¡Harry y Meghan ya se han casado! Una ceremonia religiosa que ha hecho historia

El nieto de la reina Isabel II y la actriz americana, convertida ya en Alteza Real, han protagonizado un 'sí, quiero' a su medida

by S. Acosta

Siete años después la imagen se repite. A las 11:35, con hora y puntualidad británica, de este histórico 19 de mayo de 2018, los príncipes Guillermo y Harry de Inglaterra han hecho su entrada en la Capilla de San Jorge del Castillo Windsor. Hermanos, amigos y confidentes; esta vez ha sido el carismático Harry el que llegaba al altar en el papel de novio, mientras que su hermano mayor ejercía de “best man”. Juntos han pasado esos instantes eternos en los que tanto ellos, como los 600 invitados a la iglesia y los dos mil millones de personas que han seguido la ceremonia por televisión esperaban la llegada de la novia del año: Meghan Markle.

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Los hijos de Carlos de Inglaterra y Diana de Gales, segundo y sexto en la línea de sucesión al trono británico, han sido recibidos por el deán de Windsor, el reverendo David Conner y por Justin Welby, arzobispo de Canterbury y líder espiritual de la Iglesia anglicana, quien además se encargó de bautizar a la novia el pasado febrero y que igual que Harry estudió en el cercano Eton College. Minutos después la atención se traslada, llega la invitada más importante por el Porche de Galileo, la entrada reservada para la Famlia Real: la Reina de Inglaterra. Jefe del Estado, cabeza de la Iglesia y una orgullosa abuela que en su consentimiento oficial para esta boda se refirió a Harry como su “más querido y apreciado nieto”.  Ahora sí, con Isabel II y el duque de Edimburgo en el templo, solo falta Meghan Markle, que no ha hecho esperar ni a la soberana ni al novio. Los Trompeteros del Estado de la Household Calvary -un cuerpo compuesto por los dos regimientos de más antigüedad del Ejército Británico- anuncian su llegada.

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Una novia atípica con un "padrino" de excepción

Meghan Markle ha cruzado el arco de la la Capilla de San Jorge sola, demostrando una vez más que no es una novia típica. Al menos en su rostro no hay señal del complicado y reciente momento vivido en torno a su padre, ausente finalmente en esta ceremonia. Los primeros metros de la nave los ha recorrido sola, pero antes de llegar al altar le esperaba un "padrino" de excepción, su futuro suegro, Carlos de Inglaterra, Príncipe de Gales y Heredero a la Corona británica. La emoción se desborda. Aunque por distintas circunstancias tanto Harry como Meghan saben lo que se siente al no contar con todos sus seres queridos en el día de su boda. Sin embargo, tanto el príncipe Carlos como Doria Ragland -una madre a medio camino entre una "dama de honor" y una "hada madrina" que no ha podido reprimir las lágrimas al ver a su hija y que fiel a su estilo ha ido a la ceremonia con su piercing- multiplican sus papeles en el día de hoy para rodear a los novios. 

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El 'sí, quiero' o el 'I, will', a medio de camino entre  la tradición y la vanguardia

Después de que sonara el himno de Jan Struther, Señor de toda la esperanza, y de que Harry descubriera el rostro de Meghan apartando suavemente el velo, dejando ver también la espectacular tiara 'bandeau' de diamantes que perteneció a la reina Mary, el Arzobispo ha comenzado con las declaraciones de consentimiento que datan de 1662. Harry y Meghan se han comprometido a amarse, consolarse, honrarse y protegerse el uno al otro por el resto de su vida con un sonoro “I, will” (“sí, quiero”). En el caso de Harry, tras el "I, will" se le ha escapado una risa nerviosa.

Como cabía de espera, el voto de obediencia ha quedado fuera de la lectura, tal y como la princesa Diana hizo en su enlace con el príncipe Carlos. Ella fue la primera y ese gesto, después de que la propia Isabel II hubiera hecho esa promesa ante el Duque de Edimburgo, fue muy comentado. No todas las novias de la Casa Windsor siguieron sus pasos, pero tanto Kate como Meghan lo han hecho.

