La estrepitosa caída de Elizabeth Holmes, la multimillonaria más prometedora de Silicon Valley

La joven empresaria Elizabeth Holmes se planteó revolucionar la medicina con un dispositivo desarrollado por ella que permitía detectar casi cualquier enfermedad de una forma sencilla y económica. La promesa de Theranos -nombre de la compañía que fundó- era muy práctica, el aparato extraía una gota de sangre de la yema del dedo del paciente -muy parecido a lo que hacen los diabéticos para controlar la insulina- y luego la muestra se enviaba a un laboratorio que arrojaría los resultados en tan solo 24 horas.

Este sistema era una excelente alternativa para aquellas personas que no están aseguradas y para quienes le temen a las agujas. Su propuesta sonaba muy bien hasta que el Wall Street Journal publicó en 2015 varios reportajes sobre el tema en donde se aseguraba que los análisis no eran tan precisos como aseguraba la joven promesa de Silicon Valley y que presentaba fallos en el diagnóstico. Frente a esto, varias agencias federales empezaron a investigar a la compañía, entre ellas, la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés), que la acusa de haber engañado a sus inversores, que habían destinado más de 700 millones de dólares a la empresa.

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Según la SEC, los engaños de Theranos no solo hacían referencia a la tecnología empleada, también señalaba que sus productos habían sido empleados por el ejército de Estados Unidos en Afganistán. Lo que más llama la atención es que Henry Kissinger, exsecretario de Estado, es uno de los mayores inversores de la compañía de Holmes a quien no le hubiera resultado difícil averiguar si esa información era verídica o no. Tal vez el carisma de Elizabeth jugó un papel fundamental.

En 2003, la joven fundó Theranos con tan solo 19 años. Dejó sus estudios en la prestigiosa Universidad de Stanford para dedicarse de lleno a su sueño empresarial e investigar, en un sótano de Palo Alto, en la tecnología que desarrollaría. Diez años más tarde, su empresa estaba valorada en  9.000 millones de dólares y tenía una de las mayores fortunas de Estados Unidos. Gracias a esto, mucha gente la veía como la "sucesora de Steve Jobs". Además, casi siempre vestía con un suéter negro de cuello alto, lo que la hacía más parecida a él. Pero su sueño ahora se desvanece. La SEC concluyó que tanto Holmes como el expresidente de Theranos, Ramesh 'Sunny' Balwani, "hicieron una serie de declaraciones falsas y engañosas", tal y como reseña la BBC, en muestras de productos, presentaciones a inversores y en entrevistas concedidas a medios de comunicación.

Asimismo, se niega que el Departamento de Defensa del país empleara su tecnología en Afganistán ni en ningún otro país. Según The New York Times, la Comisión del Mercado de Valores también concluye, que "la mayor parte de las pruebas que realizaba (Theranos) se realizaban con equipos tradicionales fabricados por otras empresas". Esto quiere decir que las ganancias de la compañía eran otro engaño, ya que tenía que subcontratar servicios no precisamente baratos. Así, en lugar de los 100 millones de dólares que aseguró haber ganado en 2014, solo habría ingresado 100.000 dólares.

Jina Choi, directora de la oficina regional de la SEC en San Francisco, señaló que la sanción que Holmes y Theranos han recibido "es una importante lección para Silicon Valley". Dejando a un lado los 500 mil dólares que Holmes deberá pagar, lo que más la perjudica es la condena laboral: no podrá trabajar en ninguna empresa que cotice en bolsa -ni en un cargo directivo ni como empleada- en los próximos diez años. Holmes no se ha pronunciado al respecto, pero la compañía sí lo hizo a través de un comunicado donde sorprendentemente señalan que están "contentos por cerrar este asunto" y que esperan "avanzar en su tecnología".

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