El vestido de novia de Meghan Markle: todos los detalles de su 'look' más esperado

Para su enlace con el príncipe Harry, la ahora Duquesa de Sussex ha elegido un diseño, firmado por una mujer, que restablecerá los códigos de las bodas reales

El anuncio de su compromiso llegó el 27 de noviembre de 2017 y, desde entonces, prácticamente cada semana hemos ido descubriendo nueva información acerca del esperado enlace entre el príncipe Harry de Inglaterra y Meghan Markle. Sin embargo, y como es habitual en estos casos, el secreto mejor guardado ha sido el vestido. Pero no solo eso, las dudas también surgían alrededor de la tiara, el velo o las flores que elegiría para su roma. Y todo este misterio se ha resuelto hoy ante los 2.640 invitados de la boda (600 en el interior de la capilla de St George y más de 2.000 en todo el Castillo de Windsor). A las 12 en punto, Meghan Markle entraba, finalmente sola, en la Capilla St George. En ese paseo hasta el altar, durante el cual ha arrancado un espontáneo "estás impresionante" al príncipe Harry, Meghan Markle ha convertido a Clare Waight Keller, diseñadora de su vestido, en una de las protagonistas del gran dia.

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El vestido de Meghan Markle

Victoria Beckham, Erdem, Roland Mouret, Burberry o Sarah Burton sonaron como posibles sellos para firmar su vestido, aunque el dúo detrás de la firma Ralph & Russo, Tamara Ralph y Michael Russo, eran los candidatos más sólidos. Incluso en algunos medios británicos se barajó que uno de los diseñadores del vestido de Diana de Gales, David Emanuel, fuera el elegido porque días antes de la boda fue visto en Windsor. Finalmente, ha sido Clare Waight Keller, la primera directora artísitica de Givenchy, ha sido la escogida para crear ese vestido histórico, una elección muy adecuada teniendo en cuenta el origen británico de Waight Keller (nació en Birmingham), el estilo femenino de sus diseños y el espíritu sofisticado e innovador de la casa Givenchy. Una triada perfecta para una novia real que hará historia en la Casa Británica.

Según ha revelado la Casa Real Británica, la diseñadora inglesa y Meghan Markle se conocieron a principios de 2018 y han trabajado mano a mano en este diseño minimalista que contrasta con todos los vestidos de sus predecesoras. Mientras sus predecesoras eligieron encajes y detalles decorativos en el escote y las mangas, Meghan Markle ha optado por la máxima sobriedad. Según la tradición establecida en los anteriores enlaces de la Familia real británica, el vestido de la novia incluiría encaje de Honiton (una variedad inglesa muy delicada y floral del encaje de Bolillos) y detalles de flores de azahar, símbolo de pureza. Pero ni en el cuerpo ceñido y con escote barco, ni en la falda de silueta 'A' modificada, el vestido de Meghan Markle contaba con estos detalles, marcando una verdadera diferencia. Elaborado en cadi de seda, un tejido que aporta cuerpo y cierta rigidez, y de color blanco, "para aportar una refrescante modernidad", lo más llamativo del vestido es su sencillez. El escote barco descubre ligeramente los hombros y, desde él, las líneas se extienden hasta la parte posterior, que dibuja pliegues suaves gracias a la enagua de organza de seda. 

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Meghan Markle reveló hace algún tiempo que el vestido que Carolyn Bessete llevó en su boda con John F. Kennedy Jr. el 21 de septiembre de 1996 sería su referente cuando se casara. Era un slip dress firmado por Narciso Rodríguez para Cerutti 1881, casa en la que el modisto estadounidense trabajaba entonces. Aunque el estilo lencero de ese vestido no encaja en el dress code no escrito de las novias reales inglesas, que deben llevar los brazos tapados, el vestido de Meghan sí cuenta con el espíritu minimalista, sencillo y femenino de aquel diseño.

Aunque el precio se mantiene (y seguramente se mantendrá) oculto, según los medios británicos habría costado menos de la mitad del vestido de la Duquesa de Cambridge. El 29 de abril de 2011, Kate Middleton se convertía en Duquesa de Cambridge con un vestido de Sarah Burton, diseñadora de la fima Alexander McQueen, que se estima costó más de 350.000 euros. El vestido de Diana de Gales, que pronunciaba el "sí quiero" el 29 de julio de 1981, fue un espectacular diseño con 10.000 perlas y 15 metros de cola que costó menos de 11.000 euros. Sin embargo, actualmente, en manos de sus hijos desde que cumplieron 30 años, tal y como establecía el testamento, se habría revalorizado hasta los 100.000.