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La presencia de Diana

Uno de los momentos más emotivos de la ceremonia ha sido cuando Lady Jane Fellowes, hermana de la Diana de Gales, ha tomado la palabra. La baronesa Fellowes, que fue la primera en enterarse del accidente que le costó la vida a Diana, la que acompañó sus restos desde París a Londres y la que también leyó un poema durante su entierro, ha representado desde el altar a la familia Spencer y ha ayudado a los novios a cumplir su deseo: hacer que el recuerdo de Diana de Gales esté hoy más vivo que nunca.

“El invierno ha pasado, las lluvias han cesado, las flores brotan en la tierra, ha llegado el tiempo de cantar….”, ha dicho la tía materna de Harry. Un extracto del Cantar de Salomón con el que ha invitado a su sobrino a comenzar con ilusión esta nueva etapa. “El amor es fuerte como la muerte, la pasión feroz como la tumba. Sus destellos son destellos de fuego, una llama furiosa. Muchas aguas no pueden apagar el amor, tampoco las inundaciones pueden ahogarlo”. En este momento la Boda Real, también la boda de un chico que perdió a su madre con doce años, se ha convertido en un homenaje a la Princesa de Gales. 

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Tras la baronesa Fellowes ha llegado uno de los guiños a Estados Unidos del día. Ha sido el obispo Michael Bruce Curry, de Chicago, Illinois, el que ha subido al púlpito para pronunciar un sermón durante el que Harry y Meghan no se han soltado las manos. Un gesto de cariño que resultó novedoso en la primera aparición de la pareja en Toronto -los miembros de la realeza no suelen mostrarse así en público- pero que ya es toda una seña de la pareja. La guinda la ha puesto el "Coro del Reino", fundado y dirigido por Karen Gibson, un grupo de góspel cristiano del sureste de Inglaterra que ha hecho que el Stand by Me de Ben E. King emocionara a muchos de los invitados.

Oro galés para ella, platino para él

El punto de vanguardia y cercanía se ha puesto con la decisión de los novios de usar el nombre de pila. Nada de Henry Charles Albert David ni de Rachel Meghan, hoy y como siempre, han sido Harry y Meghan, también cuando han pronunciando sus votos. “Yo Harry, te tomo a ti Meghan, como mi esposa de aquí en adelante, en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, en la enfermedad y en la salud, para amarte y cuidarte hasta que la muerte nos separe”. Un voto que Meghan ha repetido al milímetro y con la misma fuerza con la que se descubrió ante el mundo en la entrevista que dieron con motivo de su compromiso.

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Tras los votos, el príncipe Guillermo ha entregado al Arzobispo las alianzas para su bendición. El anillo de Meghan, hecho con una pieza de oro galés regalo de la Reina, mientras que Harry, totalmente innovador, ha elegido una alianza de platino de acabado texturizado. Vanguardista en el diseño y en la decisión de llevarla, ya que ni su hermano ni su abuelo llevan alianza. Este era otro de los secretos mejor guardados y solo se ha desvelado minutos antes de la ceremonia. 

El Príncipe ha deslizado el anillo en la dedo de Meghan y ella, a punto de convertirse en Alteza Real repite el gesto.  “Harry te doy este anillo como una señal  de nuestro matrimonio. Con mi cuerpo, te honro, todo lo que soy te doy, y todo lo que tengo lo comparto contigo, dentro del amor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo”, ha dicho la novia. Lejos quedan esas pulseras de bolitas negras, azules y blancas por las que se descubrió su amor en el otoño de 2016. “Yo os declaro marido y mujer”, dice el Arzobispo antes de juntar sus manos.

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Siguiendo la tradición en los matrimonios reales, la actriz nacida en Los Ángeles que a las doce entraba en la Capilla de San Jorge como Ms. Meghan Markle ha salido del brazo de príncipe Harry como duquesa de Sussex y Alteza Real. En el exterior, concretamente en el conocido como Claustro de la Herradura les esperaban esos invitados anónimos con los que la pareja ha querido contar en su gran día. ¡El beso! ¡El beso! El primer beso tampoco ha decepcionado. 

 

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