La esposa de Monti contribuye al vuelco espectacular en la imagen de Italia

Del harén de prostitutas a una "señora a la antigua, sobria, fiable", según 'La Repubblica'

Eusebio Val

Del harén de prostitutas a las damas de la Cruz Roja. Italia cambia de modo espectacular su imagen ante el mundo. Ya no es sólo el perfil personal del primer ministro sino su entorno más inmediato. Si durante varios años las noticias sobre el jefe de Gobierno italiano semejaban una trasnochada película erótica, con colecciones diarias de fotos en los periódicos sobre su harén disponible y detalles picantes de sus fiestas nocturnas, a partir de ahora todo va a ser muy distinto. Mario Monti exhibe un sólido matrimonio de cuatro decenios. Su esposa, Elsa Antonioli, de 67 años, licenciada en Ciencias Políticas, ejerce de comisaria de la sección femenina de la Cruz Roja de Milán.

"Finalmente una señora en el palacio Chigi", escribió ayer Maria Corbi en un blog del diario turinés 'La Stampa'. Corbi reconoció que "da impresión" ver a una mujer en los palacios del poder de Roma "que tiene clase", en lugar del "ejército de mujeres prehistóricas, exhibicionistas, sin dignidad, y también de aspirantes a actrices prestadas a la política, con ministras escogidas según los criterios de un concurso de belleza".

'La Repubblica' escribió que Elsa Antonioli "es una señora a la antigua, sobria, fiable, reservada", una verdadera "alma gemela", "una fotocopia" de Mario Monti, con los mismos gustos y las mismas inquietudes.
Han pasado varios días hasta que la prensa italiana ha empezado a hablar en detalle de doña Elsa. Su vida ha sido demasiado discreta hasta ahora. Lo más sobresaliente es su intensa actividad como ´crocerossina', como dama de la Cruz Roja en Milán. "El voluntariado es un trabajo", declaró en una entrevista.
Católica observante, al igual que su marido, se la presenta como una mujer en paz con su edad, contraria a esa creciente moda del 'ritocchino', de esas pequeñas intervenciones quirúrgicas para eliminar arrugas o corregir otros estragos del paso de los años que las mujeres italianas hacen sobre todo cuando se acerca el verano. La nueva primera dama muestra predilección por los pantalones. Sus estilistas preferidos son Giorgio Armani y Raffaella Curiel. A esta última confía el vestido de gala para la inauguración de la temporada en La Scala, uno de los pocos acontecimientos mundanos a los que es asidua la pareja.

Elsa siguió a su marido a Bruselas cuando él fue nombrado comisario europeo, en 1995. Pero conservaron el piso en el elegante barrio milanés de Magenta. En la capital comunitaria, el matrimonio Monti tenía fama de frío y distante. A él le llamaron 'Mister Findus', y pronto aplicaron a ella el mismo sobrenombre, aunque quienes les conocen aseguran son muy afables.

Una de las primeras fotos de Elsa Antonioli que vio el gran público italiano fue, la semana pasada, aquella en que llegaba a la estación ferroviaria Termini, de Roma, procedente de Milán. Le traía las maletas a su marido, quien había estado en Berlín y voló directamente a Roma sin pasar por Milán. Ella llevaba un abrigo rosáceo, el mismo con el que fue a misa el domingo.

El matrimonio Monti pasa sus vacaciones realizando largas caminatas en una casa en Silvaplana (Suiza), no muy lejos de Saint-Moritz, pero lo suficiente para no mezclarse con la 'jet set'. Los Monti tienen dos hijos, Federica, madre de tres niños pequeños, y Giovanni, que trabaja en un conocido despacho de asesoría fiscal y tributaria.

Monti promete ser, en fin, un primer ministro mucho más normal y "aburrido" que Berlusconi. Pero lo que de él se espera es seriedad y eficacia. La fiesta ha terminado.

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