Con independencia de estos primeros pasos indecisos, la maquinaria publicitaria de Hollywood le presentó como una nueva versión de Marlon Brando y, sobre todo, como el sucesor que todos esperaban de James Dean. La muerte repentina de James Dean (quien, según leyenda quiso vivir rápido y morir como un bello cadáver) en un accidente automovilístico le abrió puertas al debutante Newman. Le ofrecieron un papel de rudo boxeador en Marcado por el odio (1956) y aquello fue trampolín directo hacia la fama. El siguiente paso para consolidar su carrera lo dio, en 1958, con La gata en el tejado de Zinc. Paul Newman se hizo inmortal del celuloide de la mano de, como él mismo la define, "la última gran diva", Elizabeth Taylor.

"Sin mi mujer no habría sido nada"

"Mi chica". Así llama cariñosamente Paul Newman a Joanne Woodward. Y ya han cumplido su 47 aniversario de boda ("Aún soy un marido joven. Hace tres años mi mujer y yo renovamos los votos matrimoniales. Sin ella, no habría sido nada"). El actor siempre ha sido hombre de una sola mujer. Cuando sintió que su matrimonio con Jackie Witte estaba tocando a su fin (se casaron en 1949 y tenían tres hijos en común), descubrió entre bambalinas el carisma y la fuerza de Joanne Woodward. Decidió separarse de su primera mujer y casarse, de inmediato, con su nuevo amor en Las Vegas. Aquel impulso no fue en vano. Desde los primeros días de unión, la pareja parecía tocada por una varita de prosperidad y buena suerte.

Ese año, 1958, Joanne Woodward ganó un Oscar por su trabajo en Las tres caras de Eva y Paul Newman fue nominado por su interpretación del alcohólico Brick Pollit, en la ya mencionada cinta La gata sobre el tejado de zinc. Ésta sería la primera de diez nominaciones a los Oscar que ha vivido Paul Newman a lo largo de su carrera. Sólo en una ocasión se llevó la estatuilla a su casa. Ocurrió en 1986 con El color del dinero.

Ese mismo año -la vida es bien extraña o te niega o te da de golpe, sin previo aviso- la Academia le concedió un Oscar honorífico por toda su carrera. Él declara: "Las victorias que cuentan para mí no son las estatuillas varias que te da un jurado. Algunos premios llegan después de mucho trabajo. Es como cuando cortejas inútilmente a una mujer de chaval. Si finalmente acepta la cita, piensas que tienes cosas más importantes que vivir".

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