de todos estos azúcares añadidos es, en primer lugar, la estevia (que se obtiene directamente de la propia hoja de la planta con el mismo nombre) y, en segundo lugar, la sucralosa.

Estas magdalenas de chocolate son un buen ejemplo de todas esas recetas que podemos disfrutar muy dulces, pero sin azúcares añadidos. Tan solo necesitarás un plátano pequeño, un huevo, una cucharada de cacao puro, una onza de chocolate al menos del 85%, una pizca de bicarbonato y canela al gusto. Mezcla todo los ingredientes y mételo en el microondas durante 1:30 minutos o en el horno a 200 °C durante 10 minutos.

 

Con respecto a la estevia, lo mejor es elegir la denominada stevia rebaudiana, en cualquiera de sus formatos, pero que contenga siempre un alto porcentaje de glucósidos de esteviol o extracto de estevia. Tiene un alto poder endulzante y un cierto sabor a regaliz que puede llegar a amargar nuestros platos si lo utilizamos en exceso o con altas temperaturas. Por eso, también es importante ver las indicaciones del fabricante, ya que la cantidad recomendada dependerá del formato utilizado (en líquido, granulado, etc.) y de la propia pureza del producto.

La sucralosa, derivada del azúcar, tiene prácticamente el mismo sabor que el azúcar refinado y se comporta muy bien en todos los postres que hagamos en el horno. Una sola cucharadita equivale a una cucharada llena de azúcar, aunque siempre hay que consultar las indicaciones del fabricante.

Pero no olvidemos nunca que la mejor opción es y será siempre endulzar nuestros platos con alimentos que contengan azúcares naturales, como son las frutas deshidratadas, las pasas, los orejones y los dátiles, o frutas naturales como la manzana asada o el plátano. La canela, el coco rallado o el cacao puro son otras tres buenas opciones y, si tenemos que endulzar nuestras recetas saladas: aguacate, remolacha, zanahorias o aceite de coco.

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