Bajo esta marca se esconden dos nombres, precisamente los de las personas que la hicieron posible: Wolfgan y Margaretha Ley. Este matrimonio creó en Munich, en 1976, esta firma, gracias, en parte, al gran amor por el mundo de la moda que sentía Margaretha.

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Esta mujer emprendedora nació en el norte de Suecia, pero pronto abandonó el lugar paradisíaco donde pasó los primeros años de su vida y se trasladó a Estocolmo. Muy joven, fue en esta ciudad donde comenzó su carrera como modista, trabajando para el sastre de la Corte Real de Suecia.

Sus progresos en el mundo de la moda fueron muy notables y pronto, Margaretha se convierte en la estrella de Fred Aldmuller, modista de la aristocracia austriaca y, más tarde en París llegó a ser la musa del diseñador Jacques Fath. No sólo se limitaba a coger la aguja, pues además hizo sus pinitos en el mundo del periodismo en la revista Burda.

Poco a poco y gracias a su innegable talento, ella y su marido se embarcaron en el proyecto de crear su propia casa de modas, modesta al principio, pero que fue creciendo como la espuma. Así, en 1976 nació Escada, firma de la que de la que ella sería estilista y alma mater. ¿Por qué Escada? Curiosamente la elección del nombre, como en otras tantas ocasiones, tiene su particular historia: Escada era el nombre del caballo ganador por el que el matrimonio Ley apostó durante una carrera que ambos presenciaron en su luna de miel.

Las labores en la nueva empresa estaban bien repartidas: Margaretha se encargaba de los diseños, de la parte más creativa del negocio, mientras que Wolfgang tomó las riendas de la parte económica y de marketing de esta ambiciosa empresa, que ha demostrado, con el paso del tiempo, que no era una utopía.

Margaretha Ley no quiso perderse su reconocimiento merecido, y pese a que el suyo ha sido un nombre a la sombra de una marca, éste ha quedado reflejado en una de las fragancias de la firma. Murió el 4 de junio de 1992.