¿Quieres ser tu propio panadero? Aquí tienes el paso a paso definitivo

Cada vez son más los que se atreven a elaborar pan casero y, aunque es verdad que no es nada sencillo, con un poco de paciencia y trabajo, puedes conseguir un auténtico producto ‘gourmet’ que, además, será muy natural

Se autodenominan panarras y han conseguido, en apenas unos años, que ese producto tan básico como era el pan pueda convertirse (ya sea por sus ingredientes o la forma de su elaboración) en un auténtico producto gourmet. Decenas de artículos que buscan cuál es la mejor panadería de una ciudad, que mezclan y reinventan la receta tradicional (esa que siempre nos ha llevado a creer que el único pan era el blanco, el integral o el sin sal) y que hablan de las propiedades de la masa madre como el último descubrimiento gastronómico. Pero ellos, los panarras, defienden el trabajo casero: elaborar pan en casa de forma artesanal. Y es que, aunque pueda resultar algo laborioso al principio, acabas por cogerle el truco y se convierte en algo muy gratificante.

LA FÓRMULA MÁGICA

Más que mágica, es sencilla: harina, agua, sal y levadura. Es todo lo que necesitamos, pero teniendo en cuenta tres cosas (ahí está el truco). Lo primero es elegir bien el tipo de harina y el tipo de levadura, después guardar las proporciones y, por último, acertar con la temperatura de los ingredientes a la hora de su elaboración.

¿Qué harina escojo? Si eres principiante, lo más recomendable es usar harinas de trigo con un alto nivel de proteínas (es decir, mayor contenido de gluten). Son las más elásticas, más resistentes y presentan una alta absorción de agua, con lo que conseguirás una mayor esponjosidad y, además, se enfrentarán mejor al proceso de fermentación. Por tanto, salvo que vayas hacer un pan tipo brioche o de molde, lo mejor es utilizar harina de fuerza o mezclar esta con un poco de harina de tipo 0.

¿Y la levadura? Puedes utilizar levadura seca o fresca, pero tienes que tener claro que debe ser de las que fermenten. Según Levanova (marca especializada en este tipo de ingredientes), “este proceso no solo eleva la masa, sino que interviene en la creación de la forma externa e interna del pan, en su estructura y le aporta sus aromas y sabores”. De ahí que sea uno de los momentos clave. Si decides usar la primera de ellas, que se conserva intacta durante mucho tiempo, tienes que tener en cuenta que la cantidad no debe ser muy grande, pues su efecto es muy potente. Si te decides por la segunda, desmenúzala con los dedos y disuélvela en agua tibia.

Sigue las proporciones: por cada 500 g de harina, deberás poner 300 g de agua, 10 g de sal y 10 g de levadura. Es muy importante que esa agua esté tibia siempre y que la levadura, si es fresca, haya estado un rato fuera del frigorífico.

UN PASO A PASO SENCILLO PARA EMPEZAR

  1. Mezclar bien los ingredientes: es la primera fase y, según Levanova, “la responsable de la formación de la red de gluten que proporcionará la esponjosidad del pan”. Coloca la harina en un bol bastante grande, en forma de pequeño volcán. Ve añadiendo, poco a poco, el agua tibia con la levadura. En la zona exterior, pon la sal, para que nunca se toque con la levadura. Mezcla con las manos, viendo que se forma una masa pringosa.
  2. Amasado: este momento es el que nos da el volumen del pan, su color más o menos blanco y la regularidad de la miga. Por tanto, empieza amasando en una superficie enharinada con la palma de la mano y doblando la masa sobre sí misma, repitiendo una y otra vez estos movimientos durante 15 minutos.
  3. Reposo y fermentación: haz una bola y deja que repose a temperatura ambiente en un cuenco hasta que doble su volumen. En este momento es cuando se producen los aromas que aportan el sabor de cada pan.
  4. Segundo amasado: extiende la masa como si fuese una pizza y ve doblando de fuera hacia dentro, presionando ligeramente para ir eliminando los posibles gases que se hayan formado en su interior. El tiempo te lo dirá la propia masa: cuando aprietes con el dedo y veas que recupera su forma al instante, es momento de dejarla reposar una segunda vez.
  5. Segundo reposo: cubre la masa con un paño de cocina durante unos 15 minutos para que el gluten se relaje.
  6. Ultimo amasado: de la misma forma que en el paso anterior, pero apenas unos minutos.
  7. Cocción: enciende el horno a unos 230 °C e introduce una bandeja con agua o cubitos de hielo en la parte baja, para crear así la humedad necesaria que consiga crear su corteza característica. Introduce la masa y, trascurridos unos 20 minutos, baja la temperatura a no más de 180-200 °C. Deja que se haga durante 30 minutos, hasta el momento en el que lo golpees y suene hueco.
  8. Enfriado: este último paso es tan importante como los demás, y debemos dejar que nuestro pan se enfríe sobre una rejilla para que terminen de hacerse los alveolos que llenan su miga.

Ahora solo te queda, ¡disfrutarlo! Y si eres de los que tiene un robot de cocina, puedes ayudarte de él para el momento del amasado, siguiendo los consejos que te damos aquí.

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