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El velo

Mientras la Duquesa de Cambridge optó por un velo hasta la cintura, también de tul de seda y bordado, por la Real Escuela Costurera en su caso, el espectacular velo Meghan Markle ha recordado mucho al que Diana de Gales llevara en su enlace con el príncipe Charles, el 29 de julio de 1981. Frente a la sencillez del vestido, el velo se ha convertido en el absoluto protagonista. De cinco metros de largo y confeccionado con tul de seda, es en él donde sí están los esperados bordados florales.

Según ha revelado la Casa Real, Markle quería hacer una referencia a los 53 países que configuran la Commonwealth. Para ello, investigó junto a la diseñadora Waight Keller en la flora de estos territorios, para seleccionar una flora por país y configurar una suerte de guía botánica que ha sido bordada a mando en el delicado tul. A esas 53 flores, Meghan Markle quiso añadir dos más: la flor de macasar, que crece en los terrenos del Palacio de Kensington frente a Nottingham Cottage, y la amapola californiana, la flor del estado donde nació ella. En la parte delantera del velo, dos espigas de trigo simbolizan la caridad y el amor.

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Las joyas

Como en toda boda real, la obligatoria tiara es la única joya capaz de eclipsar al vestido de novia. La tiara Spencer que Diana de Galés lució en su boda con el príncipe Carlos el 29 de junio de 1981 era la principal candidata a convertirse también en la tiara de Meghan. Y aunque hubiera sido un bonito homenaje a la madre del príncipe Harry, finalmente la ahora Duquesa de Sussex ha sorprendido con una tiara que no se barajaba, un modelo bandeau con motivos geométricos en vez de los florales tradicionales. Esta joya de diamantes y platino perteneció a la Reina Mary y se creó en 1932, aunque el broche central data de 1893. 

También de diamantes son los pendientes Galanterie y el brazalete Reflection, todo de oro blanco y de la colección Alta Joyería de Cartier de Alta Joyería con los que Meghan Markle ha acompañado su anillo de compromiso, diseñado por el propio Harry. Elaborado en oro amarillo, esta joya tiene tres diamantes engastados: uno central procedente de Botsuana, y dos laterales, más pequeños, que pertenecieron a Diana de Gales. Para dar forma a este anillo tan especial, el príncipe Harry confió en la casa joyera inglesa Cleave and Company, la misma que ha elaborado las alianzas de los novios: en Oro Galés y creado a partir de una pepita regalado por Su Majestad la Reina para Meghan, y en platino con relieve para Harry.

Una tradición que Meghan Markle ha decidido saltarse con sus joyas es la de elegir un zafiro como ese "algo azul" del clásico mantra que siguen muchas novias ("algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul"). La reina Victoria inauguró esta costumbre con el broche que el príncipe Alberto le regaló en su boda, en 1840. Pero la ya Duquesa de Sussex ha vuelto a demostrar que hace las cosas a su propio modo, y el zafiro no ha entrado en su joyero nupcial.

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Los zapatos

Toda apuntaba a que los zapatos serían diseño de Manolo Blahnik, su firma preferida en los últimos actos oficiales, o Aquazzura, como los que eligió en su primera aparición oficial tras el anuncio del compromiso. Sin embargo, el origen español de la primera firma e italiana de la segunda restaban puntos en una boda en la que la recomendación era vestir de diseñadores ingleses. Finalmente, Meghan Markle ha caminado hasta el altar con unos stilettos de seda satinada de Givenchy, que, aunque se trate de una firma francesa, sí está dirigida actualmente por la inglesa Clare Waight Keller. 

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El ramo

Elaborado con flores de primavera que, según ha revelado la Casa Real, el príncipe Harry recogió personalmente en el jardín del Palacio de Kensington, el ramo de la novia es un bonito homenaje a Diana de Gales, ya que incluye Nomeolvides, las que fueran sus flores preferidas. La florista Philippa Craddock ha diseñado este pequeño ramo de lirios del valle, astilbe, jazmín. astrantia y guisante perfumado, que sí ha seguido una tradición: añadir ramitas de mirto, símbolo de pureza y fidelidad. Estas ramitas pertenecen a plantas que crecen en la Casa Osborne House de la Isla de Wight desde 1845, cuando la reina Victoria las plantó, y también a un brote cultivado a partir del ramo nupcial de la Reina Isabel II. De esta forma, Meghan Markle no solo se suma a una tradición que inició en 1858 la princesa Victoria, la hija mayor de la reina Victoria, sino que homenajea a la abuela de su esposo, además de a Diana de Gales.

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