Psicología para adelgazar: ¿influyen tus emociones en tu dieta?

El estrés, la ansiedad, la tristeza... Según cuentan los expertos existe un vínculo muy estrecho entre nuestro estado de ánimo y nuestra alimentación. Te contamos los beneficios de conectar hambre y mente

¿Se puede aprender a comer según las emociones? Tal vez no te lo habías planteado. Pero seguro que sí que te has visto en esa situación en la que debido a un pico de estrés, has perdido el hambre o, al contrario, te ha dado por picar más de la cuenta. Y es que las emociones influyen en la forma en la que comemos. Es lo que Luis Navarro, director de Navarro Clínica define como ‘comer desde la cabeza y no desde el estómago’. Manda más la primera que el segundo.

Comer desde la cabeza quiere decir que comemos por hábitos o emociones y no porque sintamos la necesidad física de comer. Estamos desconectados del estómago porque desayunamos, comemos y cenamos a ciertas horas, incluso sin tener hambre, porque toca comer. Si comemos constantemente durante el día a ciertas horas, es imposible conectar son la sensación de  hambre física”, explica Navarro.

"Comer nos hace sentir momentaneamente bien cuando nos encontramos en un mal momento"

Tal vez en lo más habitual, como comentábamos antes es que cuando estamos en un momento de estrés, tendemos a comer (o a malcomer) más. Pero, ¿a qué se debe esto? “Buscamos una solución inmediata con algo, la comida, que no resuelve los problemas ni las emociones. Es la única manera que han aprendido muchas personas de vivir sus dificultades. Lamentablemente les perjudica porque engordan”, nos cuenta.

Y es que nuestras emociones, nuestro estado de ánimo, puede ser, incluso, una causa encubierta de sobrepeso. Luis Navarro, Director de Navarro Clínica, lo tiene claro: “Las emociones junto con los hábitos negativos son las dos causas del sobrepeso. Muchísimas personas comen compulsivamente cuando sienten ansiedad, nervios, estrés o cualquier malestar emocional. La razón es porque al comer se sienten bien porque segregamos endorfinas, pero después se sienten culpables porque han comido demasiado. Es una paradoja, comer me hace sentir bien momentáneamente cuando estoy mal, pero después me siento mucho peor por haber comido en exceso”.

La doctora Mar Mira de la Clínica Mira+Cueto también es de la opinión de que existe un vínculo muy estrecho entre las emociones y la forma de comer. "Hay personas que comen porque están deprimidas, o se aburren o tienen ansiedad. Utilizan la comida para aliviar esas emociones. El problema es que luego vienen sentimientos de culpa que sólo se alivian con la comida de nuevo y entonces empieza a retroalimentarse esa conducta", nos explica. Y nos habla incluso de un trastorno de la conducta alimentaria que es el trastorno por atracón, que consiste en comer de forma compulsiva, a cualquier hora, sin buscar saciarse y con una pérdida de control sobre lo que se come, casi siempre alimentos hipercalóricos, y que, generalmente, suele estar relacionado con bajos estados de ánimo, depresión, angustia o con estrés.

El ritmo de vida actual, un mal aliado de una alimentación saludable

La teoría es la que es, pero luego cuesta poner en práctica ciertas costumbres saludables, debido, por ejemplo al ritmo de vida actual, que puede convertirse en un impedimento para unos hábitos de alimentación saludable. Vamos corriendo a todos los sitios, especialmente en las ciudades, y no le dedicamos a la comida el tiempo que necesita. “Es cierto pero con matices. Podemos dejarnos llevar y no parar en todo el día o decidir tener algún momento para nosotros y hacer algo tan sencillo como esto, 'cuando como, como', evitando así móviles, revistas, periódicos, TV, etc. y estar presentes cuando comemos, aunque solo tengamos 10 minutos. Así evitamos llenarnos el estómago rápidamente de comida casi sin masticar”, nos explica Navarro.

