Tu piel te envía mensajes, ¿sabes identificarlos?

Es importante buscar la causa que provoca la sequedad, los brotes de acné o un cutis apagado

No son pocas las veces que te hemos contado que la piel nos habla. Hay que escucharla, saber interpretar lo que nos quiere decir. Pero con demasiada frecuencia no le hacemos todo el caso que se merece, o bien no sabemos interpretar si una huella determinada en nuestro cutis está indicando algún problema. El doctor Ricardo Ruiz, director de Clínica Dermatológica Internacional, nos contaba cómo los dermatólogos pueden, "a través de la piel, del pelo y de las uñas, diagnosticar más de 1.000 enfermedades. Nos dice lo que nos está pasando dentro, tanto física como emocionalmente. Cuando estamos nerviosos empeora la dermatitis, se cae más el pelo...”.

El estrés es uno de los aspectos que más huellas negativas puede dejar en tu piel. Así lo explica Pedro Catalá, doctor en farmacia y fundador de Twelve Beauty, quien nos cuenta que “agrava patologías ya existentes como el eczema o la psoriasis e incluso da lugar a nuevos problemas cutáneos”. ¿Sabías que la piel y la mente (el sistema nervioso central) están muy relacionadas? Tal y como explica el doctor Ricardo Ruiz derivan de la misma capa embrionaria, es decir, el mismo grupo de células que cuando somos tan solo un embrión con horas de vida darán lugar a la piel, son las que dan lugar al cerebro; por tanto, no es de extrañar que determinadas enfermedades, incluidas las dermatológicas, empeoren o se desencadenen en periodos estresantes. Y es que en estados de estrés, nuestro organismo –como mecanismo de defensa- produce cortisol. Niveles elevados de esta hormona causan estragos en nuestro sistema inmunitario afectando a nuestra piel a diferentes niveles. 

Sequedad, tono apagado y arrugas debido al estrés

El estrés ha sido, incluso, el culpable del nacimiento de una firma cosmética, en concreto de Skin Iceland, una firma fundada por Sarah Kugelman, quien enfermó gravemente debido a esta dolencia en Nueva York. Su estrés  solo la estaba afectando a nivel de salud, sino que también causaba estragos en su piel. "Tenía cisticercosis, acné, cicatrices y una deshidratación increíble", señala. Viajó a Islandia -"el lugar ideal para una vida sin estrés", ha contado- y allí encontró curación a todos sus problemas, pues encontró limpieza, pureza, abundancia de recursos naturales y, además, unos habitantes sin problemas en la piel. Fue entonces cuando decidió crear la firma, nacida para tratar los problemas de piel causados por el estrés. Y es que según ella los síntomas de la piel estresada son acné adulto, envejecimiento acelerado, opacidad, irritación y deshidratación.

Pero ¿cómo se manifiesta ese estrés epidérmico? En primer lugar, aumenta la sequedad. El exceso de cortisol provocado por el estrés afecta a la funcionalidad de la barrera de la piel, aumentando la pérdida de agua transepidérmica y disminuyendo notablemente la capacidad de ésta de retener agua. Además, pueden aparecer rojeces y la piel está más irritada. La explicación está en que nuestro organismo libera más histamina, y esta es la hormona responsable de la irritación. Los episodios graves o sostenidos de estrés se pueden provocar patologías cutáneas como la rosácea o el eczema. Y si ya se padecen, estos empeoran. Un tono apagado y una mayor aparición de arrugas son otras de las consecuencias para la piel de un episodio de estrés. Si tu piel ha dejado de mostrarse luminosa, ahí puede estar la causa. Nuevamente, el cortisol tiene la culpa. En este caso hace que la piel se renueve más lentamente dando paso a un tono más cetrino, opaco y apagado. Y de forma indirecta, expresiones como fruncir el ceño, la rigidez de los músculos faciales y el efecto de la gravedad hacen que la piel pierda firmeza y que las líneas de expresión existentes aumenten.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La alimentación, ¿vinculada al acné?

Y no podemos olvidar el acné, que se debe como explica Pedro Catalá a que hay un desequilibrio entre las cepas de bacterias buenas y malas. Esta es una de las causas del acné adulto, y suele aparecer en la zona de alrededor de la boca y la barbilla. Es una de las patologías más frecuentes en la consulta de dermatología. “Los granitos, por ejemplo en la frente, además de por el exceso de secreción sebácea en la zona por el uso de champús inadecuados y por contacto con el pelo, pueden ser causados por alergias alimentarias o por una alimentación rica en grasas”, nos cuenta además Leticia Carrera, de los centro médico estéticos Felicidad Carrera, quien también relaciona una alimentación rica en grasas con los poros dilatados o granitos en mejillas.

“No son pocas las veces que el paciente (o uno de sus progenitores), nos dice 'y dígale, doctor, ¡que no coma chocolate!'. Normalmente contesto que abusar del chocolate no es bueno, pero no porque sean la causa del acné, sino por el resto de alteraciones metabólicas que provocan un exceso de azúcar en la dieta. A pesar de que hay mucha controversia, todavía no se ha podido demostrar que la dieta influya de manera determinante en el acné (si un paciente claramente dice que al tomar determinado producto o lácteo le salen granos, le digo que lo evite en la medida de lo posible, pero no como normal general solemos hacer restricciones dietéticas como tratamiento o prevención del acné)”, explica el doctor Ramírez Bellver, de Clínica Dermatológica Internacional, quien nos pone un último ejemplo relacionado con la dieta y la piel: “Seguro que se han fijado en las placas anaranjadas que algunas personas tienen en la región de los párpados. Son los denominados xantelasmas, y se producen por acúmulos de colesterol en la piel, por lo que, cuando los vemos, solemos solicitar un análisis de sangre para ver colesterol, triglicéridos… y recomendar un seguimiento por el médico de Atención Primaria”.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Aún hay más. Incluso las ojeras marcadas pueden estar queriendo decirte algo de tu alimentación. Y es que, ¿sabías que un exceso de un consumo de sal puede estar implicado en la aparición de bolsas bajo los ojos? Así nos lo explica Leticia Carrera. La alimentación influye, y mucho, en el estado de nuestra piel. “Desde el punto de vista dermatológico, podemos sospechar déficits de determinadas vitaminas u oligoelementos (biotina, B12, zinc, ácido fólico, hierro…)”, nos cuenta el doctor Ramírez Bellver, de Clínica Dermatológica Internacional, quien precisa que haciendo una dieta variada y equilibrada estaremos aportando casi con total seguridad las cantidades necesarias de estas sustancias. “Sin embargo, si tenemos problemas de malabsorción, o en el caso de la menstruación en las mujeres, aunque la dieta sea correcta, podemos necesitar suplementos en determinados momentos. La aparición de heridas y erosiones alrededor de nariz, boca, región perianal… puede ser el primer síntoma de un déficit de zinc”, explica el experto.

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