Carlos Larrañaga y Ana Escribano esperan su primer hijo

muy poco a poco, me fui enamorando de ella como mujer. Con el paso de los días, yo me decía: «Cómo me gusta esta mujer, qué siento por ella. Esas cosas que descubres, que te das cuenta de que quieres que empiece pronto el ensayo; en el fondo no te quieres reconocer a ti mismo que lo que quieres no es ensayar, sino verla a ella». A la vez me decía: «Pero dónde voy yo, a mi edad, con una actriz tan joven...». Sin embargo, y paralelamente, fui recibiendo una especie de señales por parte de Ana, y yo decía: «Esto me suena a que ella también siente algo, pero no: no es posible». Hasta que nos fuimos dando cuenta los dos —cada uno por su lado— de que estábamos absolutamente enamorados el uno del otro... y nos lo confesamos. Desde ese día no nos hemos vuelto a separar.
—Además de algo insólito, ¿consideras un privilegio tener un hijo más joven que tus nietos?
El privilegio para mí es tener un hijo con Ana. Tener un hijo más joven que mis nietos son circunstancias del pasado, por cierto, muy agradables. Pero el verdadero privilegio es tener un hijo con la mujer a la que quiero. En estos momentos me gustaría tener cuarenta y pocos años, pero soy tan feliz que me olvido de los que tengo.
Habla Ana
—¿Cuándo viste por primera vez en tu vida a Carlos?
Me imagino que le vería en televisión, concretamente, en «Farmacia de guardia». No lo sé, no recuerdo el momento exacto.
—Y a ti ni se te podía pasar por la cabeza que podrías estar hoy aquí, los dos juntos y esperando un hijo.
Ni por asomo. Si me dicen por aquellos días que Carlos iba a ser el hombre de mi vida, me hubiera echado a reír. Era para mí algo totalmente impensable. No me podía esperar una locura así en mi vida. Una locura que hoy sólo puedo calificar de maravillosa.
—No fue: «¡Qué guapo!», no fue un flechazo...
Por supuesto que no. Fue algo que se hizo consciente dentro de nosotros poco a poco, lentamente y en nuestro subconsciente. Pasaban los días y de repente yo me sorprendía pensando en él, y hasta me regañaba a mí misma diciéndome: «¡Qué es esto!, ¡tú piensa en tu personaje!».
—Después alguien te diría: «Pero adónde vas con éste tan mayor y que encima tiene fama de conquistador»...
Una vez que todo salió a la luz, fue muy sorprendente para todos... ¿Que si me decían: «Ten cuidado con Carlos»? Puede. Pero la verdad es que estoy tan confiada que me da igual lo que me pudieran decir. Es que además tampoco he querido escuchar a nadie... Yo tenía muy claro que podía parecer una locura, pero esperaba y espero que el tiempo ponga todo en su sitio... y la gente deje de juzgar y comprenda que es una historia

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