Entrevista con Lara Flynn Boyle
En un descanso de sus actividades profesionales, Lara Flynn Boyle nos recibe en su refugio de Beverly Hills y nos habla de esta casa de sus sueños, de su vida personal (hija única, sus padres se divorciaron cuando ella tenía seis años, y desde entonces no ha hablado con su padre) y de sus proyectos para el futuro.
—Tuviste una infancia algo difícil, ¿no? ¿Necesitaste hacer trabajos duros?
—En efecto, trabajaba. Mi madre y yo tuvimos que trasladarnos a otra casa para conseguir un alquiler más barato. Ella era la encargada del edificio y yo tenía que ayudarla en algunas tareas que no eran fáciles para una niña de mi edad.
—¿Cuántos años tenías?
—Estaba en primero y segundo de Bachillerato.
—Entonces, quieres mucho a tu madre, ¿no?
—Sí, sí, desde luego.
—¿Estás verdaderamente ilusionada con esta casa?
—En efecto, ahora vivo en Beverly Hills, aunque soy cien por cien de Chicago. Tengo una propiedad pequeña, diminuta casi, aunque es perfecta para mí. Cada vez que me dirijo a mi casita, como yo la llamo, y veo las palmeras de postal que la rodean, doy gracias todos los días por ello.
—¿Pero es realmente tan pequeña?
—Sí, tiene poco más de cien metros cuadrados, pero para mí es la casa perfecta.
—¿Tienes piscina?
—No, no. En este barrio, estas casas no tienen posibilidad de tenerla. Mi casa, no hay más que verla, parece un diminuto apartamento de piedra, pero es una casa.
’No me falta nada’
—¿Dónde está tu madre ahora? ¿Sigue en Chicago?
—No, vive aquí también, en California. Le he comprado una casa, lo que es verdaderamente gratificante para mí. Es genial.
—¿Qué le falta a Lara Flynn Boyle?
—Nada, nada (contesta riendo).
—¿No quieres tener hijos y un marido algún día?
—No, no. Me encantaría tener un compañero, ya que pienso que la compañía es algo necesario para todos. Pero no creo que las mujeres podamos tenerlo todo y hacerlo bien.
—Por lo tanto, lo que te preocupa es tu carrera...
—Sí, lo que quiero es actuar. Actuar toda mi vida. La verdad es que tengo mucha suerte de tener una profesión como la mía.
—¿No te arrepientes entonces de cómo vives?
—No, mi madre me educó en la idea de que nunca se debe contratar a alguien que haga tus cosas. Si uno quiere realmente algo, tiene que esforzarse por conseguirlo. Y yo soy un ejemplo de eso. He vivido la buena vida, lo he conseguido por mí misma. Llegar hasta aquí yo sola es doblemente bueno.
—¿Y qué tienes en perspectiva?
—Seguir trabajando. Estoy haciendo dos películas al año.

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