Héctor Alterio lleva más de veintisiete años afincado en España. Veintisiete años en los que ha batallado por poder trabajar en su verdadero sueño: la interpretación. Con más de cien películas en su haber, alguna que otra nominación a los Oscar (recordemos su memorable papel en la película de Campanella El hijo de la novia), y una reputación intachable en cuanto actor de cabeza y corazón, el cine español quiso devolverle tanto como él nos ha dado a través de un Goya Honorífico por toda su carrera.

La ceremonia fue emotiva. Héctor Alterio estuvo comedido, tranquilo, aunque con los ojos azules desprendiendo humedad y cariño. Y le hizo entrega del cabezón, de ese Goya que cumplió ayer dieciocho años, su hija Malena y su hijo Ernesto, dos jóvenes promesas del cine que han heredado de su padre, muy a su pesar, un gusannillo artístico que les fuerza a amar el cine por encima de todas las cosas.

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