Felix Baumgartner rompe la barrera del sonido

El deportista austríaco salta en caída libre desde 39.068 metros para llegar a una velocidad de 1.342 km/h

David Ruiz Marull

Tensa espera. Levantado desde la madrugada, vestido para la ocasión, tras muchas horas preparado dentro de su cápsula, dispuesto a afrontar el mayor reto de su vida. Felix Baumgartner se convirtió en el primer ser humano que consigue romper la barrera del sonido, más de 1.100 kilómetros por hora, sin ayuda mecánica. Se tiró en caída libre desde 39.068 metros y solo tardó 40 segundos en lograr su objetivo.


En condiciones normales, en la atmósfera terrestre la velocidad del sonido es de 1.234 kilómetros por hora, mientras que en la estratosfera se puede alcanzar con unos 1.110 km/h por la menor resistencia del aire, según explicó el equipo de la misión.

El buen tiempo le acompañó durante todo el día. Cielo completamente despejado para una aventura que comenzó finalmente alrededor de las 17:30 horas y que no culminó hasta las 20:07 horas, cuando realizó su temerario salto. Sin pensárselo demasiado. Le dieron la orden... y zas.

La operación, prevista para el mediodía, tuvo que ser retrasado debido a los fuertes vientos en la base aérea de Roswell, en el estado de Nuevo México (Estados Unidos). Cuando las rachas bajaron de 72 km/h hasta cinco se inició el experimento. El pasado martes ya se suspendió la misión por las fuertes rachas. Por eso el meteorólogo jefe del proyecto, Don Day, estuvo permanentemente pendiente de la situación de los vientos a 12.000 metros de altitud antes de dar el visto bueno.

El deportista de alto riesgo, de 43 años, tenía previsto subir a su cápsula sobre las 14:00 horas, aunque finalmente la operación se retrasó primero hasta las 16:00 horas y no fue hasta 90 minutos más tarde cuando el austriaco inició por fin su ascensión.

Superado el peligroso límite de los 800 metros, por debajo del cual sería prácticamente imposible reaccionar y abrir el paracaídas en caso de que algo saliera mal, todo el mundo se relajó. Incluso la madre de Felix Baumgartner, que no pudo aguantar las lágrimas mientras veía a su hijo iniciar su peligroso viaje. "Creo que no sólo yo me sentí aliviado, sino todos los que estamos aquí", declaró el hermano.

Poco más de dos horas dentro de una nave estirada por un globo de helio (con un tamaño de 180 metros en una de las fases de la ascensión) que le llevó a la estratosfera para lanzarse al vacío. El delicado globo, fabricado con un plástico de apenas 0,002 centímetros de grosor y que abierto cubriría 16 hectáreas, es diez veces más delgado que las bolsas de plástico que se utilizan para congelar alimentos.

A más de 39.000 metros de altura, se subió a una plataforma para ejecutar su proeza. En posición Delta (como una V) para evitar la fricción, en unos 40 segundos alcanzó la velocidad del sonido (llegó hasta los 1.342 km/h) enfundado en un traje presurizado e ignífugo que le protegía de las temperaturas de menos 70 grados y evitaba que la sangre le hirviera debido a la baja presión atmosférica. Siguió en caída libre cuatro minutos y dieciséis segundos antes de abrir su paracaídas para llegar plácidamente al suelo.

Había pasado la tensión. Todos los integrantes del proyecto ya respiraban tranquilos tras unos instantes de cierto nerviosismo en los que el austriaco bajaba dando vueltas descontroladamente. "Sigue hablando", le pedía Joe Kittinger, el hombre que en 1960 saltó desde más de 31 kilómetros y que en esta ocasión ejercía de ayudante desde el centro de control. A las 20:17 horas pisó tierra de nuevo.

Baumgartner llevaba cinco años preparándose para una tarea en la que batió varios récords: el de altura en salto en paracaídas, el vuelo en globo tripulado más alto del mundo y la primera vez que una persona rompe la barrera del sonido. No consiguió, aun así, el de la caída libre más larga de la historia, que estaba en cuatro minutos y 36 segundos.

"Queremos extender los límites de la humanidad un poco más", declaró el paracaidista nacido en Salzburg horas antes de comenzar el desafío, arropado por su familia y amigos llegados desde Austria. "Es una montaña rusa de emociones", declaró el padre del deportista, preocupado, como todos, por el bienestar de su hijo.

Los costes del proyecto se estiman en unos 50 millones de euros, aunque Red Bull no ha hecho pública una cifra oficial. La repercusión del salto ha sido espectacular, ya que millones de personas siguieron con nerviosismo el impactante hito del austriaco.


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