El Titanic fue otra historia

Los asombrosos adelantos técnicos de los últimos cien años convierten en desconcertante el desastre del Costa Concordia

Suso Pérez

El accidente del Costa Concordia ha evocado el recuerdo del Titanic, tanto por el hecho innegable de ser el naufragio más famoso de la historia como por la oportunidad del inminente centenario del suceso. Pero la comparación no hace justicia a los hechos..

Hay un elemento fundamental en la historia marítima en relación con el Titanic,y es que el flamante transatlántico de la compañía White Star Line, el orgullo de los ingenieros navales de comienzos del siglo XX, no disponía de botes salvavidas suficientes para todos sus pasajeros. Eso, inconcebible desde la mentalidad de hoy, era normal por entonces y dejó de serlo a partir de aquella fatídica noche del 14 de abril de 1912. Desde entonces, todo buque de cualquier condición debe estar provisto de elementos de seguridad para todas y cada uno de las personas embarcadas.


El Titanic,es verdad, intentaba batir el récord en la travesía del Atlántico en su viaje inaugural y de ahí su alta velocidad pese al aviso de hielos. Pero en 1912 no existían sistemas electrónicos de navegación ni satélites para posicionarse con un margen mínimo de error. Y, aun así, ese no fue el origen del problema. En realidad fue aquel islote flotante de hielo a la deriva el que no tenía que haber estado en la derrota del capitán Edward J. Smith.

Los asombrosos adelantos técnicos de estos últimos cien años son los que convierten en desconcertante el desastre del Costa Concordia.El puente de mando de un crucero de este porte, y de casi cualquier embarcación moderna, es un despliegue de pantallas con tanta información que técnicamente es posible navegar sin mirar al exterior. Y es por ello que resulta inexplicable que el Costa Concordia fuera a chocar con un escollo a pocos metros de tierra en medio de la calma.

Con todo, aún más desconcertante resulta la actitud del capitán Francesco Schettino respecto a la evacuación de los pasajeros y tripulantes. Del capitán Smith, cruelmente recordado a partir del desastre, llegó a correr el bulo de que se había salvado del naufragio y que diversas personas lo habían reconocido, tiempo después, en las calles de Buenos Aires. El capitán Schettino dejó su barco, según los investigadores del caso, a las 23.30 h, cuando los últimos viajeros y tripulantes lo hicieron hacia las 2.30 de la madrugada. Y todavía ayer fueron rescatados supervivientes en el interior de la nave.



Mucho más que al Titanic,donde el capitán Smith sin duda fue plenamente consciente de lo poco que se podría hacer por salvar vidas una vez fue informado de que la estructura de compartimentos estancos no iba a impedir el hundimiento, la actuación del capitán del Costa Concordia remite a la historia narrada por el escritor polacobritánico Joseph Conrad en la novela Lord Jim,cuando la oficialidad del Patna cree que el barco va a hundirse y abandona el buque a su suerte, repleto de peregrinos musulmanes. Conrad (1857-1924), veterano marino antes de convertirse en escritor, se inspiró para su obra en la historia verídica del vapor Jeddah,ocurrida en el verano de 1880. El Patna finalmente no se hundió y el oprobio persiguió a Jim el resto de su azarosa vida.

Leer más noticias en LaVanguardia.com

Más sobre

Regístrate para comentar
Leer más