Algo que no siempre resulta sencillo, como explica la doctora Mar Mira, quien afirma que "las prisas y lo buenos hábitos no suelen ir a la par. Vivimos en un mundo donde lo quiero todo para ya. Hay gente que incluso no desayuna por las mañanas, van con la hora pegada y comer a veces es secundario. Tenemos que estar todo el día fuera de casa por largos turnos de trabajo o porque no estamos cerca de casa, sobre todo en las grandes ciudades. Es un ritmo frenético que no contempla la necesidad de pararse a comer, sentarse, comer despacio , masticar y salivar los alimentos, dar tiempo a que la orden de saciedad llegue al cerebro (mínimo 20 minutos). Se realiza menos deporte, se coge el coche prácticamente para todo por llegar antes". Por eso, tal vez, han comenzado a surgir tendencias como el mindful eating.

¿Cómo podemos entonces cambiar nuestros hábitos?

“Los hábitos de la cabeza no te van a ayudar porque están ligados al control de lo que comes, eso lleva a la ansiedad que te hace comer en exceso tarde o temprano. Es mejor crear unos hábitos basados en el estómago. Se crean progresivamente y así podemos saber si tenemos hambre física y si sentimos saciedad. De esta forma comemos cuando tenemos hambre y paramos de comer cuando sentimos saciedad”, nos cuenta el experto.

Pero, ¿cuáles son las emociones que nos llevan a comer de forma más o menos compulsiva? El doctor nos explica que cualquier emoción puede activar que comamos compulsivamente: ansiedad, tristeza, aburrimiento, soledad, estrés… La doctora Mira nos habla, además, de que también pueden influir las alteraciones del sueño, que ligado a su vez al estrés, la ansiedad y la depresión hace que una persona se levante varias veces a comer durante la noche. El estrés nos lleva en algunas ocasiones a comer más, de forma compulsiva, sin ser conscientes de lo que comemos, normalmente alimentos hipercalóricos, ricos en azúcares y grasas. Hace que tengamos tendencia al picoteo, hambre a cualquier hora. Puede llevarnos a comer con ansiedad, de manera automática y sin prestar atención a lo que comemos.

El triptofano, el 'culpable' de que nos apetezca el chocolate en momentos de estrés

Nos preguntamos también si existe algún grupo de alimentos que tendemos a comer más en momentos de inestabilidad emocional. “Depende de cada persona, pero he observado que bastantes personas se decantan por aquellos alimentos que  creen que no deberían comer porque piensan que les engordan”, explica Luis Navarro.

"Existen determinados tipos de alimentos que por el aporte de nutrientes que proporcionan, estimulan una síntesis de neurotransmisores que nos hacen sentirnos mejor. Por ejemplo, los alimentos ricos en triptófano que es un precursor de la serotonina que es un neurotransmisor relacionado directamente con el bienestar emocional. Niveles altos de triptófano y glucosa son necesarios para sintetizar la serotonina. Si tenemos niveles bajos de serotonina, tenderemos a la depresión y tendremos apetencia por el dulce. Cuando no nos encontramos bien, con un bajo estado de ánimo, el cuerpo pide azúcar, chocolate, dulces", nos cuenta la doctora Mira. ¿Y qué alimentos contienen triptofano? El chocolate, el pavo, el pollo, el conejo, los frutos secos (almendras, cacahuetes…), frutas como la piña y el plátano, los huevos, derivados lácteos como el queso (cheddar, soja y suizo), cereales o el pescado azul, entre otros.

No es extraño, entonces, que en esos momentos de cierta ansiedad o nerviosismo en el chocolate... “El chocolate nos recuerda a la infancia y además hay un aprendizaje social de sentirse mal y comer chocolate. No se puede decir que sea una adicción, sino un mal hábito. Comer chocolate no va a resolver nada. Sí es cierto que un componente del chocolate, el triptofano, estimula la producción de serotonina. Pero esto no crea ninguna adicción”, nos cuenta Luis Navarro. Y, por el contrario, nos explica que cuando una persona se siente bien, tranquila, con cierto equilibrio personal, tiende a comer mejor y a disfrutar de lo que come.

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