Tres meses sin conocer a su hija por culpa de un visado a EE.UU

La lentitud del trámite burocrático también ha impedido que el gerundense J. Morales García se incorpore como profesor asistente en la Universidad de Florida

Raquel Quelart


Una situación desesperada. Es la que está viviendo Francisco J. Morales García desde que el pasado 24 de agosto su mujer dio a luz en Estados Unidos a su hija, Anna, sin que él estuviera presente ni en el parto ni en los primeros meses de vida de la pequeña, que nació prematura y necesita cuidados especiales. El motivo: a finales de julio fue a renovar el visado para regresar a Florida (Estados Unidos) después de pasar unos días de vacaciones en España junto a su esposa embarazada, pero no le concedieron el visado. Tampoco se lo denegaron: dejaron el proceso abierto. Su mujer, Elisabet V. Liminyana Vico, marchó convencida de que en pocos días su marido obtendría los papeles. “Me dijeron que tenían que hacer unas comprobaciones y que tardarían unos 30 días”, asegura. Pero la espera se ha alargado ya cuatro meses.


El consulado de Estados Unidos en Barcelona se ha negado a dar detalles a La Vanguardia.com sobre qué ha ocurrido con el visado y el pasaporte de Francisco, que, según él, está “retenido” en la embajada de Madrid. El consulado en cuestión ha añadido que no comenta “casos particulares de visados”, aunque ha proporcionado la siguiente información: “Cuando una solicitud de visado requiere trámites administrativos adicionales el proceso puede alargarse tres meses o más”. El problema es que Morales asegura desconocer qué trámites le están impidiendo reunirse con su familia. También ha pedido auxilio al Ejecutivo español. De momento la Delegación del Gobierno en Catalunya ha informado que tiene intención de “estudiar” el caso, aunque también ha aclarado que el Estado no suele interferir en los problemas que tengan los ciudadanos españoles con otro Estado.

Todo empezó cuando a finales de abril la pareja volvió a España después de acabar un master de dos años en la Universidad de Florida y trabajar como profesores asistentes. La mujer tramitó un visado de estudiante y el marido, de dependiente, ya que "no estaba previsto que impartiera la docencia este año académico”, explica Morales. Por este motivo tuvo que pedir un visado “como dependiente” de su mujer, a quien la embajada sí que concedió los papeles. Él quedó a la espera. “No nos explicaron el motivo, pero nos dijeron que la aprobación dependía del Departamento de Estado”.

Su mujer dio a luz sola en Estados Unidos
Unas semanas más tarde Elisabet, que se encuentra sola en Florida, se pone de parto antes de lo previsto y el bebé es ingresado durante dos semanas en una unidad de cuidados intensivos. Según la versión de la pareja, el hospital decide involucrarse en el caso y envía una carta a la embajada explicando la importancia de que el padre cuide de la niña y de la madre después de un parto complejo. “La respuesta de la embajada fue que hay que esperar, puesto que el Gobierno no da respuesta”, declaran.

Y estuvieron esperando tres meses más hasta que decidieron contactar con un consejero legal. A raíz de sus indagaciones, descubren que la Universidad de Florida, donde ambos cursaron sus estudios, mantiene el expediente académico de Francisco dado de alta, por lo que no se podía tramitar un visado de dependiente. Consiguen cerrarlo y que el centro envíe un fax a la embajada para su correcta habilitación como dependiente, puesto que deja de ser estudiante en activo. Otra de las curiosidades del caso es que Francisco está empadronado en el consulado de España en Miami, por lo que ha tenido que votar en las elecciones catalanas de este domingo como si estuviera en Estados Unidos, aunque en realidad está en Girona.

Problemas económicos por la falta de visado
A finales de octubre, a Francisco le llega la carta de invitación para retomar sus estudios graduados, recuperar su plaza como profesor asistente y empezar a tramitar el visado de estudiante. Pero aquí no acaba todo. Francisco y Elisabet comentan que “la embajada impone que no se puede empezar un nuevo proceso de petición de visado sin que haya acabado el anterior”. Por eso a seis semanas de empezar las clases, piensan que probablemente Francisco pierda su trabajo como profesor de español en la Universidad de Florida y no pueda continuar cursando sus estudios.

Francisco asegura haber movido cielo y tierra para desencallar el asunto, incluso ha contactado con algunos políticos, pero aún no ha conseguido que nadie le de una solución definitiva: “Lo único que hemos encontrado ha sido miedo, ineptitud y poco esfuerzo”. La niña no puede viajar a España porque, además de precisar un pasaporte español, necesita otro de Estados Unidos, que no se han podido acabar de tramitar porque necesitan la autorización de Francisco, que exige que la embajada le devuelva el pasaporte para poder nacionalizar a su hija. De momento, explica que no ha habido respuesta ni devolución del documento.

En enero el problema podría agravarse
Si no se resuelve la situación urgentemente, en enero Elisabet y su hija podrían verse inmersas en una situación muy crítica. Y es que durante estas últimas semanas la pequeña ha recibido las atenciones de su abuela, que consiguió viajar a Estados Unidos con un visado de turista, pero ahora tiene que partir de nuevo de vuelta a España. En enero Elisabet se encontraría sola en Florida, teniendo que asistir a clase y sin nadie que se haga cargo de Ana.

El matrimonio empieza a sospechar que la embajada “ha perdido su pasaporte”. Pero también baraja otras hipótesis: “Cuando quise entrar en Estados Unidos en 2010 con visado de estudiante se alarmaron por el hecho que tuviera dos visados de entrada en Argelia”, comenta Francisco. Y es que dos años antes había estado unos meses dando clases en el Instituto Cervantes de Argel. Después de retenerlo unos minutos en Filadelfia, le dijeron que sus apellidos (Morales García) “parecían sospechosos”. “Son simplemente teorías”, comenta la pareja, porque en realidad desconoce cómo un visado en proceso y un pasaporte que no llega les mantiene separados en dos continentes diferentes y sin la posibilidad de que Francisco conozca a su hija de cuatro meses. “No queremos que nuestro caso sea invisible, escondido como está en los despachos de consulados y embajadas”, concluye.

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